lunes, 14 de enero de 2013

La balada de Roca Vieja

La balada de Roca Vieja.
 
 


La memoria de los muertos reposa en el fondo de una botella,

En cuanto el barman lo vio aparecer fue de inmediato en busca del enorme garrote que escondía bajo la barra para las visitas no deseadas. Un tipo calvo con una barba negra poco poblada que hacia comentarios jocosos junto a sus amigos le hizo una seña para que se detuviera.-Déjalo entrar, saca una botella de whisky, nos divertiremos un rato.-El camarero no pareció estar muy de acuerdo pero quien paga manda y aquellos sujetos se estaban gastando un buen dinero en el local. El calvo le hizo una señal y el recién llegado se acercó tambaleándose, su ropa estaba raída, prácticamente eran unos harapos pestilentes como el que los vestía. La piltrafa humana llego junto al grupo de hombres, su pulso temblaba y su mirada estaba como ausente, señales inequívocas que delataban un alcoholismo muy avanzado. Eran cuatro, el de la barba, otro con cara de malas pulgas que vestía como un matón, un tercero con pinta de tendero y por ultimo aquel extraño forastero que acababan de conocer, un tipo de casi dos metros, moreno y con claros rasgos mestizos.-Sentémonos en una mesa, ven Orcanario tengo ganas de escuchar tu historia.- El calvo cogió la botella y los demás sus respectivos vasos y se acomodaron en las sillas. El borracho no podía apartar la mirada del licor y empezó a sudar nervioso, su pulso y sus latidos estaban desbocados, todos lo notaron y reían, todos menos el forastero.-Ya os lo he relatado muchas veces y siempre os burláis de mí o acabáis pegándome, sois crueles, unos cabrones malnacidos.-Todos salvo el mestizo se carcajeaban de aquel infeliz que temblaba incapaz de apartar la mirada de la botella.-Nuestro nuevo amigo no la conoce, tenemos mucho tiempo y mucho whisky, no escatimes detalles.-El calvo le sirvió una copa a Orcanario y este se abalanzo como un rayo haciéndolo desaparecer por su gaznate de un solo trago. Le llenaron el vaso.-Cuéntanos lo que según tú paso en Roca Vieja, dices que estuviste allí. ¿No es cierto? Le impidió que cogiese el vaso.-Sin historia no hay whisky, borracho de los demonios.-Todo paso hace mucho tiempo…-La mente de Orcanario se perdió en viejos recuerdos y las imágenes de 20 años atrás regresaron a su memoria, dolorosas, cortantes cuchillas que hacían pedazos la autoestima de aquel pobre diablo. Ahora era de nuevo aquel muchacho inocente e inexperto que creía que la información era un derecho no sujeto a la manipulación del poder, solo llevaba unos pocos meses trabajando para el periódico local pero ya había escrito algunos artículos en los que denunciaba tibiamente los abusos que se cometían en Pueblo Secreto. Cuando el director del diario, un tal Yoquese, (curioso nombre para alguien que se dedica a la información) lo llamo a su despacho le vendió aquello como una gran oportunidad para promocionarse y el mordió el anzuelo como un pobre besugo. Una partida de sanguinarios pies sucios habían arrasado un pacifico pueblo de Muermones y debía dirigirse a las lejanas tierras del sur, a los antiguos territorios de los ahorapajotes a cubrir la noticia. Mas tarde comprendió que todo era una treta para desembarazarse de él, que el periódico, como casi todo en Pueblo secreto pertenecía a la corrupta oligarquía de los guías y que Yoquese albergaba la secreta esperanza de que jamás regresaria de su viaje. Pero él preparo sus cosas ilusionado, compro un caballo y una mula para transportar todo lo necesario para el largo viaje con los 50 rays que le habían proporcionado en concepto de gastos y dietas y se puso en camino al día siguiente. Era un pésimo jinete y jamás se había alejado demasiado de la ciudad por lo que al segundo día tenia las posaderas destrozadas y el estomago resentido de comer legumbres mal cocinadas y cecina seca. Le quedaban aun cientos de millas por recorrer, muchos mas días de viaje, su ilusión inicial se había desvanecido y tan solo se preocupaba de su dolorido trasero. Por suerte a la cuarta jornada se topo con otro viajero que casualmente se dirigía también al sur, un individuo extraño que vestía totalmente de negro y ocultaba su rostro bajo una capucha y del que tan solo podían apreciarse unos ojos que transmitían una extraña congoja. –Por un momento me recordaste a alguien.- El peculiar viajero no lo miro siquiera, se limito a responder que eso era algo que por algún motivo le solía pasar pero que sin ninguna duda él no era quien Orcanario pensaba. Claro que no lo era, aquel quien le vino a la mente murió hacia tiempo.-Mi nombre es Orcanario, soy periodista y me dirijo a Santa Catalina, por lo visto los pies sucios han arrasado el lugar.-Su acompañante seguía con su actitud lacónica.-Desconozco la noticia, ni siquiera se porque me dirijo al sur, solo tengo claro que quiero alejarme lo máximo posible de Pueblo Secreto.-Ahora si lo miro de frente, a Orcanario se le helo la sangre al ver sus ojos sin saber el motivo.-Me llamo Seconfundeyonosoy, pero puedes llamarme Secon.-
Tres semanas mas tarde llegaron juntos a Santa Catalina, una compañía de rangers ya estaba allí. Secon los miro con desconfianza pero el joven periodista se sintió mas seguro teniéndolos cerca. Un teniente les Salió al paso y les puso en antecedentes. –Los pies sucios perpetraron una autentica carnicería, estas pobres gentes estaban indefensos ante esos salvajes. Pero les seguimos la pista de cerca, pagaran por todos sus aberrantes crímenes.-El oficial era un tipo engreído, un estirado de academia al que se le notaba demasiado su inexperiencia y que se comportaba con fingida autosuficiencia. Los testimonios eran aterradores, los pies sucios los sorprendieron en la iglesia, los encerraron en el interior e incendiaron el templo. A todos los que conseguían salir de aquel infierno los acuchillaban, aquellas gentes eran agricultores, ni siquiera tenían armas para defenderse. ¿Qué podían estar buscando aquellos salvajes allí?-¿Buscar?-Pregunto indignado uno de los supervivientes.-Esos salvajes solo buscan la sangre, matan por placer, son animales sin alma, espero que los rangers les proporcionen una muerte lenta y dolorosa. Aquella era la gran pregunta. ¿Qué fueron a buscar allí los pies sucios? Pasaron junto al nuevo granero, que los muermones junto con los soldados estaban apunto de acabar, ninguno de los otros edificios arrasados había sido restaurado. Se dirijieron a las afueras, hacia los campos, podía apreciarse que también los habían quemado. Un ranger le corto el paso.-No se puede pasar a partir de este punto, circule.-Orcanario se giro hacia Secon para refunfuñar a regañadientes pero ya no estaba a su lado, ni se había dado cuenta de ello hasta ese momento. El periodista regreso al pueblo en busca de mas testimonios cuando el hombre de negro le salió al paso, llevaba un brote en una mano.-Sabes que es esto?-Indago Secon. Como no lo iba a saber, también él había tenido sus flirteos con la droga amarilla, perdió durante un mes el concepto de la realidad, hasta el punto de no tener clara ni siquiera su sexualidad, asustado decidió no probarla nunca mas.-Esto es un granero de la corporación, parece que los muermones no son tan inocentes como aparentan.-Orcanario increpo a Secon.-La droga amarilla es legal, cada cual es libre de consumirla o no. -¿Nunca te has preguntado el motivo por el que la corporación la monopoliza?-La formulación de Secon lo dejo perplejo, pero todo aquello no tenia sentido. ¿Por qué los pies sucios quemaron aquella plantación? Aquellos salvajes tenían fama de disfrutar incendiándolo todo, ¿pero porque un objetivo tan preciso como aquel? Como adivinando las tribulaciones del periodista Secon respondió a las preguntas que Orcanario se hacia mentalmente.-Buscan golpear a la corporación donde mas le duele.
Al día siguiente el hombre de negro se despidió y yo decidí unirme a los soldados en su persecución, seria una exclusiva formidable si estaba presente en el momento que les dieran caza. Era una compañía de 50 rangers comandados por un teniente llamado Residual, su mano derecha una alférez bajita y rechoncha que no se despegaba de el en ningún momento. Ambos serian protagonistas principales de lo que acontecería un año mas tarde.-Alferez analfataya de la orden de ponerse en marcha, sargento ANALogico_Dick ocúpese de la vanguardia. ¡En maaaaarchaaa!
A medida que trascurrían las jornadas la negligencia y la ineptitud tanto de Residual como de Analfataya se hacían mas manifiestas, los pies sucios parecían burlarse de nosotros y en aquel juego del ratón y el gato cada vez tenia menos claro cual era nuestro verdadero papel. ANALogico_Dick, el suboficial, parecía ser el único que sabia lo que hacia, pero sus constantes quejas y recomendaciones a las ordenes de los oficiales no solo caían en saco roto si no que además le granjearon la animadversión de estos. Perdíamos una y otra vez el rastro de los salvajes, acampábamos en lugares perfectos para una emboscada, arriesgaban de manera absurda la vida de sus subordinados mandándolos en patrullas de reconocimiento sin ningún sentido, creo que solo las acertadas intervenciones del sargento y una grandísima suerte nos salvaron del desastre.
El tipo con pinta de tendero arranco de un manotazo el vaso de las manos de Orcanario que se estrello contra el suelo, erguido y con el puño amenazante empezó a gritarle indignado al borracho.
-¡Estas escupiendo en la memoria de dos de nuestros héroes mas estimados! ¿Cómo puedes vomitar semejantes calumnias? Debería arrancarte la cabeza de un puñetazo.
El borracho miro el vaso roto y el contenido derramado mientras se protegía con los brazos la cabeza temeroso de la ira de sus acompañantes.
-¿Porque me atormentáis obligándome a recordar si no creéis una sola de mis palabras? A nadie le importa lo que yo diga, pero una y otra vez hurgáis en mi herida para regodearos de mi desgracia. ¿Por qué habría de seguir contando nada?
-Por whisky, lo harás por whisky.-Le respondió el calvo de barba.-Tu por licor te acostarías con tu propia madre en su tumba, borracho repugnante.-Se sirvió un vaso y lo degusto lentamente mientras miraba la expresión ansiosa de Orcanario. El mestizo acerco su vaso al pobre despojo humano, no lo había tocado y seguía lleno.
-Yo quiero saber como sigue su historia.
El borracho dejo de protegerse y se lanzo a por la bebida, pero se topo con los ojos del forastero, se asusto muchísimo ante aquella mirada fría y penetrante. Aparto su mano del whisky y prosiguió con su relato.
Aquellos dos eran unos auténticos inútiles en lo referente a la guerra, pero muy duchos en conspiraciones y traiciones. ANALogico se arriesgaba a un consejo de guerra cada vez que discutía sus ordenes, pero el no cesaba de dejarlos en evidencia una y otra vez, por si fuera poco se estaba ganando las simpatías de la tropa, la naturaleza de aquellas dos víboras era recelosa y empezaron a sospechar que el supuesto sargento chusquero ocultaba algo, algo que no les haría ningún bien.
Una noche Analfataya se acercó al ANALogico mientras hacia su ronda de guardia, era una mujer pequeña y rechoncha, poco agraciada, pero era la única del grupo y ya llevábamos muchos días deambulando por el desierto, imagino pensó que seria fácil seducirlo. El sargento se resistió en un principio a los supuestos encantos de la alférez, pero acabada su guardia sucumbió a las caricias de ella. Se desnudaron e hicieron el amor en un lugar apartado, Analfataya ya había probado a la mitad de la compañía pero el sargento también se sentía solo y prefirió no pensar demasiado en ello. Mientras tanto Residual registro sus pertenencias y por fin encontró lo que buscaba. Se sintió pletórico, sus sospechas eran fundadas,encontro los documentos que lo demostraban,aquel cabrón pertenecía al servicio secreto y lo había mandado a espiarle su propio tío el general Arturo. No podía permitir que diese un informe desfavorable de la campaña y lo dejase en ridículo, tenía muchas esperanzas en aquella misión que le podía abrir las puertas de un importante ascenso y aquel mindundi no lo impediría.
-¡Basta, no seguiré escuchando tamaña sarta de embustes!-El tendero se levanto y arrojo un par de rays sobre la mesa.-Ahí tenéis mi parte, me largo donde el hedor de ese mentiroso no me revuelva las tripas.
El barbudo esbozo una sonrisa cínica, el matón no había gesticulado ni una sola vez, es como si aquella historia le trajera sin cuidado, estaba mas pendiente del mestizo que de cualquier otra cosa. El forastero no era ajeno al interés que despertaba en su compañero pero hacia ver que no se daba cuenta de ello. Hizo una seña a Orcanario.
-Refréscate el gaznate, intuyó que tu historia nos ocupara mucho tiempo.
El whisky desapareció por su garganta en un pestañeo, el mestizo le sirvió otro pero Orcanario no se lanzo sobre el como en las otras ocasiones.
Dos días mas tarde tuvimos un golpe de suerte, pasemos por un pequeño pueblo para abastecernos de provisiones y alguien nos informo de la presencia de un pies sucios que se encontraba en el burdel. Allí lo sorprendieron, con los calzones bajados, en compañía de dos fulanas y hasta las cejas de droga amarilla. En esas condiciones fue muy fácil reducirlo. Era un autentico superviviente, su cuerpo estaba lleno de cicatrices causadas sin ninguna duda por torturas y aunque aun conservaba parte de su majestuosidad del pasado, la edad y la droga lo habían consumido. Se llamaba Chito y efectivamente, para entusiasmo de todos, pertenecía a la partida rebelde. Torturarlo no sirvió de nada, y eso que Analfataya era toda una experta en ese arte, pero al tercer día sin droga amarilla sucumbió al síndrome de abstinencia. Estaba en nuestras manos. Descubrimos el lugar donde se escondían, un pequeño rancho en mitad de la nada, habían asesinado a los moradores y bautizado al lugar como EL Antro. También supimos que eran solo 12 mas y que los dirigía una mujer joven llamada Kaotika, esperaban un cargamento de armas de fuego así que deberíamos darnos prisa en dar con ellos si no queríamos que nos recibieran con algo mas que flechas. Entonces fue cuando Residual le dio la absurda orden a ANALogico de junto a otros 4 hombres regresar a la capital a dar la noticia anticipada de su triunfo. El sargento no pudo negarse, además estaba ansioso por entregar su informe, había llegado a odiar a aquellas dos sabandijas. Por culpa del síndrome de abstinencia, Chito el pies sucios no recordaba su traición ni apenas como había conseguido escapar de su cautiverio, la única información que mantenía intacta en su cabeza era el itinerario que recorrería aquella pequeña patrulla de nicks azules. El plan de Residual y Analfataya estaba saliendo a las mil maravillas. Los pies sucios les desembarazarían del molesto sargento mientras ellos los esperarían emboscados en su propio refugio.
-Estad atentos, esta es la parte que mas me gusta.-El calvo los obsequio con una amplia sonrisa que dejaba al descubierto el contraste de un diente de oro rodeado de una dentadura negra.

 



 
La malograda historia de Anarkito.
 
El pies sucios se planto en mitad del granero y lanzo un saco repleto de rays junto a las botas del comanchero.
-Esta todo, puedes contarlo. ¿Dónde están las armas?
-No es suficiente. –El traficante miro con desprecio al pies sucios. Al igual que Chito era uno de los pocos guerreros veteranos que habían sobrevivido a las guerras indias, nunca dejo de vengar el exterminio de su tribu, aun después de acabado el conflicto. Asesinaba a cualquier blanco que se cruzase en su camino y como el resto de los suyos disfrutaba incendiándolo todo. Era un ejemplar imponente de dos metros de altura y complexión fornida, una autentica maquina de matar cuya presencia intimidaría a cualquiera. Sin embargo el comanchero permanecía tranquilo.
-Ni siquiera lo has comprobado, indícame donde están las armas y acabemos con esto.
-Ya te he dicho que no es suficiente, indio piojoso, he decidido doblar el precio.
Demasiada autosuficiencia, pensó Anarkito, que así se llamaba el indio, ni siquiera va armado. Después de años de lucha en solitario hacia un par que cabalgaba junto a Kaotika, habiéndose convertido en su lugarteniente y hombre de confianza. En nadie mas hubiera depositado la carga de aquella misión tan importante como a la vez peligrosa. Kaotika y él mismo sabían que los traficantes no jugarían limpio.
Había un caballo al fondo del granero cargado con varias cajas, Anarkito empezó a sacar de forma pausada el enorme cuchillo que guardaba en el cinto a su espalda.
-Me llevare los rifles, están todos los rays, no habrá otro trato. Si sabes lo que te conviene te apartaras de mi camino.
-Es una pena no haber llegado a un acuerdo, con todo creo que me quedare con tus rays.
El comanchero miro al piso superior e hizo un gesto con la cabeza, era una señal, pero no ocurrió nada. Anarkito se acercaba a el lentamente. El traficante empezó a ponerse nervioso y miro hacia un rincón oscuro en el lado opuesto del granero. Hizo una señal de nuevo con idéntica respuesta, Anarkito ya estaba prácticamente a su lado, una ultima suplicante mirada al piso superior en otro extremo, un brazo colgaba y de el goteaba abundante sangre. Anarkito ya estaba frente a el, le sacaba varios palmos de altura.
-Creo que yo me quedare con tus rifles.
Lo ojos del traficante se le salían de las orbitas a causa del horror. Era un lugar solitario por lo que nadie escucho sus gritos de dolor. Su agonía solo duro un par de minutos pero es seguro le parecerían una eternidad mayor que la que poco después alcanzo. Anarkito salió de allí con 5 caballos 20 rifles, unos 40 revólveres y munición suficiente para comenzar una guerra. A los pies sucios no les interesaban los rays así que allí quedo el saco abarrotado de ellos, los habían robado durante sus incursiones, conscientes de que los necesitarían para comprar armas. Habían mas del triple de lo que les habían pedido pero aquellos imbéciles decidieron hacer trampas, ahora criaban malvas y su líder colgaba desollado de una traviesa. El granero ardia por los cuatro costados.
En su camino de regreso se cruzo con un minúsculo rancho, de su interior salió un anciano que le sonreía con sus encías huérfanas de dientes.
-Tiene muchos caballos.-El anciano se fijo sin ningún disimulo en el que estaba cargado con las cajas.-Quizás podamos hacer un intercambio.-El pies sucio miro la derruida cabaña y las estériles tierras que la rodeaban.
-¿Qué podrías tener tu de valor en un lugar como este viejo?-El anciano lo miraba divertido, se giro hacia la puerta de su chabola y dio un grito.
-¡karmetaaa, prepara un cubierto mas, tenemos invitados!-Miro de nuevo al enorme jinete.-¿Tendrá hambre? El desierto es agotador, háganos el honor de aceptar nuestra hospitalidad y un poco de nuestro pan.-Estuvo a punto de rehusar pero entonces asomo la tal Karmeta, era una mujer preciosa así que lo reconsidero.
Solo unas alubias mal cocidas, pan duro y un trozo de carne que no olia demasiado bien, pero le sentó espléndidamente, además para su sorpresa resulto que aquel espantajo de viejo no tenia una hija si no dos, a cual mas hermosa. El viejo sabia que las dos jóvenes habían captado la atención del guerreo y lo soltó a bocajarro.
-¿Te gustan mis dos yeguas? Las cambio por dos de tus caballos.
Al pobre Anarkito le pudo la lujuria. ¿Cómo le explicaría a Kaotika tan absurda adquisición? Pero es que tanto Karmeta como su hermana menor Dulcineaxx tenían unos traseros apabullantes, capaces de hacer perder el ceño al mas frio de los hombres.
Cabalgaba junto a Karmeta, dulcineaxx lo hacia a su espalda. Hablaba tan relajadamente con la mayor que ni se percato de como Dulcineaxx extraía de su cinto su propio cuchillo. Le falto el aliento y todo se volvió negro a los pocos segundos. Se había dejado cortar el cuello de la manera mas estúpida.
-¿Por qué nos cuentas todo esto?¿Que nos importa ese asqueroso indio? Cada vez añades mas basura a tu puñetero relato.
El tipo calvo empezaba a estar borracho, estaba impaciente por llegar al punto en que Residual y Analfataya se veían las caras con Kaotika, como ya había remarcado, esa era su parte favorita de toda la historia.
-Todo tiene que ver.-Se explico Orcanario.-Con esto quiero explicar el porqué nunca llegaron las armas a manos de los pies sucios y como eso influyo decisivamente en su derrota.
-Esta bien.-El calvo soltó un enorme eructo.-Da tantos rodeos como te apetezca, así cuando regrese a casa mi mujer ya estará dormida y no tendré que aguantarla.-Rio a carcajadas.
-¿Como puedes saber todo eso?- Indago el mestizo.
-Llegue a conocer a las dos hermanas. Ellas me hablaron de un encuentro con un indio, mas tarde fui descubriendo mas cosas sobre lo acontecido y no me fue difícil atar cabos. - El forastero parecía satisfecho por la respuesta y lo invito a continuar.
Ajenos a todo esto, Kaotika y los suyos habían sorprendido a la pequeña patrulla de ANALogico y la habían masacrado sin dificultad sin darles tiempo a efectuar un solo disparo, al menos eso es lo que yo pensé en un principio. En su camino de regreso encontraron el cadáver de Anarkito y descubrieron el rancho del viejo poco después, no les fue difícil averiguar que el y sus hijas eran los responsables del crimen asi que torturaron hasta la muerte al viejo y lo quemaron todo, esperaron a Karmeta y Dulcineaxx pero estas no aparecieron por lo que salvaron la vida. Entonces decidieron que era el momento de regresar al Antro.
-¡Por fin! Ya era hora.-El calvo se puso eufórico, no estaba claro si por los efluvios del alcohol o si llegaba el ansiado momento del encuentro. El mestizo permanecía tremenda mente serio y el matón como todo el rato, impertérrito.
 




 
La herida que mas duele.
 
Esta vez las cosas se estaban desarrollando tal y como las había planeado Residual. Cuando lleguemos al Antro no había ni rastro de los pies sucios, todos habían salido al encuentro del desdichado sargento ANAL_ogico y su pequeño grupo. El teniente distribuyo a sus hombres alrededor del rancho en una trampa en forma de herradura, él mismo junto a Analfataya y otros cinco rangers esperarían pacientemente la llegada de los indios en el interior de la cabaña principal. La geografía del terreno era ideal para la emboscada, una vez los pies sucios entrasen por el único camino los soldados cerrarían el circulo haciendo imposible su huida. Mi imagen preconcebida de los pies sucios era la de unos salvajes sanguinarios que no merecían piedad alguna pero el hecho de que no tuviesen ninguna oportunidad me decepciono un poco. Aquello le restaba toda la épica a la noticia y la gloria a la batalla, yo como buen periodista me limitaría a relatar los hechos con fiel exactitud sin adornarlos con una sola coma de mas. Pero algo no salió como esperábamos.
Al día siguiente de nuestra llegada aparecieron las trece figuras, permanecían inmóviles fuera del alcance de los rifles, estaban demasiado lejos para que pudiera distinguirlos, mi posición como es natural estaba fuera del perímetro previsto para el combate, pero pude contarlos perfectamente. Los rangers permanecían ocultos, bien pertrechados, era imposible que los hubiesen podido ver. Residual empezaba a ponerse nervioso, había un silencio sepulcral.
Runflar, el segundo veterano del grupo no entendía porque Kaotika les había hecho detenerse. Todos estaban eufóricos por la victoria sobre los nicks azules y deseaban celebrarlo con una buena ingesta de agua de fuego.
-¿Qué es lo que pasa Kao?- Se animo a preguntar por fin.
Salvo Runflar y Chito, el resto del grupo eran muy jóvenes, al igual que la propia Kaotika durante las guerras indias no eran mas que unos niños.
-Demasiado silencio.-Le respondió tras un corto intervalo.- No han salido a recibirnos los coyotes. Algo no va bien.
Desde nuestros escondrijos vimos como dos jinetes se acercaban lentamente, Kaotica acompañada de Runflar había decidido investigar la situación, era joven pero resabiada la maldita salvaje. Claro esta que ninguno de nosotros sabíamos aún quienes eran los que se aproximaban, tan solo pensábamos que todo se iría al traste. En el mismo instante en el que entraron en la cabaña los encañonaron siete revólveres, Kao empuñaba un extraña hacha pero antes de que pudiera alzarla y emitir un solo grito cayo al suelo noqueada por un fuerte golpe en la cabeza. Su sorpresa habría sido mayúscula si hubiese podido percatarse que fue Runflar quien se lo propino.
-Puedo entregaros al resto si me prometéis que me dejareis marchar. Esta es Kaotika, la cabecilla, gracias a mi la habéis conseguido atrapar viva, espero lo tengáis en cuenta.- a Residual se le dibujo una enorme sonrisa en el rostro, pero era Analfataya la que parecía mas satisfecha con el giro que había dado la situación.
-Te prometo que te dejare partir si colaboras, tienes mi palabra de oficial.
Runflar hizo una señal para que se acercaran pero Chito los detuvo de nuevo. Todos lo miraron contrariados. Una especie descarga eléctrica había sacudido su cerebro, recordó vagamente lo ocurrido en aquel pueblo un par de días atrás, recordó como lo manipularon, recordó su traición. Se lanzo al galope aullando como un poseso cegado por los remordimientos, Kaotika estaba en peligro y era culpa suya. Los demás también lo siguieron sin entender lo que pasaba.
Tengo que reconocer que lo que paso a continuación me dejo boquiabierto, los once jinetes se metieron en la boca del lobo gritando como demonios, los recibió una lluvia de plomo pero parecían esquivar las balas, se parapetaban tras sus monturas y hacían todo tipo de cabriolas en lo que parecía un numero circense, se estaban acercando peligrosamente al rancho por lo que Residual y Analfataya decidieron salir por una puerta trasera hacia un cobertizo llevándose arrastras a Kaotika que seguía inconsciente, Runflar el traidor sabiéndose descubierto también los acompañaba. Un cabo dio la orden de disparar contra los caballos, los pies sucios rodaban por los suelos y se incorporaban ágilmente para seguir corriendo tras Chito hacia la cabaña. Por increíble que parezca Chito y otros seis consiguieron entrar. Vimos como dos de los rangers del interior intentaban inútilmente escapar por las ventanas, comprendimos que ninguno había conseguido sobrevivir.
Atrincherados en la cabaña y armados con los rifles de los soldados serian un hueso duro de roer, Residual y Analfataya seguían escondidos en el cobertizo contiguo sin atreverse a respirar siquiera. Los rangers esperaban órdenes y al no llegar fue el cabo el que tuvo que tomar la iniciativa.
El rancho parecía que se desplomaría en cualquier momento de tantos agujeros que tenia, el fuego contra los atrincherados era tan intenso que desde el interior de la cabaña apenas podían responder, tan solo unos pocos disparos muy aislados. La mitad de los rangers se acercaban corriendo en ziz-zag mientras el resto los cubrían con fuego a discreción. Cuando por fin entraron tan solo encontraron cadáveres, los habían acribillado. Me sorprendí al Sentir pena y admiración por los salvajes, finalmente si tendría mi relato épico, pero a mi modo de ver las cosas, la gloria se la llevarían los vencidos.
-Me estoy aburriendo, vamos de una vez a lo interesante, cuéntanos lo que paso con la india asquerosa.- El calvo se sirvió otro whisky, no hacia mas que refunfuñar. Orcanario quedo ausente unos segundos, los recuerdos lo atormentaban y la bebida no mitigaba su sufrimiento. El matón le acerco su whisky, él tampoco había tomado ni un solo sorbo en toda la velada.
- Lo necesitas, tomate tu tiempo.-Parece que por fin la historia había captado su atención. El mestizo lio un cigarro y se lo ofreció al borracho.
-¿Qué paso a continuación?-Orcanario miro al forastero suplicando que no lo obligara a hacerlo, no se sentía con fuerzas para proseguir. Le encendió el cigarro.-Debes seguir, eres periodista y tu obligación es informar.- Orcanario apuro el whisky e intento recomponerse.
-Lo que paso a continuación es lo mas horrible que he presenciado nunca. ¿En que nos diferenciamos de los salvajes? Nos autoproclamamos civilizados pero no necesitamos demasiadas escusas para sacar el animal que llevamos dentro.
-¡Al grano, maldita sea!- Ordeno de viva voz el calvo.

 



Todo había transcurrido muy deprisa, como en un sueño (mas bien una pesadilla) aunque lo peor estaba por venir. Abandone mi refugio y me acerque a la cabaña donde los soldados se iban reuniendo poco a poco. Mientras unos enterraban a sus cinco compañeros muertos otros comprobaban que ningún pies sucios siguiera con vida, clavaban sus bayonetas en el pecho de los caídos, pude ver horrorizado como varios rangers se dedicaban a arrancarles la cabellera, incluso uno ponía un gran esmero en contar las orejas de los cadáveres. Residual y Analfataya ya habían salido de su agujero trayendo consigo a la inconsciente Kaotika, la ataron a la rueda de un carro, la dejaron sentada con los brazos hacia arriba en forma de uve, las muñecas atadas a los radios de la rueda. Las piernas también abiertas, sujetas por los tobillos a sendas estacas clavadas en la tierra. Los soldados habían formado un semicírculo alrededor de la prisionera y la miraban burlones. Analfataya entro en la cabaña y reapareció portando un cubo, ordeno a los soldados miccionar en el interior. No podía dar crédito a lo que veía, fue pasando por cada uno de aquellos hombres que se bajaban los pantalones y orinaban sin ningún pudor. Residual rompió un trozo de tela del vestido de Kaotika, levanto la cabeza de la muchacha y pasándoselo por la frente le sujeto la cabeza a la rueda. Cuando le toco el turno al cabo que había dirigido el ataque se negó a hacerlo, Analfataya le clavo una mirada asesina pero este se limito a abandonar la fila. Yo apuntaba de forma frenética en mi bloc todo lo que acontecía, sorprendí a Residual mirándome de soslayo y sentí miedo. Cuando acabo la ronda el cubo estaba medio lleno de aguas menores, la alférez se dirigió a la cautiva y después de propinarle dos fuertes bofetadas le arrojo el inmundo contenido a la cara. La pies sucios empezó a recuperar el conocimiento, la ayudaron a ello unos cuantos despiadados golpes mas. Fue entonces cuando trajeron arrastras el cadáver de Chito, hasta ese momento no me había dado cuenta de que había participado en el combate y me pregunte que demonios hacia aquí, debería de estar a buen recaudo en el calabozo del sheriff de aquel mugriento pueblo donde lo encontremos, eso es al menos lo que me hicieron creer. Arrojaron el cuerpo a los pies de Kaotika, ahora aparecieron cuatro rangers que sujetaban por los brazos y arrastraban al traidor.
-Míralos bien zorra, estos son los hombres en los que confiabas.- Analfataya alzaba la voz para que todos los presentes pudiesen oírla, se asemejaba a una actriz recitando su papel en un teatro, sobreactuaba y gesticulaba con los brazos de forma pomposa.
-Estas son las ratas que te han traicionado.-Kaotika aun parecía conmocionada, miraba como podía a su alrededor sin acabar de entender lo que pasaba, al tener sujeta la cabeza tan solo podía ver hasta donde podía mover los ojos. Los suyos yacían inertes en el suelo, mutilados, masacrados. Los ecos del pasado regresaron a su mente, su poblado ardiendo, los cara de perro asesinando a mujeres y niños, guerreros que intentaban inútilmente de hacer frente a los mercenarios, la pila de cadáveres junto a los que amaneció al día siguiente. Todos murieron, igual que ahora. Analfataya al darse cuenta de que no le prestaba la debida atención le dio una tremenda patada en la cabeza que le provoco una enorme brecha en la cara, la salvaje era bastante alta por lo que aunque estaba sentada en el suelo a Analfataya, que era bajita, le costó levantar tanto la pierna y casi pierde el equilibrio.
Runflar gritaba pidiendo compasión, por el hedor que desprendía estoy seguro que se lo había hecho todo encima.
-¡Me lo prometiste, me diste tu palabra!
Residual ordeno que lo atasen por los pies a un caballo
-Te di mi palabra de oficial. ¿Dónde quedaría mi honor si no la cumpliera? Te prometí que te dejaría marchar y eso are. Le ataron las manos. Kaotika empezaba a comprender la situación y observaba con odio a Runflar que seguía llorando y gritando. Residual iba a dar la orden de encabritar al caballo cuando la alférez lo detuvo, quería hacer su pequeña aportación al espectáculo. Le bajo los calzones y ato un largo cordel de varios metros a sus genitales, luego sujeto el otro extremo al carro donde retenían a Kaotika. Los soldados reían la ocurrencia complacidos.
El caballo arranco al galope, Runflar cayo sobre sus espaldas, intentaba desesperadamente desatar el cordel, pero su cuerpo rebotaba sobre las piedras, se giraba, le era imposible realizar su deseo, finalmente la cuerda se tenso durante una centésima de segundo y voló en la dirección contraria a la que se dirigía el desafortunado traidor que soltó un desgarrador alarido.
-ya estamos por ti pequeña, no te preocupes, no nos olvidemos de ti.-Habían encendido un fuego y puesto a calentar varias barras de hierro. Analfataya se acercó a Kaotika con una navaja de afeitar en la mano, me pregunte para que necesitaba una mujer semejante utensilio. Rasgo las vestimentas de la muchacha, tiro de ellas dejándole marcas en la piel, la cautiva no había emitió ni un solo quejido. La dejo totalmente desnuda, era realmente bonita, con una piel mas blanca de lo que esperaba, unos senos pequeños redondos muy hermosos y su sexo…
-jajajajaja. ¡La india te la puso dura eh cabrón!-El calvo estaba disfrutando realmente de todo aquello. –¡Brindemos por la generosa alférez que premio a sus tropas con semejante visión!
Orcanario estaba sudoroso, su pulso temblaba de nuevo y su mirada no se apartaba del vaso vacío.
-Me gusta tu versión de los hechos.-El matón vertió mas whisky y Orcanario lo hizo desaparecer en un parpadeo.-Nunca he creído en esos personajes íntegros y nobles que nos venden en los libros, la condición humana es malvada por naturaleza, siempre he desconfiado de los héroes, de su abnegación, de su ética, y mucho mas si se trata de soldados. A mi me llaman mercenario, asesino a sueldo y no me ofendo, es lo que soy. ¿Pero acaso no es eso lo que es un soldado? Un buen soldado, un buen asesino debe ser una mala bestia y si no que se dedique ha formar en los desfiles con su bonito uniforme.
-¿Acaso crees una sola de las palabras de esta rata?- El calvo no parecía molesto por las palabras del otro tipo, mas bien se le notaba divertido por aquella novedad, siempre que el borracho contaba su historia los que lo escuchaban se enojaban enormemente. Tanto Residual como Analfataya eran dos figuras encumbradas en la historia mas reciente de Utherverse.
Orcanario intento alcanzar la botella, el mestizo se lo impidió.
-Continua.- Le ordeno.
En un principio pensé horrorizado que dejaría que la tropa violara a la salvaje, eso hubiese sido incluso piadoso en vistas de lo que ocurrió a continuación. La cabeza de Kaotika estaba orientada hacia el sol que estaba en su cenit, abrasador, sofocante, la muchacha cerraba los ojos para evitar su quemazón. Analfataya empezó a hacerle cortes con su navaja y a arrancarle grandes tiras de piel de hombros y pecho, pidió la trajeran sal que luego esparció sobre las heridas. La india apretaba los dientes soportando el dolor sin soltar un solo quejido lo que desesperaba a la sádica oficial, los soldados la vitoreaban cada una de sus salvajadas. Se me empezó a remover el estomago pero mi obligación era presenciar aquello para poder contarlo con pelos y señales. Entonces se acercó, comprobó que su cabeza estaba bien sujeta y…
-Necesito un trago, de verdad que lo necesito.
-¡Y también un baño!- El calvo rio a carcajadas. Estaba ebrio.
El mestizo se lo sirvió pero con la mirada lo invito a beber despacio.
…Entonces aquella animal le corto los parpados, un soldado le acerco uno de los hierros que ya estaba al rojo vivo. Cuando vi que aquella bestia dirigía su cuchilla a los pezones de la pies sucios no pude evitarlo, solo de pensar en lo que iba a ocurrir vomite. Me Salí de allí, busque aire pero ahora si empezaron los gritos de aquella pobre desgraciada, me tape los oídos pero era inútil, esos alaridos me han perseguido desde entonces. Como periodista fracase, como ser humano me siento asqueado y como hombre ya veis en lo que me he convertido.
Entonces vi al cabo que rondaba entre los indios muertos, me intrigo, además consiguió que me olvidase un poco de lo que ocurría a pocos metros. Me acerque, estaba examinando un rifle que encontró en el caballo de uno de los indios.-¿Tu eres periodista verdad?- Asentí.-Acércate y mira esto. Me enseño el fusil pero no vi nada extraño en el.-Es un fusil del ejército.-Me aclaro.- He encontrado cinco, pero no los han usado durante la refriega, eso me ha extrañado mucho hasta que les he echado un vistazo.-El cabo me apunto con el arma, casi me meo encima. ¿Qué coño pretendía ese loco?-Te aseguro que esta cargado.- Y después de decirme eso apretó del gatillo. Casi me da un infarto, pero no ocurrió nada, sonó un clic pero no hubo disparo.-El percutor ha sido saboteado, estas armas son totalmente inútiles.-No entendía a donde quería llegar el soldado. -¿De donde pueden haber sacado cinco rifles estos salvajes?-Me preguntó, pensé un poco, claro ahora empezaba a comprenderlo todo. Ahora entiendo porque el indio viejo estaba allí y entendí donde habían conseguido los rifles los pies sucios. Pero aún se me escapaba lo que pretendía decirme el cabo con lo de que habían saboteado los fusiles. –Tienes que contarlo todo.-Me dijo.-Yo no puedo declarar en contra de un oficial, me colgarían de una soga. No me ha sido difícil entenderlo, son las armas del sargento ANALogico y su patrulla, a alguien no le interesaba que llegase a Pueblo Secreto. ¿Tu a quien crees que puede ser?
Lo entendí por fin, y me cague de miedo, comprendí que me había convertido en un testigo incomodo y que aquellos dos miserables no dejarían ningún cabo suelto. Aprovechando que todos estaban entretenidos con aquel macabro espectáculo cogí un caballo y escape de allí, me hallaba ya a muchas millas del lugar pero aún me parecía escuchar los agónicos gritos de Kaotika.
Vague durante algunos días escondiéndome en cualquier agujero. Cuando el agotamiento me vencía cerraba los ojos pero las imágenes de Analfataya torturando a la salvaje se repetían una y otra vez impidiendo que conciliara el sueño. Temía que aquellos dos desalmados hubieran decidido que, al igual que el desdichado sargento ANALogico_Dick, yo era una molestia a eliminar. Finalmente decidí satisfacer los deseos de aquel cabo y regrese a Pueblo Secreto con la intención de contarlo todo. El despiadado comportamiento y la ineptitud de aquellos oficiales debía salir a la luz. Llegue dos semanas después del episodio en el Antro, al entrar en la redacción del periódico todos me miraban sorprendidos parecía que estuvieran viendo un fantasma.
 



Ciertamente mi estado era lamentable, estaba sucio y cansado pero había algo mas en sus miradas, algo que no acababa de comprender. Yoquese estaba sentado en su oficina repasando unos papeles mientras tomaba un café, imagine se trataba de los artículos previstos para la nueva edición. Se atraganto al verme y casi se derrama la taza por encima.
-Buenos días jefe, traigo mi articulo.-Puse sobre la mesa unas cuartillas sucias y borrosas en las que no se distinguían bien las letras. Leyó aquellos apuntes durante un rato, a medida que avanzaba en el relato sus ojos se habrían mas, ya parecían un par de huevos fritos, la vena de su frente también se había hinchado y parecía apunto de reventar, sudaba y su cabeza estaba roja como un tomate. Finalmente lo arrojo todo a la papelera, yo mire perplejo como mi trabajo era despreciado. Como única explicación me invito “cortésmente” a salir de allí y no regresar nunca mas. Me sentía abatido, de nuevo asqueado, ciertamente mi imagen debía de asemejarse mucho a la de un aparecido. Joel, un compañero con el que me unía cierta amistad, me acerco un ejemplar de hacia unos días.-Sal de aquí sin perder un segundo, ocúltate durante una buena temporada y ni se te ocurra acercarte a ningún otro periódico.-Agarre aquel ejemplar y me largue a toda prisa decidido a seguir el consejo de Joel.
Me acerque a casa para recoger algunas cosas, mi viaje y mi destierro serian largos. Al acercarme me percate de que la estaban vigilando, por suerte no ponían un gran interés en ello y no llegaron a descubrirme. Me aleje antes de que pudieran reparar en mi presencia, no tenia un solo ray, ni ropa ni mudas, tampoco provisiones. Pensé en alguien que me pudiese ayudar y tan solo me vino a la mente una persona. Justine regentaba el burdel, no era precisamente una mujer discreta pero tampoco tenía mucho mas donde elegir. Además su relación con los guías no era demasiado buena, estos habían intentado en muchas ocasiones extorsionarla para hacerse con las riendas de su negocio pero Justine era decidida y tozuda, cada vez que alguno de ellos aparecía por allí acababa volando literalmente por una ventana.
El problema con Justine es que era muchas cosas pero no generosa, me escondió en una habitación y empezó a comprar de forma disimulada todo lo necesario para un largo viaje a cambio le di las llaves de mi casa, ciertamente aquella mujer sabía aprovechar las oportunidades. Mientras yo pasaba el tiempo leyendo las últimas noticias que día a día me traía Justine. La “heroica gesta del valeroso teniente Residual” era el tema que estaba en boca de todos y cada vez se conocían mas detalles, se me revolvían las tripas. ¿Quién mierdas escribía toda aquella basura? ¿Cómo había contrastado su información? ¿Quiénes eran sus fuentes? La prensa al servicio de la verdad, independiente del poder, que estúpido me sentía tumbado en aquella cama mientras leía asombrado todas aquellas mentiras. Con que habilidad convirtieron aquel fiasco en una autentica epopeya digna del mismísimo Ulises. 11 Rangers caídos a cambio de 13 salvajes no es algo que se pudiera catalogar como un triunfo así que aquella poco mas de media docena de pies sucios se convirtió como por arte de magia en un centenar, el sargento pago con su vida y la de sus hombres su ineptitud, lo retrataban como un irresponsable temerario que incumpliendo ordenes había conducido a los suyos a una emboscada. Se relataba como gracias a la información conseguida por medio de un prisionero descubrieron el escondite de los pieles rojas, como los esperaron en su propia guarida y como las hábiles tácticas y el arrojo de Residual y Analfataya habían llevado a los rangers, estando en una amplia desventaja numérica, a una aplastante victoria sin tener ni una sola baja mas. También se hacia referencia al despiadado comportamiento que tuvieron los salvajes con la patrulla del sargento. Algo no me cuadraba. ¿Once bajas? ANALogico y su patrulla sumaban cinco y en el Antro cayeron cinco mas. Me entristecí tremendamente al comprenderlo, el único hombre honesto dentro de aquel grupo de buitres no lo había conseguido, Residual no había dejado ningún “cabo” suelto. Pase tres días encerrado en aquel cuartucho escuchando los gemidos de las habitaciones contiguas, tan solo trataba con Justine que me traía la prensa y la comida, no podía confiar en nadie mas, estaba completamente en sus manos. Por suerte a la que tildaban de ramera resulto ser una mujer mucho mas integra que otros que se las dan de ejemplares ciudadanos. Salí a hurtadillas oculto bajo el manto oscuro de la noche con un caballo y una mula cargando todo lo necesario para un largo viaje. Las áridas tierras del sur serian el mejor escondite, no me atraía la idea de regresar cerca del lugar donde caí en desgracia `pero era lo mas apartado de la civilización y por lo tanto del brazo represivo de los guías, pero sobre todo quería estar lo mas alejado posible de Residual y su influencia. Dos semanas mas tarde me tope con un grupo de colonos, los dirigía una mujer muy distinguida de cabellos rubios que bajo los rayos del sol brillaban como el oro, su elegancia contrastaba con el desértico paraje, sucio y polvoriento. Eran unos 60, hombres y mujeres descontentos a los que la corporación había echado de sus tierras, victimas del cada vez mas descarado abuso de poder de los guías.
-Nos dirigimos a un lugar llamado Rock and Old, puedes acompañarnos si quieres.- Era tan guapa como distinguida, no comprendía que podía habérsele perdido a una mujer como aquella en un lugar tan sórdido como el que nos encontrábamos. No me pareció mala idea ocultarme entre aquellos desheredados, a fin de cuentas ellos al igual que yo también habían caído en desgracia por culpa de la maldita corporación.
-Sera un placer unirme a vosotros, mi nombre es Orcanario, soy periodista.
-Encantada, yo soy Berbuscona.- Me tendió la mano con la intención de estrechar la mía pero no pude reprimirme y se la bese en un gesto que ahora recuerdo ridículo pero que entonces me pareció apropiado, Berbuscona era una autentica dama. Un día mas tarde lleguemos al citado lugar, resulto no ser mas que un montón de escombros, todos nos sentimos decepcionados. Nos recibio aquel extraño grupo, reconocí a un antiguo compañero de viaje, me alegre de reencontrarme con Seconfundeyonosoy, junto a él tres mujeres, un muchacho y un viejo guerrero ahorapajote.
Era difícil entender las palabras del calvo de barba, se le trababa la lengua y tenia dificultad para centrar sus ideas, llevaba una cogorza que se acercaba ya a lo antológico, sin embargo Orcanario habiendo bebido más permanecía sorprendentemente lucido.
-¿Rock and Old? ¿Qué cojones es ese lugar? Nunca escuche hablar de el.-Balbuceo el calvo.
-Ahora todos lo conocéis como Roca Vieja, ni tan solo el verdadero nombre fue respetado, todo lo han adulterado, corrompido, manipulado…-Orcanario se excito demasiado, consiguió girar la cabeza justo a tiempo para no vomitarse encima.
-El recuerdo de ese atajo de perdedores te revolvió las tripas jajaja- Al calvo le dio un ataque de risa, mal asunto, ahora fue su turno pero le faltaron reflejos y se lo hecho todo encima.-Mierda, creo que es el momento de regresar a casa.-El barman se acercaba a toda prisa con su garrote, el matón lo miro de forma intimidatoria y saco diez rays que sujetó con dos dedos, el calvo roncaba ladeado en su silla.
-Mejor trae un cubo y una fregona.
La dieron por muerta y la abandonaron como ofrenda a los buitres, el cuerpo de Kaotika estaba destrozado, Analfataya no había dejado ni un centímetro de su piel sin mancillar, cortes, quemaduras, huesos destrozados. El suplicio había sido de tal magnitud que incluso algunos de los rangers tuvieron que apartar la mirada. Empezaba a oscurecer y el frio del desierto la hizo reaccionar, la sangre que broto de sus parpados formo una costra en sus ojos que evito que el sol la dejase totalmente ciega. Imposible comprender de donde saco las fuerzas y como se atrevió a enfrentarse a un nuevo suplicio. Consiguió liberar su brazo derecho de las ataduras a costa de desgarrarse carne y tendones, de desencajarse los huesos de la mano, el dolor debió ser inenarrable. Libero su cabeza y finalmente el brazo izquierdo y las piernas. No podía erguirse, Analfataya le destrozo la rodilla izquierda con un mazo de herrero, se arrastro como pudo y trepo por la rueda del carro hasta conseguir ponerse de pie. Estaba desnuda y hacia un frio terrible, recogió lo que había quedado de sus ropas y se vistió con aquellos arapos, debió de invertir cerca de una hora en conseguir aquello. Estaba oscuro y ella casi ciega por lo que se dejo caer de nuevo y repto por el suelo en busca de un báculo que la sirviera de apoyo, encontró una lanza, eso le serviría. Ahora buscaba algo que consideraba de gran valor, la encontró dentro del rancho semi oculta bajo el cadáver de uno de sus compañeros. Recogió el hacha de guerra y se adentro a ciegas en el desierto. Ando sin rumbo durante toda la noche, no avanzo mas de unos pocos kilómetros hasta que finalmente la abandonaron las fuerzas, clavo las rodillas en el suelo apoyando las manos sobre la arena sin dejar de sujetar el hacha. Su cuerpo estaba tan entumecido que ya casi no sentía dolor. Alzo la vista hacia el amanecer.
-¡Me engañaste, me prometiste ke nunka mas tendría miedo pero en todos estos años he vivido aterrorizada! ¡Cada vez ke cerraba los ojos, cada vez que dormía regresaban las mismas pesadillas, con todo me lo guardaba, me lo tragaba! ¡He sido fuerte, soporte tus entrenamientos sin emitir una sola queja, y me convertí en la mejor, pensé estarías orgulloso de mi y tú… MALDITO, MALDITO, MALDITO…Le entregaste el hacha a ese imbécil, a ese inútil que no la merecía. ¿Es este tu castigo por no obedecerte, por no estar de acuerdo con tus deseos? ¡De ser así puedes irte al infierno! ¡Todos han muerto…otra vez, déjame trankila ya me canse de luchar, regreso con los míos. ¡Te maldigo, MALDITO, MALDITO KABRON, mira lo ke me han hecho!
Habían pasado 16 años desde que vertió sus últimas lagrimas y sus ojos de nuevo estaban húmedos. No había un solo centímetro de su cuerpo que no hubiese sido ultrajado pero no sentía nada. La atormentaba otro tipo de dolor pues no hay peor herida que la que nunca cicatriza, porque la herida que mas duele es la de la traición. Se desplomo sobre la tierra aferrándose al hacha, todo había acabado…por fin.


 
 
Un hombre solo.

Cuando los chamanes tomaron el control de la tribu lo primero que hicieron es enterrar el hacha de guerra y pactar la paz con el hombre blanco. No tardaron en echarnos de la pradera y confinarnos en una reserva, un terreno enorme pero yermo. Por la noche alrededor de la hoguera ya no tronaban los tambores y los cantos belicosos de los guerreros habían sido re emplazados por el cumba-ya de los misioneros blancos. Bebíamos agua de fuego de mala calidad comprada a los mercachifles con la única moneda de la que disponíamos, nuestra dignidad. Tan solo mi dulce compañera me vinculaba a aquel lugar pero cuando me dio la espalda decidí abandonar a aquellos que fueron mi familia pero que ahora no reconocía como hermanos. No se cuanto tiempo vague por el desierto alimentándome exclusivamente de peyotes pero cuando me desplome por fin, rendido en mitad de la nada escuche una voz firme y poderosa. –NO COMAS MAS PEYOTES QUE TE BOLVERAS AUN MAS ESTUPIDO.-Alcé la vista y allí estaba, era el Espíritu del Caos quien me hablaba. –¿Qué quieres de mi? - Le pregunte avergonzado por la situación en que me encontraba, hundido, derrotado, postrado de rodillas en la tierra. - NO ESTAS SOLO, HAY MUCHOS OTROS PERDIDOS EN EL DESIERTO QUE PIENSAN QUE PUEDEN LUCHAR EN SOLITARIO CONTRA LOS ROSTROS PALIDOS, MUCHOS SON LOS QUE NO ESCUCHARON LA PONZOÑA QUE VOMITABA EL HOMBRE BLANCO. - ¿Y que puedo hacer yo? Tan solo soy un guerrero al que han derrotado en todas las batallas en las que ha participado. - Y PERDERAS UNA MAS, PERO LO HARAS DE FRENTE, MIRANDO A TU ENEMIGO A LOS OJOS Y A TU LADO LUCHARAN LOS MARGINADOS, LOS PERDEDORES, LOS DESCONTENTOS, LOS INADAPTADOS Y POR UNA VEZ EN VUESTRA PUÑETERA VIDA TENDREIS UN MOTIVO POR EL QUE MORIR. - ¿Y que motivo es ese? - le pregunte.
-¿QUE MAS DEBEN ARREVATARTE PARA QUE LO ENTIENDAS?
 Un intenso brillo me deslumbro en ese preciso instante, dirigí la mirada hacia el suelo y vi algo que resplandecía semi oculto en la arena, escarbe con todas mis fuerzas y al cabo de unos minutos pude liberarla del olvido. Allí estaba, forjada con el metal más puro e incrustada a una empuñadura de la madera más noble. Sin abalorios ni florituras, había desenterrado de nuevo el hacha de guerra.
 -TE GUIARE A TU VALHALLA GUERRERO, ALLI SE REUNIRAN LOS PEORES DE ENTRE LO PEOR Y OS PREPARAREIS PARA LA LLEGADA DEL CREPUSCULO DE LOS DIOSES, PARA LA BATALLA FINAL.-Y dicho esto el espíritu del caos desapareció. Cuando llegue a lo que me había prometido seria mi nueva morada no pude evitar cagarme un poco en los muertos del Caos ese de las narices. ¿La “morada de los dioses”? El termino era  un tanto exagerado para definir a aquel lugar, pero aquella pocilga seria mi hogar hasta que llegase el fin de los días, allí se reuniría de lo malo lo peor, desde allí incordiaríamos al hombre blanco. Recuperaremos la dignidad perdida, queda mucho por hacer, a ese lugar lo llame Rock and Old y desde aquí reanudare la guerra, no existirá la paz para mi ni para mi enemigo hasta que uno de los dos descanse para siempre tendido sobre la madre Tierra.

Los días iban pasando y yo seguía solo en aquel agujero inmundo, sentado en un taburete miraba las toneladas de porquería amontonadas sin saber por donde empezar. Debo reconocer que estaba frustrado, mi incapacidad para adecentar aquello era total y pasaba el tiempo lanzándoles objetos a las ratas. Estuve apunto de acertarle a una con una sartén pero la esquivo elegantemente, incluso aquellos asquerosos roedores parecían reírse de mi. Encendí otro cigarro y me serví la enésima copa de orujo, quizás si seguía bebiendo aquel lugar me pareciera por fin la morada de los dioses que me prometió el Espíritu del Caos pero lo único que conseguí es vomitar en el suelo. Mire los restos de panceta a medio digerir y después a la fregona que estaba abandonada en una esquina en la otra punta del local, bueno un poco mas de mierda tampoco se va a notar, pensé.
 Lance una botella vacía contra una enorme rata negra que se paseaba por la barra como intentando provocarme, el proyectil acabo impactando contra una de las pocas ventanas que conservaba intactos los cristales, el sonido de los vidrios rotos me relajo asi que empecé a romper los que quedaban arrojándoles trastos de todo tipo.
 -Sigues siendo el mismo cretino de siempre. - Aquella voz me saco de mi frenesí destructivo, gire la mirada hacia el lugar de donde provenía y los ojos se me llenaron de lagrimas, era Akasha mi antigua compañera, había salido de la reserva y estaba allí frente a mi radiante como siempre, quizás mis ruegos habían sido escuchados por fin, con ella a mi lado nada podría detenerme.
 –Esto es una pocilga. ¿Cómo puedes soportar este hedor? Y la reserva te parecía mala. Mírate, vives entre ratas y apestas. - Me olisquee el sobaco, era cierto la peste casi me tira de espaldas.
 –No he venido hasta aquí a pedirte que regreses, elegiste tu camino y lo respeto. Tampoco te acompañare en tu locura, tendrás que salir de ella por ti solo o acabaras pudriéndote en este lugar. Pero si puedo intentar que esta cuadra sea mínima mente habitable; no esperes milagros claro. - De nuevo se apodero de mi la desidia, no había venido a quedarse, el tono con el que hablaba era frio y distante, en ningún momento aprecie el mas mínimo residuo del afecto de antaño.
 Pasaba el tiempo, Akasha intentaba convertir el vertedero en un hogar pero casi no me dirigía la palabra, tan solo respondía a mis preguntas con monosílabos. Yo pasaba las horas bebiendo y mirándola mientras trabajaba, sabía que cuando acabase partiría de nuevo y no la vería nunca más.
Aquella mañana me levante con resaca y los riñones doloridos , tengo que conseguir una cama ya de una vez, me extraño no escuchar ruido alguno. Busque a Akasha por todas partes pero no la encontré, pase varios días esperándola hasta que comprendí que no regresaría. Todo seguía patas arriba, no veía con fuerzas para continuar con aquello solo. No tenia ni idea de quienes habían habitado antes aquel lugar ni de lo que pudo pasar para que todo quedase en ese estado. Lo único cierto es que los antiguos moradores habían dejado tras de si un gran numero de botellas de licor. Descorche una de ellas y me senté en el suelo mirando al cielo a través de los agujeros del techo. 
 
 
 
 
La balada de Roca vieja. (Rock and Old gran reserva, la historia perdida.)
Una compañía, tan solo cincuenta hombres, el teniente Residual no estaba contento con la manera en la que se desarrollaban los acontecimientos. Para colmo tenia que cargar con ese toca cojones, un puto sargento chusquero sabelotodo que no hacia mas que cuestionar todas sus decisiones. ANALogico-Dick que así se llamaba el suboficial ya había socavado su autoridad en varias ocasiones en el corto espacio de tiempo que llevaba a su servicio ¿Quién mierdas se creía ese tipo que era? Ya se encargaría a su regreso de mover algunos hilos para que ese palurdo no pasara ni un día mas en el ejercito. Sudaba como un cerdo, como podía haber imaginado que en el desierto pudiera hacer tanta calor, lo que había sido un impecable uniforme a la salida de Pueblo ahora eran unos trapos raídos cubiertos de polvo y sudor. Todos apestaban, incluso la delicada Analfataya olía a boñiga de cabra. -¡Altoo! Acamparemos aquí, sargento disponga los turnos de guardia.-Pero mi teniente…aun disponemos por lo menos de un par de horas de luz, ya vamos demasiado retrasados. Por si fuera poco estamos en medio de una garganta, un lugar perfecto para una emboscada, nos cazarían como a patos.-Residual no podía admitir que no aguantaba mas, estaba agotado y las almorranas lo atormentaban. Todo un oficial de los rangers y era incapaz de soportar las molestias causadas por unas hemorroides. Bueno, incluso Napoleón fue derrotado en Waterloo por culpa de ellas. Lo que no podía tolerar es que una vez mas el sargentucho discutiera sus ordenes.-Alférez ordene montar el campamento y usted señor Dick ocúpese de los turno de guardia, no quiero escuchar una sola objeción mas salida de su boca. ¿Entendido?- A sus órdenes mi teniente.-Lo que no imaginaba Residual es que ANALogico-Dick en realidad era un agente infiltrado del gobierno. Su verdadero nombre era Daniecss y su misión era llevar a buen puerto aquella misión. El general Arturo había insistido mucho en que Residual se ocupase del pequeño grupo rebelde, era una misión fácil pero no confiaba demasiado en las capacidades de su sobrino por lo que se ocupo de que uno del servicio secreto lo acompañara.
Mientras tanto a muchas millas de allí el grupo de pies sucios habían ocupado pacíficamente un rancho. Efectivamente, el propietario y sus jornaleros colgaban pacíficamente del extremo de una soga. La joven guerrera que los guiaba había pasado la mayor parte de su vida reuniendo a aquel pequeño grupo, los últimos pies sucios capaces de empuñar una lanza. Al igual que su líder la mayoría de ellos eran unos críos durante las masacres de las guerras indias por lo que ahora casi todos eran muy jóvenes.-Me gusta este lugar, esta apartado de kualquier sitio habitado en muchas millas a la redonda, es un buen refugio.-De cabellos oscuros como la noche, largos hasta la cintura, piel morena y una mirada ligeramente miope que la dotaba de un aire felino. Se expresaba con autoridad.-Esto es un tugurio, un autentico antro.-El que hablaba era Runflar, el guerrero mas veterano del grupo.-Exakto, un antro, eso precisamente es lo ke me gusta de este sitio. No permaneceremos mucho tiempo akí, solo lo justo para solucionar un pequeño tema pendiente, después nos largaremos.-Si hasta ese momento habían tenido éxito en sus incursiones era porque se movían con rapidez de un lado a otro escapando de los soldados antes de que estos diesen con ellos.-Necesito que vengas con migo Chito, tenemos que hacer una visita a un “amigo”.-Chito era el segundo veterano del grupo, una autentica maquina de matar, sobrevivió a las matanzas al caer prisionero de las tropas regulares ,los mercenarios lo habrían ejecutado sin contemplaciones. Lo torturaron durante meses, las innumerables cicatrices de su cuerpo dan fe de ello, buscaban información, jamás hablo. Pasó el resto de la guerra en una mazmorra y finalmente fue liberado al acabar la contienda. Tan solo tenia una pequeña pega y es que le gustaban demasiado otro tipo de batallas. -¿Dónde vamos Kaotica?-No te lleves demasiadas cosas Chito, solo estaremos fuera unos días. Runflar mantente atento ya deben andar tras nuestra pista.-Kaotica y Chito partieron por la mañana temprano.-Creo que confías demasiado en Runflar Kao. ¿Dónde mierdas estuvo ese tipo durante la guerra?-Le das demasiadas vueltas a las cosas Chito, por cierto…-¿Si Kao?-Tapate tus partes antes de que algún pájaro confunda tu “lanza” con un gusano y tengas un disgusto.-Chito gustaba de ir en pelotas, decía sentirse mas libre, soltó una carcajada y sin darle mas importancia al tema pregunto hacia donde se dirigían.-Trankilo Chito, pronto saciaras tu kuriosidad. Otra kosa…-¿Si Kao?-¡Tapate koño!

Genesis y genocidio. Rock and Old gran reserva resumen.
 
La Corporación dominaba todo el mundo conocido de Utherverse gracias a lo que popularmente se denominaba “la droga amarilla” un potentísimo afrodisiaco tremendamente adictivo. Ejercían un monopolio absoluto de dicha droga y habían sometido una tras otra a todas las naciones y sustituido sus gobiernos por títeres a su servicio, tal era la dependencia de los habitantes del viejo continente de la droga amarilla que aceptaban la hegemonía mundial de la corporación sin poner objeción alguna. Esta fundo su capital en la macro polis de Red Light Center y desde allí dirigían con mano férrea el continente. Todo era un enorme negocio del que se lucraban socios y accionistas, la falsa democracia de Utherverse la dirigían en realidad los ejecutivos de la Corporación. Pero las cosas empezaban a ir mal, la demanda de droga se había disparado y lo que a simple vista parece bueno para el negocio era realmente un autentico desastre. Se necesitaba ya el 80 por ciento del terreno fértil para cultivar la planta de la que se obtenía la droga amarilla, por si fuera poco dicha planta agotaba los nutrientes de la tierra en unos pocos años dejándola estéril. Como consecuencia de todo ello había empezado una hambruna a escala mundial y la falta de droga ya había provocado pequeñas sublevaciones en algunas zonas y la cosa iba a peor. Pero como mana caído del cielo se descubrió un nuevo continente, inmenso, mucho mayor que Utherverse. La Corporación puso todas sus esperanzas en lo que promocionaron como la tierra prometida. Las noticias que traían sus exploradores no podían ser mejores, el hemisferio norte se componía de inacabables praderas de tierra fértil rodeadas de caudalosos ríos, el sur era un territorio semidesértico pero algo se podría sacar de él. Los pobladores eran tribus nómadas poco numerosas y muy primitivas que vivían primordialmente de la caza. Mandaron a sus guías a preparar el terreno y lanzaron una carísima campaña destinada a dar a conocer el nuevo mundo. Ofrecían droga amarilla gratis y sin restricciones a los colonos que se establecieran allí. Como era de esperar partieron en oleadas, desembarcaban a miles todos los días en los puertos que la corporación había construido recientemente, allí los guías les proporcionaban su suministro de droga y los dirigían como a un rebaño, los colonos se entregaban a un desenfreno sexual inmediato y no reparaban en que eran manipulados.
Todo funcionaba a las mil maravillas pero quedaba un escollo. ¿Qué harían con los nativos? Los aborígenes llamaban al continente “Tierra de nadie” pues para ellos la tierra no tiene dueño y esta provee a todo aquel dispuesto a ganárselo con su esfuerzo. Aunque enseguida descubrieron que les encantaba el alcohol no mostraron ningún interés por la droga amarilla, ellos disponían de todo el peyote necesario y no necesitaban de estímulos sexuales. La corporación necesitaba sus tierras y estaba claro que los “pieles rojas”, que es como llamaron a los autóctonos, no se las entregarían por las buenas. Querían dar una imagen amable a los colonos y atacar a los nativos no seria una buena publicidad así que decidieron contratar los servicios de mercenarios. Fue entonces cuando entro en escena Rocco y su ejercito de asesinos. A nadie parecía importarle la sangrienta contienda que se libraba a pocos cientos de km de sus casas, los colonos vivían ajenos a ello, su único interés era la droga amarilla de la que la Corporación hacia un reparto ilimitado y gratuito, cada día llegaban mas colonos a los que había que ubicar. Los pieles rojas, también los llamaron indios, no conocían las armas de fuego, cuando Rocco empezó sus hostilidades en el norte fue un autentico paseo, los aborígenes vivían en enormes praderas con pocos accidentes geográficos que pudieran protegerlos, se defendieron con arcos, flechas y lanzas, pero en campo abierto Rocco los cazo como conejos. Una tras otra las tribus del norte fueron exterminadas y los pocos supervivientes confinados en tierras no aptas para el cultivo en las que el hambre y las enfermedades acababan de diezmarlos. Una de estas tribus era la de los pies sucios, un pueblo orgulloso con un curioso autogobierno en el que todos participaban, todo se decidía en asambleas y no tenían lideres ni chamanes. Eran jinetes muy hábiles y guerreros valerosos pero tampoco ellos tuvieron ninguna oportunidad contra los rifles de los mercenarios. No aceptaron capitular, ningún poblado se rindió jamás, no podían concebir que les privaran de su libertad y eso les supuso ser la tribu mas castigada de todas, un autentico genocidio. De 50.000 apenas quedaron un centenar, todos ancianos y algunos niños muy pequeños.
La Corporación estaba satisfecha con los resultados, le era indiferente los métodos empleados por Rocco mientras les desembarazara de los nativos. Los mercenarios mostraron una crueldad inhumana con los desafortunados indios. Siguieron avanzando imparables hacia el sur pero allí se toparon con un terreno hostil, desértico, plagado de cañones, acantilados, gargantas y lo peor de todo; de Ahorapajotes.
Los ahorapajotes eran la tribu mas numerosa y belicosa del sur, tras unos desastrosos primeros encuentros con los mercenarios pronto comprendieron que no podían enfrentarse a ellos frontalmente y basaron su resistencia en la guerra de guerrillas. Conocedores de cada uno de los recovecos de su geografía los ahorapajotes sorprendían una y otra vez en emboscadas a los mercenarios. Establecieron sus poblados en lugares inaccesibles donde podían atrincherarse y resistir eficazmente con sus rudimentarias armas. El resto de tribus del sur se les unieron en la lucha y la guerra llego a un punto muerto. Fue entonces cuando la Corporación hizo su gran jugada, retiro de golpe el suministro de droga amarilla a los colonos, estos desesperados aceptaron trabajar en las plantaciones prácticamente por un poco de droga.
Rocco se había hecho muy poderoso y centro sus esfuerzos en otros quehaceres dándoles un respiro a los indios que empezaban a sentir el desgaste de aquella sangría de vidas. Aquel avaricioso comenzó a traficar con la droga amarilla por su cuenta envalentonado por el gran ejército que había reclutado y las grandes riquezas que acumulaba. Se atrevió a morder la mano de su amo. La reacción de la Corporación no se hizo de esperar, un enorme ejército de regulares partió de Utherverse comandado por el general Arturo, en menos de un mes lo tenían sitiado en su fortaleza. Los mercenarios se sabían perdidos por lo que el lugarteniente de Rocco, Hector, lo asesino y pacto la rendición con Arturo. (Muchos piensan que el mismo Rocco fingió su muerte y tomo la identidad de Hector pero aunque hay sospechas fundadas nunca se ha podido demostrar fehacientemente.) Las tribus del sur seguían sin estar sometidas por lo que los mercenarios aún eran útiles. Las hostilidades se reanudaron mas violentamente que nunca, Hector atacaba con todas sus fuerzas los baluartes de los indios pero después de un baño de sangre las cosas seguían en punto muerto. Hector lo desconocía, de saberlo habría sido mas osado y atacado sin cuartel, los ahorapajotes estaban agotados, casi sin comida y con unas bajas ya inasumibles, con todo no se rendirían.
La Corporación se canso de no obtener resultados y decidió prescindir de los servicios de Hector de forma drástica. Los mercenarios no se esperaban la traición y sorprendidos por el ejercito de Arturo fueron aniquilados. De esta forma la Corporación borraba cualquier lazo que la relacionara con aquellos miserables. Aún debían de ocuparse de los Ahorapajotes, Arturo era inteligente, no cometería los errores de Rocco y Hector. Podría aplastar a los pieles rojas por la fuerza pero supondría un numero demasiado elevado de bajas. Los ahorapajotes no eran especialmente religiosos por lo que tenían relegados a sus chamanes a figuras meramente decorativas. En el resto de tribus los chamanes eran poderosos e influyentes y Arturo aprovecho el descontento de estos para plantar el germen de la traición. Los chamanes envenenaron uno tras otro a los componentes del consejo de ancianos, que eran quienes dirigían a los ahorapajotes, aprovechando su rol de curanderos achacaban sus muertes a la edad y todo aquel que sospechaba desaparecía misteriosamente. Hartos de la guerra y de llorar a sus muertos muchos aceptaron que los chamanes tomaran el control y negociaran la paz con el hombre blanco. Creían inocentemente que al no tratar con los mercenarios recibirían mejor trato y conservarían sus tierras. Ingenuos, al cabo de un mes estaban confinados en una apestosa reserva. El resto de tribus del sur no podían resistir sin el apoyo de los ahorapajotes por lo que también capitularon. Así acabaron las guerras indias, Arturo regreso al viejo continente como un héroe, los colonos convertidos en prácticamente esclavos cultivaban para la corporación que veía complacida como sus activos y sus acciones subían como la espuma. Los indios vencidos y humillados se entregaban a la bebida pudriéndose en las áridas reservas. Tierra de nadie paso a llamarse PUEBLO SECRETO.
 
Rock and Old gran reserva-personajes.
 
Personajes por orden de aparición.

Negroe2

.-Negroe era un guerrero ahorapajote con unas mas que dudosas habilidades para la batalla. Vago, torpe y de constitución débil era la vergüenza de su clan, uno de los mas respetados de la tribu. Su padre pertenecía al consejo de ancianos y su hermano mayor era reconocido como uno de los mejores cazadores y un guerrero poderoso. Al contrario que Negroe, su hermano era fuerte, hábil con las armas y un jinete excelente. A la sombra de su propia familia creció acomplejado, por mas que buscase la aprobación de su padre este solo tenia ojos para su primogénito. Negroe descubrió lo que ellos denominaban agua de fuego (whisky) y se dio a la bebida. Tampoco tuvo demasiada suerte con las mujeres, una tras otra sus parejas lo abandonaban, la última lo cambio por su propio hermano. Con el tiempo se convirtió en un marginado dentro de la tribu. Entonces llego la guerra con los rostros pálidos, lucho codo con codo junto a sus hermanos pero con la desgracia de haber participado en las mayores derrotas de los suyos y haber sobrevivido, eso le granjeo la fama de “gafe” Fue entonces cuando conoció a Akasha, una mujer dulce y comprensiva que lo acepto con todas sus defectos. La guerra seguía, sangrienta, terrible y los ahorapajotes no la podían ganar. Los miembros del consejo de ancianos fueron muriendo uno a uno de forma misteriosa, entre ellos el padre de Negroe. (Su hermano cayo en uno de los primeros encuentros con los mercenarios de Rocco.) Los chamanes tomaron el poder y enterraron el hacha de guerra, Akasha harta de tanta muerte recibió con alivio el fin de la guerra y acepto de buen grado instalarse en la reserva. Negroe por su parte desconfiaba de los chamanes y no se resignaba a aquella existencia miserable, el menos respetado de la tribu, al que tachaban de gafe y cobarde dejo atrás la reserva (Lo cual se penaba con la muerte) y se adentro solo en el desierto en busca del hacha de guerra, en busca de su dignidad. (Realmente su huida fue motivada por el reciente abandono de Akasha que no compartía su interés por proseguir la guerra.) A las pocas semanas de vagar sin rumbo le abandonaron las fuerzas y cuando creía iba a perecer se le apareció el Espíritu del Caos y le indico donde estaba el hacha de guerra y un lugar desde el que formaría un ejercito y plantaría cara a los rostros pálidos. El lugar resulto ser un rancho abandonado y semi derruido al que bautizo como Rock and Old. Defraudado y solo, pasaba su tiempo lanzando objetos a las ratas que pululaban por allí, entonces apareció Akasha y se brindo a restaurar aquellas ruinas, Negroe sintió una gran alegría por el reencuentro con su amada, pero duro poco, despertó una mañana y ella había marchado sin despedirse. Nunca mas regreso. Se sumió nuevamente en la desidia cuando entro por la puerta una extraña mujer de cabellos dorados y elegantes ropas que le prometió regresaría con ayuda, también le señalo el lugar donde permanecía en la penumbra un raro sujeto en cuya presencia el guerrero no había reparado. Ella se llamaba Berbuscona y el tipo Seconfundeyonosoy, un raro nombre para un raro personaje. Un día Seconfunde le indico una vivienda donde un viejo usurero guardaba una fortuna y partió con la intención de robarla, les harían falta los rays para reconstruir el Rock and Old. Por desgracia otra ladrona se le adelanto, regreso con el rabo entre las piernas a casa cuando vio humo en el horizonte, se acercó corriendo. El Rock and Old estaba en llamas. Contemplaba el triste espectáculo junto a Secon cuando la ladrona arrojo el botín a sus pies. Se llamaba Black Velvet y se unió a ellos.
Incapaz de asumir aquel nuevo varapalo Negroe se adentro sin agua ni comida en el desierto buscando la muerte. Pronto se dio cuenta de lo estúpido de su acto, por suerte encontró los restos de una patrulla de rangers, busco desesperadamente agua, esta vez la suerte le sonrío, encontró una cantimplora llena. Saciada su sed examino los cadáveres, las evidencias lo dejaron confuso. Todo indicaba un ataque de los pies sucios pero estos eran historia, hacia años que prácticamente desaparecieron, además estaban muy lejos de su territorio en el norte. Decidió investigar, encontró dos rastros distintos. 13 jinetes hacia el este, 2 hacia el Sur. Estaba claro, se dirigió al sur. De nuevo su torpeza le jugo una mala pasada y acabo prisionero de quienes se supone pretendía sorprender. Resultaron ser dos saqueadoras, un par de psicópatas sin conciencia ni moral, Karmeta, la mayor y su hermana Dulcineaxx. Seconfunde y su grupo (al que se había incorporado un joven llamado Zupia) lo salvo de aquellas dos arpías. Las dejaron marchar pero les robaron sus caballos y lo que fue una agradable sorpresa, un cargamento de armas y munición. Siguieron la pista del segundo grupo y encontraron a los pies sucios muertos, los rangers les habían dado caza. Eran casi niños la mayoría. Parece que uno había escapado, siguieron su rastro, solo encontraron el cadáver de una joven a la que habían desfigurado terriblemente. Pero también algo mas, tenía el hacha de guerra. Negroe pensaba que la había perdido en el incendio. ¿Por qué la tenia aquella desdichada? La dieron sepultura pero escapo de su tumba, con su forma espectral les recrimino ser unos inútiles y unos cobardes y les exigió le devolviesen el hacha. Finalmente ceso en su empeño y desapareció en el desierto sin tener conciencia ni recuerdos de si misma. Black Velvet la bautizo como Niñadepus por su mal aspecto.
Regresaron al Rock and Old del que solo quedaban escombros, perdían el tiempo bebiendo a la intemperie. Unos días mas tarde se les unieron las dos hermanas. Pasaban los días y la reconstrucción del rancho no avanzaba, ellos seguían viviendo al raso, bebiendo y sumidos en la desgana. Entones una noche sucedió algo muy extraño, una niebla rodeo el campamento y cuando intentaban atravesarla regresaban siempre al punto de partida, estaban atrapados. Secon era el único que permanecía despierto cuando se le apareció la Niñadepus, lo rodeo con sus brazos y lo inmovilizo, poco a poco recobro la forma de una muchacha joven y hermosa. Hicieron el amor, ella le imploro que le dijera su nombre pues ya no lo recordaba. Secon se lo revelo aunque no entendía como podía saberlo. Aquella pies sucios se llamaba Kaotika, agradecida le dijo que si querían salir de allí debían romper las cadenas del miedo y dicho esto desaparecio en la noche. Secon no entendía lo sucedido y a la mañana siguiente pensó que todo había sido un sueño.

El Espíritu del Caos.

Los nativos creían que la Naturaleza se dividía en dos entidades diferentes, el Orden y el Caos. No eran unas figuras enfrentadas si no que se complementaban. El Orden hacía renacer de forma mejorada lo que el Caos destruía, los frecuentes desbordamientos de los grandes ríos acababan con la vida de animales e indios despistados o demasiado osados, a cambio fertilizaba la tierra. Los incendios arrasaban la pradera pero al poco la yerba brotaba de nuevo revitalizada, y así podríamos seguir con innumerables ejemplos. Según opinaban los indios, cuando el hombre blanco acabo con las praderas para cultivar la nefasta planta de la que se extraía la droga amarilla el Orden se vio tremendamente debilitado por lo que el Espíritu del Caos quedo solo como único paladín capaz de proteger a la Naturaleza. Pero el Caos no es todopoderoso, tiene sus limitaciones. Puede mandar huracanes, terremotos, tornados y otras catástrofes contra el hombre blanco pero eso lo agota y necesita descansar después de cada uno de ellos. Nada de eso fue suficiente, los rostros pálidos seguían llegando a miles, provoco fenómenos menores como tormentas de arena que permitían a los pieles rojas ocultarse y atacar por sorpresa a enemigos mas poderosos que ellos. Los nativos creen que fue gracias a la influencia de esta Deidad por lo que los ahorapajotes y las tribus del sur pudieron resistir durante tanto tiempo. Finalizada la guerra, con los últimos indios derrotados y encerrados en reservas la Naturaleza enfermo de muerte, plantaciones que no se podían abarcar con la vista, millones de hectáreas corrompidas por la droga amarilla la estaban consumiendo. Como parte de si misma el Espíritu del Caos también perdió casi todo su poder, por ello adopto forma humana y busco indígenas que aún albergaran en su interior afán de lucha. Para los blancos todo esto no son mas que supersticiones, supercherías de aquellas tribus que consideran poco menos que animales, sin embargo ellos adoran a un hombre clavado en dos maderos, por ello los indios piensan que los blancos son unos sádicos desalmados, su Dios es cruel, los rostros pálidos no aman a la Naturaleza y la destruyen, no comprenden que se aniquilaran a si mismos. ¿O acaso es eso lo que realmente pretenden?
El espíritu del Caos recogió a una niña de 6 años única superviviente de su tribu, la educo en el odio y la adiestro en la guerra. Con el tiempo la pequeña se convirtió en una formidable guerrera a la que no movía otro instinto que el de la venganza, su nombre Kaotika. Entrego el hacha de guerra a un solitario guerrero ahorapajote que vagaba por el desierto después de haber huido de su reserva y le encomendó la misión de retomar la lucha. También le indico el lugar desde el que formaría su ejército, una armada de hombres y mujeres desesperados, unidos por la necesidad de recuperar su orgullo, su dignidad. El guerrero se llama Negroe y bautizo a su “walhalla” con el nombre de Rock and Old.

Akasha.

Akasha es una ahorapajote dulce que ama la vida, siempre presta a ayudar a los demás era muy querida en su tribu. Conoció a Negroe poco antes de empezar la guerra, lo veía solo, abatido por sus complejos de culpa. Lo que empezó como un honesto deseo de ayudarle se convirtió poco a poco en afecto para finalmente desembocar en un amor profundo. Pero llego el hombre blanco y con el la contienda, cada día asistía horrorizada a los estragos que causaba la guerra, el dolor, el llanto que provocaba tanta destrucción, el duelo por los caídos, los lamentos, los gritos de los heridos. Odiaba la guerra sobre todas las cosas y no compartía el concepto honorable que los guerreros tenían de ella. Por todo ello acepto la paz que le brindaron los chamanes, renunciar a la libertad era un precio menor que el dolor que provoca la muerte. Sin embargo Negroe nunca acepto la capitulación, detestaba a los chamanes a los que consideraba unos traidores y su alma se volvía cada vez mas negra al contemplar en lo que se había convertido el antes arrogante y orgulloso pueblo de los ahorapajotes. Sus diferentes puntos de vista los fue distanciando, Akasha no soportaba la idea de que pudiera reanudarse la guerra y lo que era peor, que su amado pereciera en ella. Finalmente decidió no luchar mas, eligió la vergonzosa paz y abandono a Negroe. Akasha era lo único que mantenía al viejo guerrero en la reserva y perderla fue el empujón definitivo, abandono a los que ya no consideraba sus hermanos y partió en una absurda búsqueda del hacha de guerra. Cuando se entero de la partida de Negroe la invadió el sentimiento de culpa y salió en su búsqueda, lo encontró en un rancho semiderruido y rodeado de ratas, estaba sucio y triste. Se ofreció a ayudarle a reconstruir aquel lugar con la secreta esperanza de convencerlo para que regresase a la reserva. Pasaron algunas semanas y comprendió que todo seria inútil, que jamás volvería. Incapaz de enfrentarse a una despedida lo abandono a hurtadillas, partió una noche sin un adiós, con el corazón roto pero dispuesta a olvidar.

Berbuscona.

¿Qué secreto oculta esta hermosa mujer de cabellos dorados como el oro y cara indumentaria? Demasiada elegancia, una nota disonante en mitad del feo y árido desierto. Decir que tiene distinción es quedarse corto, muy corto. ¿Qué busca en realidad? ¿Qué es lo que la condujo hasta el Rock and Old y porque ofreció su ayuda al viejo guerrero? Ciertamente Berbuscona es toda una incógnita.
Encontró a Negroe lanzando objetos contra las ratas en aquel desvencijado rancho abandonado de la mano de Dios, su silueta en la puerta con el sol a la espalda, su laceo pelo rubio brillaba, era una aparición, parecía una divinidad de visita en la tierra. Se acercó al guerreo contoneando (siempre con suma distinción) sus caderas, avanzando despacio con sus interminables piernas.-¿Buscas impresentables para empezar una guerra? Yo te traeré un ejército de perdedores.-Antes de marchar le indico a Negroe donde permanecía semioculto un extraño personaje cuya presencia había pasado desapercibida al viejo guerrero. Vestía totalmente de negro y ocultaba sus facciones bajo una capucha. Si Berbuscona es una incógnita Seconfundeyonosoy, Secon como lo llamó para abreviar tan incomodo nombre, es un enigma de lo mas extraño.

Seconfundeyonosoy.

Secon no recuerda como llego a Pueblo Secreto ni porque estaba allí, su mente era un profundo vació sin pasado mas allá de unos pocos meses atrás, tan solo un nombre en su cabeza, uno del que solo sabía a ciencia cierta que no era el suyo propio. Camino como una sombra sin que nadie reparase de su presencia y es que Secon tenía el extraño “don” de pasar totalmente desapercibido a los ojos de la gente, incluso de los animales. No era invisible ni mucho menos, simplemente por algún tipo de motivo (él con razón lo consideraba una maldición) nadie le prestaba atención, lo ignoraban. Esta circunstancia le permitió ser testigo de excepción de todos los abusos que se cometían a su alrededor, de la corrupción que impregnaba a los guías, de todos sus chanchullos y tejemanejes. Podía adentrarse en aquel circulo cerrado, aquel clan mafioso sin ser descubierto y averiguo demasiadas cosas, las suficientes como para sentirse asqueado de aquel lugar y por ello decidió alejarse lo máximo posible de allí. Algo le empujaba a dirigirse a las tierras del sur, una especie de llamada que como otras tantas cosas de si mismo no podía comprender. Por si no fuera suficiente también tenia otra capacidad si cabe mas extraña, una que lo distanciaba aún mas del resto, a todo aquel que miraba su rostro le venía a la mente la imagen de gente a la que conocieron pero que ya no estaban entre los vivos. Era algo que asustaba terriblemente y que provocaba el rechazo, por ello Secon ocultaba su cara bajo una capucha y una bufanda y en una especie de muestra de duelo vestía totalmente de negro. En su viaje se encontró con un periodista llamado Orcanario que se dirigía a cubrir la noticia de un pueblo que había sido atacado por los pies sucios. Al llegar descubrió que el lugar era en realidad una plantación de la corporación. Al día siguiente se despidió del periodista y prosiguió su camino hasta que llego a un derruido rancho que parecía abandonado. Pronto descubrió en un rincón al único inquilino del lugar, un ahorapajote que dormía plácidamente la mona. Lo observo durante cinco días sin que el indio se percatase en ningún momento de su presencia. Entonces llego la mujer elegante, la dama de pelo dorado lo vio enseguida aun permaneciendo casi oculto, lo miro fijamente y no se asusto. Aquello fascino a Secon que tuvo el impulso de salir de su escondite y hacerle un sinfín de preguntas, pero la mujer hablo brevemente con el ahorapajote y marcho enseguida, no sin antes informar al piel roja de que no estaba solo. El nativo se llamaba Negroe y lo admitió a su lado, Secon respetaba la vida y tenia un código ético que chocaban con las del ahorapajote pero su capacidad de infiltración serian de gran ayuda para los fines del indio, Secon era el espía perfecto.
Días mas tarde descubrió que dos pies sucios los espiaban. La presencia de aquella pareja (un guerrero maduro y una joven) lo intrigo. Los pies sucios estaban muy lejos de sus territorios en el norte, además los miembros de aquella tribu eran tan escasos que ver a alguno de ellos era todo un acontecimiento. La muchacha era hábil, ella sabia que los controlaba, tuvo que poner todo de su parte para que no supiera desde donde los observaba. Allí permanecieron ocultos varios días hasta que el hombre marcho dejándola sola. Secon mando a Negroe a robar en casa de un usurero que ocultaba una pequeña fortuna, aprovecho aquella escusa para ver que haría la pies sucios cuando el Rock and Old quedase solo. La india descendió de la ladera desde la que vigilaba y se adentro en el rancho, Secon la seguía con prudencia, buscaba algo y se la notaba nerviosa. Parece que por fin lo encontró, cogió un extraña hacha que Negroe utilizaba para cortar carne y pareció enfurecerse terriblemente, incendio el rancho en un ataque de rabia. Secon podría haberla detenido pero sentía en su interior que así es como debían de ser las cosas y la dejo hacer. Fue cuando la salvaje se disponía a huir que se toparon cara a cara. Tan solo una fugaz mirada pero Secon se quedo fascinado, no era la evidente belleza de la joven lo que le dejo prendado, era algo mucho mas…espiritual. La pies sucios empuñaba el hacha, un animal acorralado es muy peligroso por lo que se apartó de su camino y la dejo marchar. El Rock and Old se había convertido en un infierno de llamas. Cuando regreso se encontró con aquel desastre y quedo sumido en la desesperación, había fracasado en su misión, una ladrona le quito el botín cuando prácticamente lo tenía en sus manos y ahora aquello. Secon no fue capaz de contarle lo ocurrido. ¿Cómo decirle que podía haberlo evitado? Contemplaban como se desmoronaban los sueños de Negroe cuando apareció la ladrona y arrojo un saco repleto de rays a sus pies. Se llamaba Black Velvet y junto con los rays traía consigo un montón de botellas de brandy. Los tres estaban totalmente borrachos cuando la última pared del Rock and Old se desplomo.
El viejo guerreo permaneció tres días con sus noches con la vista fija en las ruinas de lo que fue su “Walhalla” sin mediar palabra, sin comer ni dormir. Black desapareció a la mañana siguiente del incendio. Lo vio alejarse, adentrarse en el desierto pero no le dio mayor importancia hasta que pasaron un par de días y no regresaba. Black apareció entonces acompañada de un muchacho mucho mas joven que ella. Era un lechuguino, un alfeñique que no les serviría de ninguna ayuda pero con todo salieron los tres en busca de Negroe. Lo rescataron de las garras de dos saqueadoras, Karmeta y Dulcineaxx, las robaron caballos y mercancías y las dejaron marchar. Fue entonces cuando Secon informo a Negroe de que habían sido los pies sucios los que incendiaron el Rock and Old y partieron en su búsqueda. Los encontraron a todos muertos, los rangers acabaron con ellos, Uno parecía haber conseguido escapar y siguieron su rastro, llegaron tarde, se toparon con el cadáver de una mujer, estaba terriblemente desfigurado pero al ver el hacha a la que seguía aferrada Secon la reconoció. Negroe estaba eufórico por el hallazgo, había recuperado su estúpida hacha pero a Secon le costó mucho disimular la pena que sintió por aquella desdichada. Le dieron sepultura, la enterraron a 2 metros bajo tierra donde los coyotes no pudiesen encontrarla. La india escapo de su tumba, todos la miraron horrorizados, ella también los miro de uno en uno recriminándoles, insultándolos, pero al llegar a Secon pareció quedarse indecisa. Finalmente se alejó, la siguieron con la vista hasta que la perdieron en el horizonte. Todos sintieron pena y una sincera admiración por ella y el resto de los valientes pies sucios.
Regresaron a las Ruinas del Rock and Old con la intención de reconstruirlo pero enseguida regresaron a sus quehaceres habituales, beber y rascarse la tripa. Unos días mas tarde llegaron las dos saqueadoras y se unieron al grupo para desesperación de Black Velvet que no las soportaba. Una noche les rodeo una extraña niebla que les impedia salir de donde se encontraban. Niña de Pus, que es como Black había “bautizado a la pies sucios, se le apareció a Secon, lo arrincono y tomando su forma original se fusionaron en uno solo. Ella al igual que Secon no recordaba nada de su pasado, ni tan solo su nombre. Secon se lo revelo, lo había llevado en su cabeza durante meses sin saber el motivo, sin conocer a quien pertenecía, ahora su dueña estaba junto a él y le exigía se lo devolviera.-Tu nombre es Kaotika,-Agradecida la piel roja le dijo que si querían salir de allí deberían romper las cadenas del miedo. Antes de que Secon pudiese preguntarle nada la Niña de Pus desapareció en la noche. A la mañana siguiente Secon pensó que todo había sido un sueño.

Las cadenas del miedo.
 
Los veía nadar apaciblemente en círculo con su expresión estúpida, abriendo y cerrando la boca para que el agua circulara por sus agallas. Aquella parte del riachuelo que quedo dentro de la niebla posiblemente seria el único suministro de comida del que dispondrían. Había confeccionado una improvisada lanza con una caña y un cuchillo, el barbo mas gordo parecía torpe, solo era cuestión de asestarle un buen golpe y ensartarlo para disfrutar de una buena parrillada de pescado. ¡Ahora es el momento! El puñetero pez hizo un rapidísimo quiebro esquivando sin dificultad la cuchilla. Negroe miro a su espalda, todos permanecían tumbados mirando a las musarañas.
-¡Mierda, joder! Podríais poner un poco de vuestra parte, pronto nos quedaremos sin provisiones, ha sido una suerte que al menos no nos falte el agua.
-Vamos a morir aquí, es cierto aquello que contaste, lo de que en tu tribu opinan que eres gafe. Eres un cenizo, todo esto es culpa tuya.- Black Velvet se incorporo y se acercó junto a Negroe sin soltar la botella de whisky, el ahorapajote hundía de forma frenética la lanza en el agua con nulos resultados. Desenfundo su enorme magnum y disparo sin dar la sensación de apuntar siquiera. Negroe soltó un grito de dolor y se llevo las manos a su oreja derecha maldiciendo al tiempo que daba saltitos, la corriente arrastro su lanza hacia la niebla.
-¡Estas como una puta cabra, maldita sea! ¡Me has destrozado el tímpano!-En la superficie flotaban los pedazos del barbo, el ciemo del fondo había enturbiado el agua. –El maldito pez ha quedado incomestible. ¿Por qué no usas la cabeza por una vez para variar?-
-Nunca estas contento con nada,-Inclino la botella ciento ochenta grados, no callo ni una gota de licor.-Esta era la ultima, quédate tu con el agua yo me tumbare tranquilamente a esperar, cuando habrá de nuevo los ojos esta pesadilla habrá concluido, esto no puede ser real.-Arrojo la botella al arrollo.
-Dejad que lo intente, de pequeño mi padre y yo salíamos a pescar truchas, las atrapábamos con la mano dentro de los agujeros donde se resguardan de la corriente. No es complicado, veréis como hoy comemos pescado.-Zupia se desnudo quedándose tan solo en calzones, Dulcineaxx lo observaba sin ningún disimulo, Karmeta golpeo a su hermana en el hombro y le lanzo una mirada de reproche. Se adentro en el riachuelo y se hundió hasta solo quedar visible la cabeza.-Lo estoy tocando con los dedos, ya casi lo tengo. Estad preparados para atraparlo cuando lo lance fuera.-Soltó un grito y salió a toda prisa, en su brazo se había enroscado una enorme culebra.-¡Quitádmela por lo que mas queráis, quitadme esta bichaaa!-Todos rieron a carcajadas, el ofidio oprimía cada vez con mas fuerza la extremidad del pobre muchacho y sus dedos empezaban a tomar un peligroso tono morado. Negroe desenfundo un enorme machete e intento atrapar la cabeza de la culebra, Zupia lo miro con expresión de terror.-No te acerques a mi con eso indio de los demonios, con tu torpeza seguro acabas rebanandome la nuez.-Negroe guardo el cuchillo y se alejó refunfuñando.-Anda y que te jodan capullo.-Black Velvet no podía parar de reír, estaba a punto de mearse encima pero su expresión cambio cuando vio a Dulcineaxx junto a Zupia. Esta en un hábil movimiento agarro por debajo de la cabeza a la serpiente, miro a los ojos al muchacho.-No te muevas.-Se introdujo la cabeza de la serpiente en la boca en un gesto lascivo. Zupia no reprimió su repugnancia cuando la joven aplasto la cabeza del animal con los dientes.-Hostiaaass que asco.-Dulce rio satisfecha, sus dientes estaban llenos de sangre.
Alrededor del fuego no tardaron en devorar el escueto manjar, las tripas de Black sonaban como el rebuzno de un onagro, Karmeta cedió su parte a su hermana menor. Zupia aún dolorido no probó bocado. Secon que como de costumbre permanecía alejado del grupo se les acerco. Karmeta nunca disimulaba su desagrado ante la presencia del hombre de negro, el resto lo miraron extrañados.
-¿Puedo sentarme con vosotros? Tengo algo que deciros.
-Claro, aunque no lo creas siempre eres bien recibido.-Negroe se hizo a un lado dejándole un hueco. Estaba claro que el resto no compartían aquella afirmación. En mayor o menor medida, salvo al indio, al resto les incomodaba la presencia de Secon, tan solo Dulce sentía una curiosidad morbosa por aquel hombre solitario, Black lo toleraba y Zupia procuraba evitarlo.
-Anoche tuve un extraño sueño, al menos creo que lo fue pero me pareció muy real.
-¿Qué nos importan tus tonterías? Tenemos muchos problemas como para perder el tiempo escuchando a este engendro.
-¿Perder el tiempo?-Dulce soltó una risita desencantada.-Pero si pasamos las horas sin mover un dedo. Anda hermanita deja que hable, quizás al menos nos entretenga.
-No las hagas caso.- El ahorapajote lo animo a continuar.
-¿Recordáis a la india, a la pies sucios que encontremos en el desierto?
-¿Cómo olvidar algo así? Aun siento escalofríos cuando me viene a la mente la mirada de esa…de lo que quiera que fuese esa cosa.-Black se estremeció involuntariamente. Las dos hermanas la miraron intrigadas, ellas no estaban presentes durante el encuentro con Niña de Pus.
-Se me apareció, reconozco que casi me cago encima pero poco a poco su apariencia cambio, recupero la forma que debía de tener antes de que los rangers la destrozaran. –Pensó detenidamente la mejor manera de expresar lo que sintió en aquel momento pero tan solo salió de su garganta un balbuceo.
.-Era…era hermosa y su voz un susurro, me arrincono, caí al suelo y se lanzo sobre mi, es increíble, su fuerza era tal que me inmovilizo por completo.-Karmeta y Dulce seguían sin entender nada, a Black se le empezaba a dibujar una sonrisa en los labios, Zupia y Negroe estaban intrigados.-Se desnudo, sus cicatrices habían desaparecido por completo, me fascino...-Black exploto en una tormenta de carcajadas.
-JAJAJAJAJAJA. ¡Tuviste un sueño húmedo con la muerta!- Se atraganto hasta el punto de perder la respiración por unos segundos, tras recuperar el aliento siguió riendo como una loca.-JAJAJAJA, si tan desesperado estas por echar un polvo tan solo tienes que pedírselo al par de furcias.-Las dos hermanas sabían perfectamente a quienes iba dirigido el piropo. Karmeta alargo su mano hacia su enorme rifle mata búfalos y Dulce al machete de su cinto pero antes de que pudiesen apenas pestañear estaban encañonadas por la magnum de Black. La borracha era increíblemente rápida.
-He matado a decenas de hombres y mujeres mejores que vosotras, gente contra la que no tenía nada. Las dos representáis todo lo que odio en este mundo. Dadme una sola escusa, una pequeñita y hare que os reunáis con el miserable de vuestro padre. Karmeta la miraba desafiante pero comprendió que debía de andarse con mucho cuidado, que la borracha no se estaba marcando ningún farol. –Tú odias a todo el mundo vieja, empezando por ti misma. Realmente me produces mas pena que repulsión.-Tras la intervención de su hermana Dulce también quiso contribuir aportando su dosis de ponzoña.-Mira como tratas a la única persona que te quiere,-Miro a Zupia que permanecía prudentemente alejado evitando la disputa.-Cuando lo pierdas te darás cuenta de lo triste que es tu vida. Hazte un favor, háznoslo a todos y vuélate la tapa de los sesos con tu bonito juguete.-Si te acercas al muchacho te saco las tripas y te cuelgo de ellas en el árbol mas cercano Zorra. Es un buen chico, idiota pero…-Dulce aprovecho la ocasión para lanzarle un directo a la mandíbula, las palabras a veces hacen mas daño que los golpes.-¿Idiota? ¿Quién es la estúpida aquí? Puede que no salgamos vivos de este lugar pero si lo hacemos Zupia no aguantara mas tus insultos, se cansara de tu desprecio…y te dejara, te dejaremos todos porque nadie te soporta. Eres una vieja resentida.¿ En que empleaste tu vida para acabar así?- Black apretaba los dientes. Casi se les podía escuchar rechinar, su pulso temblaba, lo que el alcohol no había conseguido nunca lo logro Dulcineaxx con sus palabras envenenadas. En la mirada de las dos hermanas se reflejaba su triunfo.
Zupia sujeto la mano con la que empuñaba el revolver y la obligo a bajar el arma con delicadeza.
-¡Basta de tonterías, Secon tiene algo que decirnos, algo que considera importante! ¡Dejad vuestras absurdas disputas para cuando salgamos de aquí!-Negroe gritaba enojado, incluso parecía tener autoridad, quizás fue eso lo que descoloco a las tres mujeres que se sentaron de nuevo alrededor de la hoguera.-Bah, nunca saldremos de aquí.-Black siempre tenía que tener la ultima palabra.
-No recuerdo nada de mi mismo mas halla de unos pocos meses atrás hasta este momento.-Continuo Secon.-Pero en mi cabeza había un nombre, no se porque estaba ahí, no lo supe hasta anoche. Por lo visto la india al igual que yo tampoco recordaba su pasado y me suplico que le revelase como se llamaba. Me descubrió el rostro y me miro a la cara sin miedo, dijo muchas incongruencias, hablaba de muerte y de unos cara de perro, me pedía que la dejase entrar, regresar con los suyos. La verdad es que no entendía nada de lo que me decía. Me hizo el amor.-Se escucho la risa ahogada de Black.-Ya estaba apunto de amanecer cuando me pidió algo mas, me suplico que le revelase su nombre. Es absurdo. ¿Cómo podía saberlo yo? pero lo sabia, hace meses que me atormentaba dentro de mi cabeza, quizás ese es el motivo que me trajo hasta aquí. Kaotika, ese era su nombre, parecía muy agradecida por la revelación y a cambio ella me dijo como salir de aquí, me hablo de unas cadenas, de que debíamos romper las cadenas del miedo para abandonar nuestra prisión.
Todos lo miraban con cara de tonto, tanto rollo para aquella historia absurda. Las hermanas empezaron a jugar entre ellas, Zupia abrazaba a Black que ya no se cortaba de mostrarse jocosa. Negroe le puso la mano en el hombro.-No es mas que un sueño y los sueños no tienen sentido, no le des mas vueltas.-¿De que tienes miedo Negroe? ¿Y vosotros?-Secon los miraba desafiante, de nuevo le prestaban atención.-Reconoced que estáis asustados, eso es lo que nos retiene en este maldito lugar, esas son las cadenas de las que me hablo la india.-Zupia lo interrumpió.-Solo fue un sueño, olvídalo.-¡No, no era un sueño, era demasiado real y tenía sentido! –Secon gritaba, estaba enojado, nunca antes lo habían visto así.-¿A que viniste a este lugar Negroe?-El indio se encogió de hombros-Querías luchar, eso es lo que me aseguraste, mucho cuento con eso de recuperar la dignidad, el honor….Bla, bla,bla.¡Palabras que se lleva el viento! La “muerta” como la llama Black tenia coraje, los pies sucios le echaron agallas.
-Los pies sucios están muertos.-Dijo Karmeta, ya habéis contado ese rollo un millón de veces. ¿De que les ha servido todo su valor? Tan solo para acabar dando de comer a los coyotes.
-¿Y vosotras dos?-Continuo con su diatriba Secon.-Yo no temo a nada.-Karmeta se anticipó a la pregunta.-A mi no me mires,-Dijo Black.
-Pues yo no moriré aquí, reconoceré cuales son mis terrores, los venceré y saldré. Romperé esas malditas cadenas.
-Secon…-Zupia lo dijo con tono solemne.-Has perdido el juicio.
-Si Secon ha perdido el juicio el resto no estamos menos locos que él. Muertos que escapan de sus tumbas, si eso os parece normal , y esta maldita niebla. ¿Qué sentido tiene? ¿Por qué no podemos salir de aquí? No me diréis que no es para poner en duda nuestra cordura, la de todos. No se si servirá de algo pero yo estoy dispuesta a probarlo todo por absurdo que parezca, estoy con Secon, quiero escapar de aquí a toda costa.-Dulcineaxx estaba de pie, se había posicionado junto al hombre de negro, la muchacha hablaba con convicción, con una elocuencia a la que no los tenía acostumbrados.
-Por fin alguien que piensa con la cabeza, gracias por tu apoyo Dulce.
-No me llames así, sabes que no lo soporto. Además no me agradezcas nada, si esto no funciona el próximo muerto al que te parezcas serás por fin tu mismo.
-Esto es una idiotez, claro que tenemos miedos, somos humanos. Vale ya esta, ya lo he dicho, ahora saldré de aquí.-Karmeta atravesó la niebla y apareció nuevamente junto a los otros.-Veis, era una tontería.
-Siempre he intentado agradar a los demás, he buscado la aprobación de mi hermano, que mi padre se sintiera orgulloso…-Negroe estaba sentado en el suelo con las piernas cruzadas y los brazos reposando sobre ellas, la mirada fija en el fuego de la hoguera. Apenas un hilo de voz pero todos pudieron escucharlo.-Mi madre ni tan siquiera pudo darme el pecho, recuerdo como mi hermano se burlaba de mí, decía que me habían criado con leche de perra. Crecí débil, con todo me esforcé, juro que lo hice pero no recibí nunca apoyo de nadie, tan solo desprecio. Cuando mi madre murió yo apenas había dejado de ser un niño, me quede solo en el mundo. Mi padre obligaba a mi hermano a llevarme con él y los otros a cazar pero al abandonar el poblado yo me rezagaba del resto, no quería que se sintiera avergonzado. Me unía de nuevo a ellos cuando caía la noche y debíamos volver. Todos estaban satisfechos, traían abundante carne, yo como siempre regresaba con las manos vacías. Crecí a la sombra de mi hermano, el gran guerrero al que todos admiraban, al paso del cual las mujeres suspiraban. Mi padre entro en el consejo de ancianos, era el mayor honor que podía concederte la tribu, aunque arrogante él era un hombre sabio. Pero estuvo a muy poco de no ser admitido.-El ahorapajote quedo en silencio, todos estaban expectantes.-…Algunos de los ancianos opinaban que alguien que no había sabido hacer de su hijo un buen guerrero no era digno de pertenecer al consejo , otros dijeron que su primogénito suplía con creces mis carencias. Mi “asombroso” hermano le dio el espaldarazo definitivo pero padre no pudo olvidar la humillación que sintió, la vergüenza de la que me consideraba responsable. Tampoco he tenido suerte con las mujeres, a todas les parecía poca cosa y me dejaban. La primera vez que tope con un hombre blanco resulto ser un traficante de licor, descubrí que el whisky me hacia sentir bien, me hacia olvidar. Convertirme en un borracho fue la gota que colmo el vaso, mi familia me repudio y con ella el resto de la tribu.
-Y pensaba que mi vida ha sido un asco, joder con el indio, casi me están dando ganas de llorar.
-No es momento para tu cinismo Black, -le recrimino Second.-Déjalo hablar, ya llegara tu turno.
-¿Mi turno? ¡Y una mierda! No me pondré a gimotear delante de todos como esa nenaza.
-Luego llegaron las noticias, los blancos estaban destruyendo poblados sin ningún motivo. La indignación se instalo en nuestros corazones, tomemos las armas y nos preparemos para la guerra. Fue en esos tiempos cuando conocí a Akasha, ella me infundio ánimos, creía en mi. Su aprecio me dio fuerzas y me infundio valor. Los exploradores habían avistado un grupo no demasiado numeroso de mercenarios, ya habíamos tenido algunos desafortunados encuentros con los hombres de Rocco y aprendimos la lección, no podíamos enfrentarnos contra sus rifles en campo abierto. Pero estos eran pocos, menos de dos centenares y portaban lo que nosotros creímos eran carros cargados de armas y munición, un botín demasiado tentador para dejarlo escapar. Partimos a su encuentro cerca de un millar, mi hermano nos comandaba. Los alcancemos en una extensa llanura, confiábamos en nuestra gran superioridad numérica y en nuestra habilidad como jinetes. Cuando nos vieron se desplegaron colocando los extraños carros en línea. Ataquemos al galope aullando nuestros gritos de guerra, nos separaba media milla de ellos. No había recorrido medio centenar de metros cuando mi caballo callo al suelo muerto, era un jamelgo viejo y su corazón explotó, no había podido conseguir ninguna otra montura mejor. Rodé por los suelos, mis compañeros se alejaban rápidamente, corrí tras ellos pero me ganaban terreno a cada segundo. Entonces los que habíamos confundido con carros empezaron a escupir fuego, era la primera vez que veíamos cañones. Los vi saltar por los aires, los caballos encabritados los arrojaban al suelo, corrí hacia ellos con todas mis fuerzas mientras era testigo de la matanza. Una cortina de proyectiles me impidió avanzar mas, uno de los obuses cayo muy cerca y me lanzo despedido por los aires. Fue entonces cuando note que alguien me elevaba, subí a la grupa del caballo de Coca. Los supervivientes se retiraban en desorden a toda prisa.
Fue una carnicería, de un millar regresemos menos de tres docenas, la peor de las derrotas de la nación ahorapajote. Cuando lleguemos al poblado todos salieron a recibirnos entre ellos mi padre, buscaba desesperado a su primogénito pero solo se topo conmigo. Jamás me he sentido peor que en aquel momento, aquella mirada de decepción, no le hubiese importado lo mas mínimo que yo hubiese muerto, solo sentía dolor por mi hermano. Después corrió la voz de que me había comportado como un cobarde, que había evitado el enfrentamiento, nadie creyó mi versión de los hechos salvo Coca.- Quedo en silencio con semblante triste.-Coca…Que gran tipo. Hubieron muchas mas batallas, muy pocos triunfos importantes pero se me atribuían cada una de las derrotas en las que participe no importaban las victorias. Tan solo Akasha conseguía hacerme sentir bien, pero a ella le horrorizaba la guerra, meses mas tarde del desastre estábamos agotados, habíamos perdido toda esperanza de ganar aquella nefasta contienda pero estábamos decididos a morir luchando. Entonces los ancianos del consejo empezaron a perecer uno tras otro de forma extraña, también mi padre enfermo, muchos decían sin mostrar ningún rubor que era la vergüenza que sentía por mi lo que lo hizo enfermar, incluso yo llegue a creerlo. Entonces Coca me hizo llegar sus sospechas, él estaba seguro de que los chamanes estaban detrás de todo. No lo creí en un principio, intento convencer a otros y a los pocos días desapareció misteriosamente. Coca era mi único amigo aparte de mi amada Akasha así que lo busque y no pare hasta encontrarlo. Lo habían asesinado, halle su cuerpo en un agujero de una roca no muy lejos del campamento. También padre acabo muriendo, Javison, Ayleen y el resto de los chamanes habían convencido a la mayoría de los pocos que quedábamos de que debíamos rendirnos, que los mercenarios habían sido eliminados y que los soldados de la corporación nos tratarían con justicia. Yo estaba seguro de la traición de aquellos cabrones pero tuve miedo de acabar como el pobre Coca. Se firmo la paz y nos metieron en aquel agujero, en aquella mugrienta reserva. Akasha también acabo por darme la espalda y fue entonces cuando lo abandone todo y vine aquí, a seguir la lucha…Jajaja, que ridículo me siento. Soy un maldito fraude, un fracaso.
-Ese es tu miedo Negroe, temes el fracaso.
-¿Cómo no temerlo Secon? El fracaso me ha acompañado durante toda mi vida.
- Abandonaste la reserva solo, tuviste valor. El mismísimo espíritu del Caos te eligió como portador del hacha. Debes cumplir tu cometido. ¿O también quieres defraudarlo a él?
-Bah, deje la reserva para abandonarme a la muerte pero luego tuve miedo igual que después de que ardiera el Rock and Old.
-Pero el espíritu….
-Déjalo Secon, él no cree en mi, me aseguro que perdería nuevamente.
-¡Indio miserable!-Black nunca fue la mejor para infundir ánimos. –Ya has asumido tu nuevo fracaso. ¿Realmente piensas que merecías el aprecio de los tuyos? Te llamaban cobarde porque es lo que eres. No deseas pelear si no esconderte debajo de una piedra. Debiste darle el hacha a la muerta cuando te la pidió, ella es la única que realmente sabe lo que quiere de todos nosotros.
-No me veo con fuerzas para soportar otra derrota.
-La derrota es quedarse aquí indio estúpido.
-Puede que tengas razón.
Los seis miraron a su alrededor, quizás solo fuese una ilusión provocada por el deseo de que ocurriera pero la niebla parecía un poco menos densa.
-Bien el indio ya se ha desahogado, la idea de rebajarse ha sido tuya por lo que veo justo que el próximo en humillarse seas tú tipo raro. No queda ni una sola gota de licor en los alrededores, también yo quiero acabar con esto cuanto antes. Mierda, necesitare un trago si tengo que soportar tanta estupidez.
-Tienes un grave problema con la bebida Black aunque estoy seguro que ese no es tu miedo, tan solo el modo en que intentas esconderte de él.
-Eres todo un sabiondo Secon, te crees muy listo y no tienes ni idea de nada. A nada temo, tampoco a la soledad como insinuó antes la zorra mas joven. ¿Pensáis que eso me importa? La soledad es la constante de mi vida, es el camino que elegí a los diez años cuando tome la senda del odio, y tuve que hacerlo sola porque lo único que tenía en el mundo me había sido arrebatado. Mas adelante comprendí las palabras de mi maestro cuando me aseguraba que la gente como nosotros, como él y yo, vosotros no nos llegáis ni a la espuela de la bota. Decía que los que son como yo no podíamos permitirnos el lujo de tener amigos, que tarde o temprano nos traicionarían o lo que es peor, los veríamos morir entre nuestros brazos. Siempre me cabreo la manera que tenía aquel anciano de compadecerse de si mismo, claro que en aquellos tiempos yo era joven e impulsiva y confundía su sabiduría, su experiencia, con debilidad. En cierto modo, salvando enormes distancias, el indio me recuerda a él, aquí escondido en medio de ninguna parte, temeroso del pasado y aterrorizado por un futuro al que no quiere hacer frente. Quizás fue eso lo que me impulso a seguir al ahorapajote después de verlo por primera vez, estaba allí plantado como un pasmarote en la casa del usurero, tan solo tenía que alargar la mano para conseguir el botín pero es cierto que teme al fracaso, lo teme tanto que le impide dar un solo paso sin rumiarlo antes cuarenta veces y cuando por fin se decide su oportunidad ya ha pasado.
En ese momento todos alzaron la vista hacia el cielo, los graznidos de una bandada de patos los distrajo por un instante.
-¿y que te enseño tu “maestro” aparte de darle a la botella, vieja?-Dulce no podía permitir que la hubiese llamado zorra nuevamente sin darle la replica. Apenas se percataron de otra cosa aparte del ruido de los tres disparos, Black desenfundo en una centésima de segundo. Tres patos cayeron abatidos.
-Dadle las gracias a él por la cena de hoy.-Black había perdido su habitual sarcasmo, su tono cínico tomo un rumbo amargo, triste y desencantado.- Yo lo llamaba viejo, igual que vosotros lo hacéis ahora conmigo, nunca fui capaz de demostrarle mi cariño, porque realmente lo quería como al padre que “realmente” nunca tuve. Pero todo lo que me rodea muere de forma injusta.
-¿Que le paso a tu mentor? –Pregunto Negroe. Black se apartó el pelo de la cara dejando al descubierto su oreja izquierda, estaba mutilada, le faltaba el lóbulo. Nunca le enseño esto a nadie, no es que me importe la estética, es simplemente que lo considero la señal de mi fracaso. Roberto Reyes, ese era su verdadero nombre pero todos lo conocían como Texas Centella. Yo simplemente lo llamaba “viejo”. Mierda, mierda, necesito un trago con urgencia.
-Nunca he oído hablar de él.- Apunto Karmeta, el resto se encogieron de hombros.
-No hace mucho que lleguemos Zupia y yo de Utherverse, yo intentando encontrar una vida nueva y él me sigue como un perro a todas partes. No lo tomes a mal Zupia pero es así, perdona por como te trato, sé que no lo mereces pero es cierto, eres zalamero como un perro.-El muchacho no parecía molesto, en los meses que llevaba a su lado conocía a la borracha mejor que ningún otro en el mundo, realmente Black no tenía a nadie mas en la vida.- Centella me enseño a odiar a los perros a ser una loba. Todo es en sentido figurado claro esta, se refería a aquellos que venden su honor al mejor postor. El viejo fue toda una leyenda en el viejo continente.
-Te vas por las ramas Black, divagas, no has contestado a Negroe.
-Te haces poco de notar Secon, pero cuando lo haces eres un peso muerto. Lo mate, ya esta. ¿Es eso lo que queríais saber? Claro que ya lo imaginabais verdad. Pero las cosas no son blanco o negro, todo es mucho mas complicado de lo que desearíamos. Mi oreja es mi aprobado, un suficiente justito a todo lo que me enseño. Debía de tener mas de setenta años y estaba casi ciego cuando nos enfrentemos en duelo, él dijo que era mi examen final, que no dejaría que partiera en busca de mi destino si no estaba realmente preparada. Durante muchos años pensé que lo vencí debido a su ceguera, con el tiempo comprendí que se dejo ganar. Debió de pensar que si yo me daba cuenta no me esforzaría por superarme, por eso me voló la oreja.
-Secon la interrogaba con su fría mirada.-¿Centella era un pistolero?
-El mejor que jamás ha existido.-Pudo distinguirse nítidamente un claro brillo de orgullo en los ojos de Black.
-¿Y tu porque querías convertirte en una asesina? Indago con sincera curiosidad Dulce.
-Para llevar a cabo mi venganza. Para ser capaz de enfrentarme a mi verdadero padre.
-Eres un monstruo vieja.-Dulce le escupió las palabras a la cara.-Asesinar a tu propio padre,-Karmeta miro a su hermana con un claro gesto de desazón.- es cierto que todo a tu alrededor se seca y muere, eres una peste. ¿También acabaras con Zupia?
-No juzguéis si no conocéis todos los hechos, como bien dijo antes Black, las cosas no son solo blanco o negro, son los matices, los claro oscuros lo que les dan sentido.
-Gracias Zupia por tu ayuda pero no espero que ellos lo comprendan, a mi me costó treinta años hacerlo.
-¿Por qué habláis con crípticos? No me entero de nada-Negroe estaba confuso.-¿Tardaste treinta años en entender el que?
-Treinta años odiándolo por unos recuerdos confusos, responsabilizándolo de la muerte de mi madre para finalmente darle caza, matarlo por fin y sentir un vació.
-Una vez alcanzada tu meta tu vida perdió sentido, eso es algo muy normal. Tan solo hay que marcarse un nuevo objetivo y seguir adelante.
-Sigues sin entender nada Secon. Los he traicionado a todos, Centella me lo advirtió pero no le hice caso, vendí mi honor y mis pistolas al mejor postor. Trabaje para ratas inmundas que merecían la peor de las muertes y en lugar de eliminarlos a ellos asesine a hombres buenos, también a muchos indeseables pero esos no cuentan. Acabe con el “zarrapastroso” cuyo único delito fue ayudar a los demás en el intento de una vida digna y lo hice porque un gordo seboso cuya sola presencia me repugnaba me pago por ello. Me convertí en lo que mas detestaba mi maestro, en un perro al servicio de los poderosos. Sus enseñanzas cayeron en saco roto, lo mate para nada. Mi último crimen, mi última victima inocente fue mi propio padre, pero cuando lo comprendí ya era demasiado tarde.
-No entendemos nada, acabas de decir que buscabas venganza, que él mato a tu madre y ahora nos vienes con que acabaste con un inocente…
-¿Qué importa Negroe si tiene o no sentido? Lo único cierto es que no tiene arreglo. Centella aseguraba que acabaría sola, que todos los pistoleros tienen idéntico destino. Pero ya lo he dicho y lo repito, yo no soy como él, no temo a la soledad y me es indiferente si aparece por la puerta un imbécil al que no recuerdo en busca de venganza. Ni siquiera me importa la muerte, lo único que realmente me aterroriza…
Todos la miraban expectantes, la madeja se fue desenrollando poco a poco y por fin parece que habían llegado al otro extremo del hilo.
…Me he equivocado en todas y cada una de las decisiones que he tomado en la vida. Ese es mi miedo, no deseo participar en nada mas, tan solo beber y olvidar, no quiero errar de nuevo mi camino.
Zupia la abrazo, por las mejillas de Black se deslizaban lágrimas.
-No estás sola vieja, siento todo lo que te dije antes. Yo no te detesto, al menos no mucho. Seguro tuviste tus razones, no soy quien para juzgar tus actos todos nos equivocamos. La diferencia es que ahora estamos juntos en esto y si erramos el camino, como tu dices, lo haremos todos a una y con la cabeza alta.
-Joder Dulce hoy pareces la mas madura de todos nosotros, te sentó bien el estofado de culebra. Incluso Black rio la ocurrencia de Zupia. La niebla menguo visiblemente.
¿y tú Zupia? Es tu turno de restregarte por el lodo. ´-Dulce parecía disfrutar siendo el centro de atención pero prefirió pasarle la pelota a otro. Karmeta llevaba mucho tiempo en silencio intentando descubrir el próximo paso de su hermana, vigilándola, temerosa de quien sabe qué. Lo único cierto es que no se encontraba cómoda y a Secon no se le escapo el detalle. Estudiaba sus gestos con la intención de discernir los secretos que escondía bajo llave en su cabeza. La hermana mayor estaba tan enfrascada controlando a la menor que no reparaba en el interés que mostraba por ella el hombre de negro.
-¿Yo? Muy normalitos, mis miedos son arto comunes; la soledad, el dolor, la muerte…perder a Black y en este mismo instante confesaros algo.
Tomaron un súbito interés por lo que parecía les revelaría Zupia, en el fondo todos eran unos cotillas.
He estado rumiando unas ideas después de escuchar a Black, lo que conto de su maestro. No se quien o qué es lo que nos retiene aquí, pero parece que al igual que el viejo Centella a su pupila tampoco quiere dejaros partir si no estáis preparados para enfrentaros a lo que os espera ahí fuera, nada menos que plantar cara a la Corporación, un propósito de locos. He dicho “dejaros” porque por lo visto esa extraña fuerza no cuenta conmigo.
Los cinco lo miraban cada vez mas intrigados, no veían por donde quería ir Zupia
-Temía que si os lo contaba me rechazarías, que no me consideraríais uno de los vuestros.
-¿De que coño estas hablando Zupia? Claro que eres de los nuestros.- Negroe lo dijo muy en serio.
-No nos tengas en ascuas, déjate de rodeos y ve al grano.-Dulce estaba impaciente por descubrir lo que ocultaba el muchacho.
-Puedo salir de la niebla, podía desde el primer momento.- Lo soltó sin titubear, a bocajarro, como el que se arranca de un tirón el esparadrapo de una herida para hacer lo mas breve posible el instante de dolor.
-¿Puedes salir y me has tenido aquí sin una gota de licor? Como pretendes que te trate bien si tú eres capaz de torturarme de esa manera.
-No es precisamente alcohol lo que mas necesitamos ahora Black.-Negroe miro con semblante serio a Zupia.-Tenemos una pequeña fortuna ahí al lado, con lo que robemos al usurero podrías haber comprado provisiones para varios años y sin embargo hoy nos hemos zampado una asquerosa culebra.
-¿De verdad queréis pasaros años aquí? Además no quería dejar sola a Black.
-Puedo prescindir de tu presencia por unas horas sin morir de angustia cretino, lo que no soportaría es que regresaras sin whisky.
-No seas bruja Black, el muchacho se preocupa por ti mas de lo que mereces.
-No me extraña que te moleste que te llamen Dulce niñata, eres pura hiel.
-No empecéis de nuevo, Zupia tiene razón. De poco sirve que nos alimentara, no podemos resignarnos a permanecer eternamente en esta prisión y el hambre aviva el ingenio.
-El hambre también provoca alucinaciones tipo raro y por si fuera poco mata. Morir de inanición no es una expectativa que me atraiga demasiado. La desesperación te empuja a hacer locuras, Zupia no debió privarnos de esa pequeña esperanza. Yo opino que no hizo bien.
Secon no pudo rebatir los argumentos de Karmeta.
-En todo caso ya no importa, creo que vamos en el camino correcto.
-¿Eso piensas tipo raro? Pues por si no te has dado cuenta aun seguimos aquí.
-No seas derrotista hermanita. Creo Secon que ahora si es tu turno. Empezaste con esto, no seas tan vanidoso como para pretender ser el último, que se te ve el plumero, se te nota demasiado que vas de prima donna.-Dulce rio a carcajadas, a Secon no se le ocurrió de donde pudo sacar lo de prima donna pero estaba seguro que la muchacha ni siquiera tenía claro lo que había dicho.
-Todos sabéis que no guardo recuerdos mas que de el pasado inmediato, mas halla de unos meses atrás mi vida es un misterio. Eso me atormenta, temo ser un monstruo.
-Yo nunca he estado con un hombre.
Lo soltó así sin mas, Dulce estaba tranquila sentada en el suelo asando en la lumbre una patata que había pinchado en un palo. Todos la miraban con la boca abierta, sobre todo Secon al que había interrumpido. Karmeta empezó a dar señales evidentes de preocupación.
-¿Qué pasa, por que me miráis así? Me quede con hambre y aún nos quedan bastantes patatas.
-No Dulce…lo otro, lo de que nuncaaaa… -Negroe parecía divertido.
-Mi madre murió al darme a luz, Karmeta y yo hemos vivido solas con mi padre en un rancho en mitad de la nada. Apenas pasaba nunca nadie por allí y los que pasaban…Bueno ya sabéis, se “marchaban” enseguida.
-¿Se marchaban? ¡Que poca vergüenza! Podrías haberte estrenado con alguno, algo así como la última voluntad del condenado antes de que lo mandaras al otro barrio.
-Claro, tú no lo entiendes Black. Así sobrevivíamos, una existencia muy dura te lo aseguro. Es lo que nos enseño padre, para nosotras era de lo mas normal.
-¡Calla Dulce, no sigas! –Le ordeno Karmeta.-A estos no les importan las circunstancias, nuestra vida es cosa nuestra.
-Entonces Karmeta tampoco…-Negroe no disimulo el retintín de su tono.
-Debo sincerarme hermanita, ese es el trato, la manera de salir de aquí.
-Rebájate cuanto quieras, yo no tengo porque escuchar esto.-Karmeta se apartó a un rincón muy cerca de la niebla dándoles la espalda.
-¿Te dan miedo los hombres? ¿Es eso lo que quieres decir Dulce?
-Mira, aquí tienes tres hermosos ejemplares niñata. -Black los miro con claro desprecio.-Los hombres son todos iguales, de ideas fijas. Puedes predecir todos sus movimientos, por eso es tan fácil acabar con ellos.
-No Zupia,-le contesto sin hacer caso de las palabras de la borracha.-lo que me da miedo es no saber que hacer, como actuar si estoy con uno.
-Jajaja. Que te enseñe Secon, si es capaz de empalmarse con la muerta seguro que ni a ti te hace ascos.
-Tu has debido de estar con muchos Black, quizás algún día te pida consejo.
-No soy una zorra.
-No quise decir eso, siempre estas a la defensiva. Relájate, aunque no lo creas no soy tu enemiga.
-¡Bah!.-Refunfuño Black cruzándose de brazos. –Que te ponga al día Zupia entonces, si vamos a ser amigas debemos empezar a compartirlo todo.
La niebla apenas había disminuido, continuaba densa y opaca. Tan solo faltaban Secon y Karmeta y las cosas no habían mejorado.
-¿Porque piensas que puedes ser un monstruo? Desde que te conozco siempre has sido honesto, respetas la vida y tu ética esta casi a la altura de la de un santo. ¿No entiendo por qué te uniste a mi? Pretendo comenzar una guerra, matar a muchos, llenar Pueblo Secreto de viudas y huérfanos. Sin embargo tú abominas de la violencia. No puedes haber sido un monstruo Secon, no se cambia tanto de la noche a la mañana.
-Escape de Pueblo Secreto porque me asqueaba lo que veía a diario, pude haber intentado intervenir pero tuve miedo. ¿Qué puede hacer un hombre solo? No comparto tus métodos Negroe, pero cuando las leyes no te respaldan, el poder es corrupto y opresor, la palabra no es una buena moneda de cambio, tan solo dejan la alternativa de la violencia. Cuando llegue aquí te observe durante cinco días. Estabas solo, arrojando botellas a las ratas, incluso ellas parecía que se te reían, eras tan patético que me vi reflejado en ti, en tu amargura.
-Gracias Secon , yo también te quiero.-Le respondió el indio en tono sarcástico.
-Lo peor es que siento que me estoy muriendo.
-Supongo hablas en sentido figurado.
-No amigo mio, las fuerzas me abandonan, día a día me siento mas débil.
-Pues cualquiera lo diría, aun me duele la mandíbula del puñetazo que me propinaste en el desierto y de eso hace semanas.-Desde su apartado rincón Karmeta seguía la conversación pero al igual que una niña pequeña seguía enfurruñada.
-Nadie repara en mi, ni siquiera tus ratas me hacían caso, es como no estar vivo y por si fuera poco esta lo de los muertos. ¿Que demonios soy en realidad? No sé que me da mas miedo, descubrirlo o abandonar el mundo en la ignorancia de mi mismo.
-Pues tendrás que averiguarlo pronto o lo único seguro es que morirás aquí y yo no quiero acompañarte.
-Ninguno moriremos aquí Black. Secon,-le dijo Zupia.-No importa lo que hiciste en el pasado, todos aquí estamos intentando escapar de él de alguna forma. Tampoco yo soy un ángel, cometí errores como el resto. Tanto te han repetido que eres ave de mal agüero que has acabado por creerlo. No se porque aseguras estar muriéndote, yo te veo robusto y sano. Creo que tu estado anímico es lo que te debilita. No temas reconocerlo, tan solo buscas la compañía de otros seres humanos, su amistad y ahora nos tienes a nosotros.
-Os doy miedo, no me aceptáis, tan solo me toleráis.
-Ya nos has escuchado a todos y ninguno de nuestros temores eras tú, desde el primer momento te tendí mi mano pero desconfiabas de mi sinceridad. Te la ofrezco de nuevo, no la rechaces, créeme cuando te aseguro que te considero mi amigo.
Negroe y Secon se estrecharon la mano. También Zupia le alargo la suya, Black por su parte asintió con un gesto y Dulcineaxx le dio un efusivo abrazo.
-Que tierno, una imagen conmovedora pero parece que finalmente tu experimento no ha funcionado, la niebla sigue ahí, espesa como el aliento de un búfalo. Yo no soy una hipócrita como el resto de babosos. La verdad Dulce es que me has decepcionado, me das la espalda para correr junto a esos marginados. Te lo digo a la cara, eres un monstruo Secon, una abominación de la naturaleza, no pueden explicarse de otra manera tus extrañas “virtudes”. No te quiero cerca de mi ni de mi hermana.
Karmeta alzaba la voz para ser escuchada desde su rincón.
-Tengo que hablar a solas con ella, os lo agradeceré si os alejáis lo máximo posible.
-Ten cuidado con mi hermanita Secon, intenta que no te mate. Guarda un cuchillo en la bota y el otro mejor te lo imaginas tú solito.-Dulcineaxx rio pero el brillo de sus ojos no acompañaba a su sonrisa.
-No te preocupes guardare las distancias y si veo que se rasca saldré corriendo.
Lo miraba amenazante al tiempo que le apuntaba con su rifle.-No te acerques mas o esparciré tus sesos halla donde ni los buitres puedan llegar.
-Hablemos, después podrás dispararme si lo deseas.
-Prefiero hacerlo ahora, ya hablaremos luego. No bromeo, quédate donde estas.
-Como quieras pero entonces tendremos que gritar y todos nos oirán. También Dulce.
-¿Qué tiene que ver ella en todo esto?
-Dímelo tú.
Karmeta bajo su arma. –Si la conversación no es de mi agrado te largas, tienes cinco minutos tu presencia me incomoda.
-De acuerdo, cinco minutos.
Los demás los observaban y agudizaban el oído intentando escuchar lo que decían pero estaban demasiado lejos y aquellos dos hablaban casi en susurros. Ambos se habían sentado en el suelo dándoles la espalda.
-Quieres mucho a tu hermana ¿verdad?
-Solo nos tenemos la una a la otra, siempre cuide de ella. ¿Qué te importa a ti eso?
-Vivir en un lugar tan solitario con vuestro padre ha debido ser muy duro, sin contacto con nadie mas, salvo aquellos a los que asesinabais claro.
-¿A dónde quieres llegar?
-¿Queríais a vuestro padre?
-Cuando lleguemos al rancho tras nuestro desafortunado encuentro. Lo encontremos colgado de una viga, aunque incinerado pudimos distinguir que lo habían desollado. Conociendo las tendencias de los salvajes comprendí que lo despellejaron vivo. No quedaba nada, solo escombros y cenizas, nuestro pequeño mundo había desaparecido. Dulce lloro durante varios días, ella quería a mi padre. Luego decidimos aceptar la invitación que nos hizo el indio y nos reunimos con vosotros.
-¿Y tu que sentiste?-Karmeta quedo en silencio, apunto estuvo de concluir la entrevista pero algo la impulso a contestar.
-Me alegre. ¡Dios como me alegre! Me sentí libre, no solo por poder escapar del rancho por fin. –El odio nublaba su mirada.-Solo de pensar en todo lo que le debieron de hacer sufrir los pies sucios me llenaba de jubilo, disfrute pensando en como lo habían torturado, regocijándome en los detalles, imaginando que eran mis manos las que arrancaban su piel. Dulce lo quería, no debe saber nunca todo lo que tuve que hacer para mantener alejadas de ella las manos de aquel cerdo. Siempre he cuidado de ella, no permitiré que nadie la haga daño. Bien ya lo sabes todo, no quiero perderla, no lo soportaría.
-Claro, es normal. Es tu hermana.
-Mi hermana claro.
Secon la miro fijamente a los ojos, unos segundos de angustioso silencio.
-Pero tu no la quieres como a una hermana.-Karmeta quedo muda.-He visto como la miras, los celos que te provoca Zupia, tu rechazo a los hombres es evidente.
-¡CALLA LOCO!- Todos la escucharon gritar.
-Sigue protegiéndola y apártate de ella, deja que viva su vida. Hazte a un lado antes de manchar tus manos de vergüenza como se ensuciaron las de tu padre. Lo sabes, sabes que tengo razón, si no quieres perderla definitivamente debes asumir que lo que deseas es imposible.
Karmeta bajo la cabeza, la culpa la consumía.
-Ni ella ni nadie lo sabrá nunca, salvo de tus labios. Tu decides.
Se escucharon gritos de júbilo, la niebla había desaparecido por fin. A lo lejos se veía como se acercaba una caravana con varias decenas de colonos. Negroe se entusiasmo al reconocer a la que los guiaba, no contaba con volver a verla, Berbuscona había cumplido su promesa. También Secon se topo con un antiguo conocido.
-Saludos Orcanario. ¿Dónde dejaste a los soldados?
-Saludos Secon.
 
El retorno del caos.

Las cosas en Pueblo Secreto habían empeorado notablemente desde que Residual fue nombrado gobernador en reconocimiento a los servicios prestados a la Corporación. (Y gracias a la mediación, claro esta, de su bien amado tío el general Arturo). No tardo en mostrar su verdadero rostro y el “héroe” que acabo con la rebelión de los pies sucios resulto un tirano despiadado. Su reinado del terror se extendió como un reguero de pólvora de Norte a Sur. Pronto se tuvieron que construir nuevas cárceles que no tardo en abarrotar con disidentes, descontentos o con pobres desgraciados que hicieron comentarios desafortunados en el lugar equivocado.
Las ejecuciones sumarísimas eran diarias y las afueras de ciudades y pueblos se llenaron de fosas comunes en las que reposaban los restos de los desaparecidos. Los cuarenta rangers que formaron la compañía de castigo contra los indios se convirtieron en su particular guardia pretoriana y al frente de ellos puso a la sádica y despiadada Analfataya. Incluso los propios guías lo temían y compartían con él parte de los beneficios ganados con sus chanchullos temerosos de caer en desgracia. La corrupción era generalizada, una gangrena que lo pudría todo sin que desde Utherverse nadie moviera un dedo para atajarla. Los cargamentos de droga amarilla seguían llegando regularmente y en las cantidades convenidas al viejo continente y eso es lo único que interesaba a la Corporación. Miles de colonos eran despojados de sus posesiones y obligados a partir hacia las áridas tierras del Sur donde no era rentable el cultivo de la maldita droga amarilla, los que decidían quedarse no tenían otra opción que trabajar por un salario miserable en las plantaciones de los terratenientes, todos ellos guías y hombres de Residual, él era la verdadera cabeza de la serpiente.
Las obras de reconstrucción del Rock and Old avanzaban con paso firme, los recién llegados se pusieron manos a la obra enseguida, crearían allí su nuevo hogar. Empezaron a cultivar los márgenes del pequeño rio y todos compartian el poco ganado y aves de corral que trajeron consigo. Los materiales y herramientas que no compraban con el dinero robado al usurero lo “requisaban” en las partidas que Negroe y los suyos organizaban de vez en cuando. Cada día se instalaban mas exiliados, la noticia de la existencia de aquel refugio llegaba a los rincones mas alejados del continente y muchos partían hacia allí dejando atrás su miseria con la esperanza de rehacer su vida en un lugar donde todos eran iguales y estaban a salvo de rangers y guías. Pero las condiciones de vida no eran idílicas, había que trabajar duro, cultivar la tierra, cuidar el ganado que aumentaba en número día a dia gracias a las “expropiaciones” que hacían a los grandes ganaderos.
Black Velvet estaba feliz, ahora ella era el maestro y adiestraba en el manejo de las armas a los colonos, zupia a su vez no cabía en si de gozo al verla tan contenta y alejada de la bebida, bueno, alejada en la medida de lo posible. Negroe organizaba los saqueos y los ataques a las plantaciones de droga que incineraban hasta no quedar ni una brizna, ni una simiente de la ponzoñosa planta. Seconfunde desaparecía durante semanas, a su regreso ponía a todos al corriente de lo que ocurría en Pueblo Secreto, casi nunca eran buenas noticias, los colonos sufrían por la suerte de sus familias y conocidos por lo que no paraban de atosigar al hombre de negro con preguntas sobre la suerte de sus seres queridos, jamás llego a pensar que su presencia fuese la mas deseada en aquel campamento. Karmeta y Dulce seguían siendo inseparables, eran buenas cazadoras y ese era precisamente su cometido. Berbuscona se ocupaba de las tareas administrativas, resulto ser una excelente chupatintas. Orcanario, el periodista recién llegado no se separaba nunca de sus libretas en las que hacia una crónica detallada de todo lo que acontecía.
El Rock and Old se había convertido en un grano en el culo de la Corporación pero estaban demasiado apartados y a Residual no le preocupaban, él estaba ocupado entregándose a una vida de vicio y a su enfermiza megalomanía digna de ancestrales y enajenados emperadores romanos.
Desde lo alto de la colina dos figuras observaban el ajetreado va i ven de la nueva comunidad, el Rock and Old por fin estaba casi acabado.
-No son mas ke unos pokos kolonos, agricultores y criadores de cerdos, ni tan solo saben luchar. ¿Es con eso con lo que kieres espulsar a la Corporación? Míralos, son blancos, son el enemigo.
El gran guerrero no miro a la fantasmagórica figura de Niña de Pus, su aspecto continuaba siendo formidable pero desde su encuentro con el viejo ahorapajote el Espíritu del Caos se había debilitado visiblemente. Estaba mucho mas viejo y empezaba a encorvarse.
-Esto es Tierra de Nadie-comenzo a hablar-hay para todos si la respetamos. Estos no son mas que el comienzo, vendrán muchos mas.
-No pueden ganar, cientos de miles de los nuestros no lo konsiguieron. ¿kómo podrán hacerlo tan pokos?
-Ganaremos tiempo.
Niña de Pus miro al Caos con sus ojos sin vida.-Precisamente es de tiempo de lo que careces, te estas muriendo.

Manzanas podridas.
 
Alrededor de el Rock and Old parecía haber brotado de la nada un pequeño pueblo, los colonos no dejaban de llegar en un goteo constante y el ajetreo diario era frenético. Todos contribuían construyendo nuevas viviendas para los recién llegados y los pilares del nuevo asentamiento se hacían cada vez mas firmes pero Negroe se sentía defraudado. La gran mayoría eran gentes humildes que buscaban un lugar donde vivir en paz con sus familias y aunque todos estaban profundamente resentidos con la Corporación no parecían dispuestos a empezar una guerra. Lo comprendía, algunos ponían empeño en las lecciones de Black pero por mucho que se esforzaran nunca serian guerreros. Tan solo una veintena de hombres y mujeres con verdaderas ganas de luchar, eso es todo lo que realmente tenía hasta ahora.
Orcanario corrió a recibirla, las cosas debían de haberle ido francamente mal cuando había acabado allí pero el periodista no pudo ocultar su alegría al ver llegar a su amiga.
-Parece que finalmente lo han conseguido.
Justine empezó a soltar un torrente de improperios, su incontinencia verbal apenas podía ocultar su amargura.
-Ese hijo de mofeta y la zorra gorda no se conformaban con arrebatarme mi negocio, querían encerrarme en un agujero y tirar la llave, me ha ido de muy poco, he llegado con lo puesto. Gracias a tus cartas he sabido de este lugar, pero ese tipo que me las trajo…-un escalofrío la hizo tiritar durante un instante.-…prrrruff, se me ponía la carne de gallina tan solo con verlo.
-Secon es un buen tipo, puedo presentártelo, veras como en realidad no provoca tanta grima.
-Deja, deja, prefiero enfrentarme cara a cara a Residual y a Analfataya antes que mirar de nuevo el rostro de ese…ese lo que sea.
-¿Tan mal están las cosas por Pueblo Secreto? Eras la última persona que esperaba se doblegara ante los guías.
-¿Los guías? Esos son corderitos asustados que comen de las sobras que deja Residual. Ahora él y la zorra gorda son los auténticos dueños de todo. Nadie esta tan loco para enfrentarse a ellos y a sus cuarenta sicarios.
-¿La zorra gorda?
-Si la psicópata de Analfataya, ella es su mano ejecutora, la comandante de los rangers. ¡Se supone que esos cabrones debían de protegernos! ¡Maldita chusma, no son mas que vulgares ladrones!
Negroe regresaba en esos momentos de la última incursión, las cosas no habían ido bien. Habían asaltado una comisaria, tan solo consiguieron unos pocos rifles, a cambio habían perdido a una muchacha. Demasiado joven para morir, pensaba el ahorapajote, con cada baja el indio se cuestionaba si realmente todo aquello valía la pena. Por otro lado habían liberado de las celdas a cinco individuos con apariencia de saber como empuñar un revolver, no dudaron en unirse a la partida. Les indico la casucha donde Berbuscona tenía su oficina.
-Hablad con la mujer rubia,- les dijo a los cinco recién llegados.-ella os buscara un alojamiento provisional y os suministrara todo lo necesario para que podáis instalaros lo mas cómodamente posible. Bienvenidos al Rock and Old.
Orcanario lo llamo nada mas verlo.-Negroe quiero presentarte a una buena amiga.-Justine cogió del brazo al periodista y le susurro asustada al oído.
-¿Estas loco? Es un salvaje, no quiero saludar a un cazador de cabelleras.
-Tendrás que dejar fuera del pueblo tus prejuicios si quieres vivir aquí Justine, en este lugar no existen diferencias entre blancos, negros o pieles rojas, todos trabajamos por el bien común. También a ti te tocara doblar el lomo, lo siento pero aquí no hay sabanas de seda. -Negroe descendió del caballo junto a ellos y saludo a ambos.
-Tienes unas amigas muy guapas leguleyo.
-¡Soy periodista no abogado, estoy arto de repetíroslo!
-Lo se, pero me gusta ver como te mosqueas.-Le tendió la mano a Justine no le fue difícil notar que la mujer se sentía incomoda en su presencia.
-Bueno, es un placer tenerte entre nosotros…
-Justine, mi nombre es Justine.
-El mio es Negroe, Orcanario seguro esta encantado de buscarte un techo y una ocupación yo ahora tengo que darles una mala noticia a los Mulligan. Si necesitas algo no dudes en hablar conmigo o con Berbuscona, la encontraras en aquella oficina.-El indio señalo la destartalada choza.
-¿Elfaeva…?
El ahorapajote agacho la mirada y Orcanario no hizo mas preguntas.
Los cinco ex convictos entraron en la cabaña, sentada al otro lado de una vieja mesa repleta de papeles amontonados se encontraba Berbuscona elegante y glamurosa como siempre.
-Perdonad por el desorden, últimamente se me acumula el trabajo. ¿Alguno de ustedes tiene algún tipo de experiencia en administración? Me vendría bien algo de ayuda. –Alzo la mirada y los vio, comprendió lo estúpido de su pregunta. Los rostros patibularios de aquellos tipos la intimidaron, ella se consideraba una mujer dura pero sintió miedo. Algo en aquellos individuos le trajo recuerdos, recuerdos muy desagradables.
-Un asqueroso indio nos dijo que hablásemos contigo, que nos proporcionarías lo que necesitáramos.
-De momento tendré que alojaros en los establos, lo siento. Estamos construyendo unos barracones pero hasta acabarlos no dispongo de nada mas.-El mas alto parecía ser la voz cantante del grupo, de tez morena y constitución atlética pero barbilampiño lo que le daba una apariencia algo aniñada, infantil pero perversa.
-Eso no nos importa rubia, limítate a indicarnos donde esta el saloon y donde conseguir droga amarilla. Quizás mas tarde te haga una visita, tienes pinta de necesitar un buen polvo.-Los demás rieron como si fueran una mera comparsa. Berbuscona estaba acostumbrada a tratar con sabandijas como aquellas pero el barbilampiño tenia algo en la mirada que la helaba la sangre, su cínica sonrisa, era como si él la conociese.
-El Rock and Old es el edificio mas grande, lo reconoceréis fácilmente, allí podréis beber hasta reventaros el hígado. También tenéis todo el peyote que queráis pero no encontrareis droga amarilla en toda la colonia. No deis problemas, si lo que buscáis es liberar adrenalina hablad con Black Velvet, os ayudara a descargar tensiones con sus entrenamientos.
-Quizás le haga una visita a ella también, podemos descargar tensiones los tres juntos.-A una señal del cabecilla todos se dirigieron a la salida. Berbuscona los detuvo alzando la voz.
-Me es indiferente si son falsos pero necesito nombres que inscribir en el registro.-El barbilampiño se giro y le clavo su sucia mirada.
-Mi nombre es Zinue, gravatelo bien en tu cabecita de chorlito.
Aquella noche todos estaban de fiesta, la música sonaba en el Rock and Old, unos bailaban al compas de la improvisada banda formada por algunos colonos que tocaban alegres melodías. Muchos preferían beber hasta perder el sentido, el local estaba abarrotado, casi todo el mundo estaba allí. Secon acababa de entrar y permanecía quieto en la puerta, buscaba a alguien con la mirada, demasiada gente. Por fin la diviso, estaba lejos de la barra en un apartado y oscuro rincón. El hombre de negro se acercó a ella intentando no empujar a quienes se cruzaban a su paso, pasaba muy cerca de ellos e incluso se topaba con algunos pero nadie parecía fijarse en él. Atravesó toda la sala como si se tratara de un fantasma, sin saludar a nadie, finalmente llego junto a Black Velvet, tampoco ella reparo en un principio en su presencia.
-¿Qué están festejando?
Black se sobresalto al escucharlo, lo miro enojada.-Tendremos que ponerte un cencerro como a las vacas para saber por donde andas tipo raro, me das unos sustos de muerte.-La pistolera se fijo en las pequeñas alforjas que portaba Secon, eran en las que solía llevar el correo de los colonos cuando salía de viaje hacia la capital.-Se sienten a salvo aquí, supongo que es un buen motivo de celebración.
-Yo creo intentan olvidar su miedo, he estado hablando con esa amiga del periodista, lo que me ha dicho no es nada alentador.
Black señalo las alforjas.-¿Por qué tanta prisa por escapar de nosotros? Relájate, únete a la fiesta , pídele de bailar a alguna jovencita. Pueblo Secreto no se moverá de donde esta en una noche.
-No podemos taparnos los ojos e ignorar la realidad. ¿Cuánto crees que tardaran los rangers en atacarnos? Puede que no seamos un serio problema pero Residual no tolerara nuestra existencia, socábamos su autoridad y comprometemos su reino del terror. En cierto modo somos la única pequeña esperanza de muchos y sus miradas siguen expectantes todos nuestros movimientos. Es primordial que estemos enterados en todo momento de sus intenciones, si nos ataca no podríamos hacerle frente, no ahora y mucho menos si nos coge por sorpresa.
-Siempre tan pesimista, luego te quejas de que te llamemos ave de mal agüero. Tienen derecho a divertirse, a olvidar por unas horas la espada de Damocles que se cierne sobre todos nosotros. ¿De que otra manera podrían seguir adelante?
-Tú no pareces divertirte mucho Black. Hay buen brandi y Bourbon, si algo no nos falta es bebida. También puedes bailar con un jovencito. –Dio un rápido vistazo a su alrededor.-No veo a Zupia.
-Lo tienes justo delante de tus morros restregándose con la hermanita psicópata.-Ahora si lo vio, Zupia y Dulcineaxx bailaban pero el termino “restregarse” era claramente exagerado.
-No tienes ningún motivo para estar celosa de Dulce, Zupia te adora y no creo que la muchacha tenga un interés real en él.
-Si piensas eso es que estas ciego, dices que eres un buen observador pero en este tipo de cosas no te enteras de nada. Pero no me importa, que se lo quede si quiere, me quitara de encima un autentico lastre.
-Me entero lo suficiente como para darme cuenta de que te preocupas por nada.-Secon sonrió en una sincera muestra de afecto.-El hecho de que estés tan atenta y sin una copa en la mano te delata, pero tranquila, se guardar un secreto.
-Imbécil.-Black se lo soltó sin convicción.-Suelta lo que has venido a decirme, no creo que estés aquí solo para saludarme y reírte de mi.
El hombre de negro clavo sus ojos en otra pareja, Justine bailaba con Zinue. Quedo ausente un segundo y devolvió la mirada a Black.-Parto en seguida, pero necesito pedirte algo. Estoy preocupado por el indio, últimamente escucho comentarios inquietantes, parece que a algunos la presencia del ahorapajote les resulta mas que molesta. Temo que pueda pasarle algo.
-Negroe sabe cuidarse solo, no necesita de una niñera.
-Ambos sabemos que eso no es cierto. Nadie aquí esta mas capacitada para cuidarlo, eres la “mami” del grupo.-Black le dirigió una mirada asesina.-Bromas aparte, la amenaza es seria créeme, no lo pierdas de vista y sobre todo que no se dé cuenta de que lo proteges, a un indio le duele mas el orgullo que un disparo en el estomago.
-¿Alguien mas debe enterarse de esto?
-No, confió en tu discreción. Tenemos el enemigo en casa pero no debe saber que lo hemos descubierto, desconfía de los recién llegados. Debo irme ya, los colonos necesitan saber de los suyos y yo enterarme de los planes de Residual.-Black no dejaba de observar a Zupia y Dulce, Secon se dio cuenta de ello.-Parece mentira, a veces te comportas como una cría, el muchacho solo se divierte, sácalo a bailar en la próxima pieza.
-¡Que se valla a la mierda, yo me acercare a por una copa!
Atrás quedaba el asentamiento, aun era audible la alegre música. Secon se alejaba de todos, se sentía terriblemente solo. La luna estaba enorme flotando en el cielo rodeada de estrellas. A la memoria le vino el recuerdo de otra noche que parecía ya muy lejana. ¿Fue realmente un sueño? Una nueva duda pesaba como una losa junto a todas las otras que atormentaban al hombre de negro.-¿Dónde estará ahora la pies sucios? ¿Por qué no puedo dejar de pensar ni un instante en ella?-Por mas que lo intentaba no podía quitársela de la cabeza y las imágenes de aquella noche lo acompañaron durante el largo camino.

La fiesta continuaba, Berbuscona y Orcanario charlaban amigablemente en una mesa cuando Black se presento ante ellos tambaleándose y farfullando sonidos ininteligibles, estaba totalmente borracha.
-Ese monigote lleva toda la noche pavoneándose ante la pequeña asesina y ahora me viene con que me ha escrito un poema.-Portaba un papel arrugado en la mano.-Quiero que también vosotros disfrutéis de su talento.-Se le trababa la lengua y era difícil entenderla, se balanceaba de un lado a otro pero sujetaba el manuscrito con pulso firme. Zupia llego tras ella con mirada suplicante, lo plasmado en el papel eran sentimientos muy íntimos. ¿Por qué nunca encontraba el momento apropiado para poder expresárselos a Black? Se sentía mas culpable que avergonzado. La pistolera sujeto en alto el papel situándolo a la altura de la mirada y en un gesto teatral hizo el ademan de empezar a leer pero en lugar de eso quedo inmóvil y en silencio, solo sus ojos se movían siguiendo las frases. Finalmente hizo una pelota con el papel y lo arrojo al suelo alejándose hacia un rincón apartado de todos. Zupia no la siguió, marcho en dirección contraria hacia la barra del bar.
Berbuscona se levanto, se acercó al lugar donde estaba el papel arrugado y lo recogió con disimulo, regreso junto a Orcanario y tras desplegarlo lo leyó mentalmente, lo guardo en un bolsillo con cuidado.
-Ahora regreso.-Le dijo al periodista y se acercó a Zupia. Le devolvió el poema.-No se si debí leerlo perdona mi curiosidad, no pude resistirme.
-No te preocupes, no me importa.
-Es muy hermoso lo que escribiste, lo digo en serio. Perdona de nuevo por entrometerme pero creo que ella no merece tu cariño. Apenas la conozco pero veo el desprecio con el que te trata. ¿Qué ve alguien como tú en esa mujer insensible y amargada? Además, sin ánimo de ofender, casi podría ser tu madre.
-Es cierto…Tú no la conoces, no sabes lo frágil que realmente es, lo vulnerable que se siente y lo maravillosa que puede llegar a ser cuando el veneno de la bebida no nubla su mente. Es culpa mía, no debería acosarla tanto, tendría que respetar mas su libertad y no pretender que ocupe todo su tiempo conmigo.
-Es una palurda, cualquier mujer se sentiría afortunada de tener a su lado a alguien que sienta por ella lo que tú escribiste en ese papel, sin embargo lo arrugo y lo lanzo al suelo, arrojo tus sentimientos a la basura. Es cruel, no sé que puede tener de maravillosa.
-Yo la enseñe a leer-por un instante el rostro del muchacho se ilumino al recordar la escena.- ponía el interés de un niño que descubre un mundo nuevo, hasta este momento su historia esta escrita con la pluma del odio mojada en sangre. No sabe sacar al exterior el cariño que necesita compartir porque nunca recibió afecto de nadie. Ella es sensible y tierna pero lo oculta, cree que eso la hace parecer débil y es algo que en el tipo de vida que ha llevado no se podía permitir, al menos eso es lo que ella cree. Lo niega, moriría antes de reconocerlo, pero la soledad la aterra casi tanto como volver a equivocarse.
-¿Volver a equivocarse?
-Es una larga historia, quizás en una mejor ocasión te la cuente, ahora no me encuentro con fuerzas para nada, no le digas que hemos hablado de esto, se sentiría humillada.-Berbuscona dirigió la mirada hacia el rincón donde permanecía semioculta la pistolera.
-Me ha conmovido mucho tu poema, a ella también le ha gustado.
-¿Cómo puedes saber eso?
Bebuscona tenia una visión explendida y había advertido el detalle-Porque esta llorando.-Sintio envidia de Black y apunto estuvo de no decirlo.- Ve con ella, te necesita.
Zupia salió corriendo en busca de Black y Berbuscona regresaba junto a Orcanario cuando noto una dolorosa presión en su brazo derecho, alguien la había agarrado con fuerza, con un violento tirón se libro de la tenaza y se giro para encontrarse de cara con la malévola sonrisa de Zinue.
-Sigues teniendo demasiados humos rubia. No se que demonios haces en este asqueroso lugar tan lejos de los lujos que tanto te gustan. Aquí no hay de lo que puedas sacar tajada. ¿O si? No deberías ocultarme nada, juntos podríamos hacer grandes negocios, ya sabes, a rio revuelto ganancia de pescadores y el rio ahora esta a punto de desbordarse.
-No se de lo que me estas hablando, no te conozco de nada.
-Es normal que no recuerdes al bueno de Zinue, pero él si te recuerda perfectamente. ¿Tus nuevos amigos saben quien eres realmente? Estoy seguro que les interesara mucho averiguarlo, sobre todo a ese apestoso indio.
-¡Déjame en paz, te repito que no se quien demonios eres ni de lo que me estas hablando!
-Nunca mirabas a la cara a los que considerabas purria, pero éramos nosotros los que amasábamos tú fortuna señora…-Hizo un intervalo de dos segundos para que sus palabras tuvieran un aire mas perturbador.-…perdón por mi falta de respeto, corrijo: Doña "todopoderosa" directora ejecutiva.-Berbuscona se quedo blanca, en ese momento apareció Orcanario que hacia rato seguia la escena desde su mesa aunque no pudo escuchar nada.
-¿Te esta molestando ese tipo Berbus? Zinue miro divertido al periodista al que sacaba mas de una cabeza de altura.
-¿Ahora te rodeas de alfeñiques? Hablaremos en otro momento rubia, quiero mi parte del pastel o are que se te atragante la tuya.-Empujo violentamente a Orcanario y este casi pierde el equilibrio, Zinue regreso con Justine.
-¿Tienes algún problema con ese tipo? Me revuelven el estomago estos matones.
-No te preocupes, solo fue un mal entendido, con todo es una suerte que apareciera mi caballero de brillante armadura para rescatarme en el momento justo.-Berbuscona rio a carcajadas y el periodista saco pecho henchido de orgullo, no pudo percatarse de el semblante sombrio que adquirió la cara de Berbuscona al darle la espalda.
Negroe permanecía alejado del alboroto en el exterior del Rock and Old, echaba de menos a los suyos, entre los colonos había buenas gentes y tanto a Secon como al resto del grupo primigenio los consideraba lo mas parecido a una familia que podía tener. Con todo se sentía un extraño en su propia tierra, la reserva de los ahorapajotes estaba a muy pocas millas de allí y no pasaba un minuto sin que tuviera la tentación de visitarlos, pero temía no ser bien recibido. ¿Cómo estaría Akasha? ¿Se habría olvidado por completo de él? Permanecía con la mirada fija en las hipnóticas llamas de la hoguera, ensimismado en sus pensamientos por lo que no se percato de las figuras que se acercaban sigilosamente por su espalda hasta que no fue demasiado tarde.
Zinue se frotaba contra Justine en algo que se asemejaba mas a un rito de apareamiento que a un simple baile cuando uno de sus compinches se le acerco a decirle algo al oído. El barbilampiño sonrió y le hizo una seña para que regresara a lo que quisiera que fuera lo que estaba haciendo antes. Aparto de forma brusca a su compañera y se dirigió a la tarima donde tocaban los músicos. Justine miraba contrariada como se alejaba de ella, semejante desprecio la hizo montar en cólera pero se mordió la lengua. Zinue hizo parar la música y levantando los brazos y la voz exigió la atención de la concurrencia.
-Estamos pasando todos una fantástica velada, yo y mis compañeros nos sentimos dichosos de poder formar parte de esta fantástica comunidad y por ello quisiera invitaros a todos a la próxima ronda. Recoged vuestras bebidas y acompañadme fuera, hemos preparado un pequeño espectáculo a modo de fin de fiesta que estoy seguro no os defraudara a ninguno.
Orcanario se giro hacia Berbuscona, desde el incidente con aquel tipo la rubia no había vuelto a decir prácticamente nada, permanecía en silencio medio ausente.
-Menudo imbécil.-Dijo el periodista.-Que invita a una ronda dice. ¡Si aquí nadie paga por la bebida!-Aquello era cierto, pero la mayoría estaban tan borrachos que ni repararon en ello, se limitaron a abalanzarse en masa hacia la barra del bar.
-Salgamos fuera a ver que es lo que trama ese tipo. –La voz de Berbuscoma sonaba fría, la inquietud de la rubia no había pasado desapercibida para el periodista, hacía un buen rato que intentaba sonsacarla pero todo fue inútil, la mujer no soltaba prenda sobre lo acontecido con Zinue.-Ambos se dirigieron al exterior del Rock and Old, una muchedumbre estaba ya fuera y apenas podían ver lo que pasaba. Escucharon de nuevo la voz de Zinue y todos dirigieron sus miradas al lugar de donde provenía.
-Como ya he dicho estamos felices de estar aquí en este paraíso perdido. ¡Mirad a vuestro alrededor! ¿No es una autentica belleza?-El cielo estaba totalmente despejado y la enorme luna llena iluminaba lo suficiente junto a algunas hogueras para que todos pudieran disfrutar del paisaje.- El pequeño rio fluía tranquilo y el susurro del correr de las aguas junto al canto de los grillos proporcionaba una agradable sensación de paz. Las pequeñas viviendas aunque humildes estaban bien acabadas y sus moradores las habían decorado con gusto, tenían la belleza de la sencillez. La cosecha de grano estaba ya muy crecida y mediante canales los colonos habían conseguido robarle terreno al desierto haciendo que brotara el pasto para las reses. Cierto, todo era realmente bello porque era el fruto de su esfuerzo, del trabajo de todos.
-Pero hay algo que puede echarlo todo a perder.-Los compañeros del barbilampiño estaban junto a él luciendo cinturones y armas.-Y os preguntareis. ¿Qué puede amenazarnos en este idílico lugar? Yo os lo mostrare.-Los secuaces se apartaron, tras ellos apareció una figura ensangrentada que permanecía de rodillas con la cabeza apoyada en el suelo maniatado con las manos a la espalda.-¡Las plagas! Si permitimos que una rata camine entre nosotros pronto acudirán a millares.-Zinue levanto por los pelos la cabeza de aquel desdichado dejando ver una masa informe de carne sanguinolenta en lo que debió ser un rostro. Berbuscona soltó un grito y la indignación se reflejo en la cara del periodista, reconocieron al ahorapajote, le habían propinado una brutal paliza y permanecía semi inconsciente. La euforia de la borrachera parece que los volvió locos, cuando Zinue golpeo salvajemente al indio todos lo aclamaron.
-¿Dónde esta su grupo? ¡Tenemos que poner fin a esto!
-Estos miserables han elegido bien el momento, la gran mayoría están lejos, montando guardia en las inmediaciones el resto deben estar demasiado borrachos.-Le aclaro Orcanario a la rubia.-¡Ve a buscar a Black, yo intentare que estos cobardes entren en razón! Creo que sigue dentro del Rock and Old.
-¡Dejad marchar al indio! ¡Es uno de los nuestros, vosotros sois las autenticas ratas malditos canallas!-El que hablo era un hombre de mediana edad, había participado en las incursiones junto a Negroe desde el principio.-Desenfundo para amenazarlos pero antes de acabar de hacerlo uno de los sicarios lo abatió con su rifle.
-¡Corre maldita sea, encuentra a Black y a las hermanas!-Berbuscona salió disparada y Orcanario se acercó a los matones, por el camino se cruzo con el cuerpo de aquel desdichado, estaba muerto. Dio la espalda a Zinue y los suyos y se dirigió a la muchedumbre.
-El indio os acogió en estas tierras, os ha dado un lugar en el que vivir en paz con vuestras familias. Él junto a otros como Billy Beckman-Señalo el cadáver.-os protegen y proveen. ¡Que fácilmente olvidáis, un poco de alcohol y os arrojáis en brazos de estos asesinos. -En ese momento Zinue hundió el tacón de su bota en la columna del periodista de forma terriblemente violenta. Un agudo e intenso dolor recorrió la espina dorsal de Orcanario que callo de rodillas al suelo sin ser capaz de soltar un quejido.
-¡Esta tierra os pertenece por derecho!-Grito el barbilampiño.-Los salvajes son una plaga a erradicar. ¿Permitiréis tenerlos cerca de vuestras mujeres e hijos? Estos comedores de perro os arrancaran la cabellera al menor descuido. Deben morir, ellos y sus amigos.-Puso el cañón de su revolver en la nuca de Orcanario y desplazo con el pulgar el percutor hacia atrás. El periodista cerró los ojos y se encomendó al altísimo.
-¡Estas loco, no permitiré que asesines a mas personas! Me pregunto que pude ver en un animal como tú. -Justine se interpuso entre el verdugo y la victima.
Berbuscona había encontrado a Black, Zupia la sujetaba en brazos. La pistolera roncaba, se encontraba al borde de un coma etílico.
-¡Mierda!-Exclamo la rubia.-Elegiste el peor momento para sentir celos estúpida sentimental.
-¿Qué esta pasando ahí fuera Berbus? Ha sonado un disparo.
-¡Coge un caballo, reúne a todos los que están de guardia y tráelos a toda prisa. Negroe esta en serio peligro, no pierdas ni un segundo yo intentare reanimar a esta idiota.
-Precisamente eso es lo que te gustaba zorra, el animal que llevo dentro, el que te hacia gemir como una perra y te trasportaba al infierno del placer y el dolor. Ahora apártate de en medio.
Orcanario logro incorporarse.-No hagas locuras Justine, huye de aquí, busca ayuda.-La mujer no hizo caso de los ruegos del periodista.
-Deberás matarme a mi primero si quieres hacerle daño. –Miro a Zinue amenazante.
-Nunca contradigo los deseos de una dama.-El disparo a quemarropa atravesó a Justine que murió en el acto, la bala también alcanzo a Orcanario que se desplomo, parecía que tampoco respiraba. Aquellos últimos y despiadados crímenes despertaron a muchos de su letargo, de su euforia criminal, devolviéndoles el juicio. Se apartaban poco a poco del lugar cobardemente.
-¡Ya va siendo hora de que alguien ponga orden en este asqueroso pueblucho!-Grito Zinue, en su mano el colt humeaba.
-
Berbuscona escucho un disparo justo en el momento en que hundida la cabeza de Black Velvet en un enorme barreño lleno de agua, la pistolera empezó a agitar las manos al cabo de unos segundos. La permitió respirar unos instantes, de la garganta de Black salieron una especie de gruñidos ininteligibles a modo de maldiciones. Berbuscona repitió la operación, en esta ocasión la mantuvo cerca de un minuto sumergida. También Zupia oyó el tiro cuando se encontraba ya a las afueras del asentamiento, espoleo su montura y galopo en busca de los compañeros del indio.
Zinue se había quitado al fin la careta dejando al descubierto sus verdaderas intenciones, todo aquel teatro no era mas que una prueba de fuerza. Desde su llegada y la de su grupo había empleado todas sus energías en crear la discordia entre los colonos y la simiente de la cizaña caló hondo en mucho de ellos. Durante una década la Corporación se encargo de crear una leyenda negra sobre los nativos, los describieron como salvajes sanguinarios capaces de perpetrar las mas crueles atrocidades, por ello cuando el barbilampiño les expuso su plan muchos de aquellos granjeros se pusieron del lado de los recién llegados.
Con todo algunos de ellos dieron marcha atrás al ver como aquellos tipos asesinaban a sangre fría a tres inocentes, comprendieron que la tiranía de la que habían escapado al dejar Pueblo Secreto les había encontrado de nuevo. Unos se retiraron avergonzados por su cobardía y se escondieron en sus casas, otros observaban sin atreverse a emitir ningún ruido, controlando incluso el sonido de su respiración, eran testigos mudos de aquella especie de golpe de estado.
Pero Zinue contaba con el apoyo de muchos aún, cuando rodeo el cuello del indio con una soga y empezó a arrastrarlo hacia un árbol lo vitoreaban e insultaban a Negroe que indefenso y ya medio muerto no oponía ninguna resistencia. Algunos colonos retiraron los cuerpos de Billy y Justine, cuando agarraron a Orcanario se dieron cuenta de que respiraba, el sentimiento de culpa los impulso a ocultar el hallazgo y lo llevaron con disimulo al interior del Rock and Old. Berbuscona al ver que lo traían dejo caer la cabeza de Black en el barreño y acudió a toda prisa a comprobar el estado del periodista. La bala había perdido mucha fuerza al atravesar a Justine y no se adentro demasiado en el pecho de Orcanario, la herida no era grave.
-¡Es hora de colgar a este perro del extremo de una soga!-Zinue y los suyos estaban bajo un árbol de gruesas ramas. Lanzaron la cuerda por una de ellas y empezaron a tirar, el indio quedo suspendido a medio metro del suelo pataleando e intentando respirar, al cabo de unos segundos quedo inmóvil. Todos estaban en silencio, Zinue miraba complacido las expresiones de los presentes cuando sonó un disparo y la cuerda se partió, el indio cayo al suelo y quedo inerte. Black sujetaba en ambas manos sendos revólveres, en esta ocasión no la acompañaba su inseparable magnum, la cambio por dos colts, mucho mas ligeros e igual de mortíferos a corta distancia. Con la de su mano derecha no dejaba de apuntar a Zinue y desplazaba de un lado a otro la otra de forma amenazante. Su pelo estaba empapado por lo que la oreja mutilada quedaba al descubierto, el caminar no era del todo recto pero su pulso, como siempre, era firme. Todos se apartaban de su camino, el silencio era asfixiante, incluso los grillos parecían haber enmudecido, tan solo se escuchaba el murmullo de las aguas del rio y el tintineo de las espuelas de la pistolera que se acercaba lentamente sin dejar de encañonar al barbilampiño.
-¿Qué tenemos aquí?-Grito de forma teatral Zinue.-Dicen que en el pasado fuiste buena. Debe hacer mas de un siglo de eso, ahora solo veo a una vieja borracha que arrastra sus pies por el barro. ¿Qué pretendes hacer tú sola contra todos nosotros estúpida?
-Me llevare por delante a tantos como balas hay en el tambor de mis colts, aun me quedan once y ten por seguro que tú serás el primero en caer.-Black seguía avanzando hacia Zinue y sus sicarios, un colono que quedo atrás desenfundo con sigilo y la apunto. Sonó como una especie de cañonazo y salió despedido varios metros hacia adelante con un enorme agujero en la espalda. El barbilampiño la miro enfurecido.
-La vieja no ha venido sola, no importa. Esta vez nos cogiste por sorpresa pero al próximo disparo descubriremos la posición de tu tirador y los dos estaréis acabados.
-Para eso hará falta que otro imbécil muera, estoy ansiosa por saber que estúpido se presta voluntario.
Otro colono saco su revolver, se creyó a salvo oculto entre la multitud. Una mano le tapo la boca al tiempo que otra le hundía un cuchillo en el hígado. Todo fue rápido, limpio y en silencio, cuando cayo al suelo todos pensaron que el tipo se había desplomado a causa de la bebida. Dulcineaxx seguía vigilando de cerca, paseaba entre todos con su imagen inocente y con el puñal oculto en su manga. A muchos metros de distancia, sobre el tejado del Rock and Old, Karmeta había recargado su rifle mata búfalos y seguía los movimientos sospechosos.
-¿Qué le puede importar a alguien como tú este piojoso?-Zinue señalaba el cuerpo inmóvil del indio.-Tú eres una de los nuestros, una asesina. Ponte de mi lado y someteremos a todo este rebaño de cobardes. Si tu amiga Berbuscona esta aquí es porque se cuece algo importante. Ayúdame a descubrir de que se trata y todos abandonaremos este sucio pueblucho con mas oro del que podamos cargar. La otra opción es una cruz sin nombre.
-He regresado junto a la madre tierra, nunca mas seré un perro. Si he de morir será como un lobo y tú lo haras como una rata.
-¿Lobos, perros…? Chocheas vieja, frente a mi tan solo veo a una zorra, una con cuya piel me hare un chaleco.-La pistolera ya se hallaba a muy pocos metros del grupo de matones, se detuvo y los miro desafiante. Fue entonces cuando apareció Zupia seguido de quince jinetes, descabalgaron y tomaron posiciones a rededor de los congregados. Zinue se dio cuenta de que su plan había fracasado.
-Bien, ya tienes reunida a tu manada de “lobos”. ¿Y ahora que?-El barbilampiño contenía su rabia en cada palabra pero de sus ojos emanaba el odio.-Morirán muchos si empezamos una guerra. Hagámoslo a la vieja usanza, tú y yo cara a cara.-Zinue enfundo su revolver.
-No seria un duelo justo.-Black dejo caer el colt de su mano izquierda al suelo.-Aún me quedan cinco balas. -Enfundo el arma y miro con desprecio a los cinco criminales, estos a su vez sonrieron complacidos.
-Estas loca vieja, tu vanidad te llevara a la tumba, que así sea.-Berbuscona apareció con Orcanario apoyado en ella, el periodista había recuperado el sentido después de que le sacaran la bala. Un buen vendaje y parece que no tardaría en recuperarse pero necesitaba de ayuda para caminar. Lo que vio le recordó a las viejas historias que su padre escribía ya hace mucho tiempo en la distancia. Black frente a Zinue y los suyos con su viejo y raído guardapolvos, los brazos colgando cerca de las cartucheras. Aparentemente tranquila, observando a sus oponentes con fría mirada. Enfrente el enemigo, cinco contra uno, un suicidio. Muy superiores en número pero asustados, aquellos asesinos curtidos sudaban en presencia de la pistolera. Siempre pensó que la obsesión de su padre por aquella a la que llamaba “la eterna forastera” no era mas que una loca fantasía por culpa de la cual su madre lo abandono llevándoselo a él que ya era un muchacho. Pero Black era la mismísima imagen de aquella pistolera de la que tanto escribió Orcanadian, su padre. En contraste con la tranquilidad de Black el nerviosismo histérico de Zupia, temblaba y no quería mirar lo que pasaba.-Black se sobrevalora, son demasiados.-Pensaba.-No lo conseguirá.-La posibilidad de perderla lo aterraba, querría correr en su ayuda pero ella jamás se lo perdonaría. Cerró los ojos y espero.
Todo fue muy rápido, seis disparos y cinco hombres que caen sin vida al suelo. Black soltó un leve quejido y se inclino doliéndose de un costado. A Zupia se le escapo el corazón del pecho, acudió a toda prisa en su auxilio. La pistolera lo aparto de su lado con un leve empujón.
-No es nada, solo un rasguño.
-Déjame verlo.
-¡He dicho que no es nada, apártate de mi, necesito aire!
Dulcineaxx estaba junto al ahorapajote y lo sujetaba en brazos.-¡Aún esta vivo! ¡Necesito ayuda!-Black se acercó y le hecho un rápido vistazo, luego dio media vuelta y se alejo apoyaba su mano en el costado las ropas empezaban a tintarse de sangre. Dulce la miro sin entender su actitud, entonces llego Berbuscona, se arrodillo junto al indio y cerro los ojos en un gesto de desanimo. La mayoría de los presentes regresaban a sus casas, solo los incondicionales del indio permanecían expectantes de la situación, al ver el gesto de la mujer rubia los ánimos decayeron.
-¡Se repondrá!-Gritaba Daulcineaxx sin verdadera convicción.-¡El indio es fuerte, se repondrá!-Apoyo la cabeza en el pecho del herido y empezó a llorar.
Karmeta había descendido del rtejado y se encontraba junto a el resto, se giro hacia los cadáveres de Zinue y los suyos, un agujero en la frente de cada uno de ellos. Agarró con fuerza su rifle y escupió en la cabeza del barbilampiño.
-Llevémosle a mi casa-dijo Berbuscona.-Creo soy la que entiende algo mas de medicina de todos los presentes, hare lo que pueda.- Lo alzaron entre varios hombres y lo trasportaron con cuidado a la cabaña de la rubia. Lo dejaron sobre la cama, las sabanas se empaparon de inmediato con la sangre del indio, no debía de quedarle ni un solo hueso sano.
Black ensillaba su caballo, Zupia la había seguido.-¿Dónde vas?-Le pregunto.
-Me marcho, no intentes detenerme.
-No…no lo entiendo, ahora te necesitamos mas que nunca. Además estas herida, déjame verte eso.
-Solo es un rasguño, solo es una nueva cicatriz, ya has visto que mi cuerpo esta lleno de ellas. Estaré bien, no te preocupes.
-Espera que prepare mis cosas, iré contigo.
-Esta vez no Zupia.
-Pero…pero no entiendo. ¿Por qué nos abandonas justo ahora? ¿Por qué me dejas? ¡Iré contigo, no te dejare sola!-Black saco de una alforja su magnum y se la ofreció al joven.
-Mi adiós es definitivo, tan solo puedo darte mi gratitud por todo lo que has hecho por mi y esto como recuerdo. No poseo nada mas, no lo rechaces otra vez por favor.-Zupia necesito de ambas manos para sostener el pesado arma.
-¿Por qué?-El muchacho la miraba implorando desistiera de su huida, no entendía que la había empujado a tomar una decisión tan repentina como absurda.
-La he cagado otra vez…Secon me lo advirtió, me dijo que vigilara al indio, que corría peligro. ¿Y que hice yo? Me emborrache, como siempre tome el camino equivocado. No merezco seguir a vuestro lado. Adiós.
-Pero Negroe sigue vivo, lo salvaste.
-No creo que pase de esta noche, no me quedare a ver como muere. Dile a las dos hermanas que lo hicieron bien, que sin ellas no lo hubiese conseguido, que me perdonen por todo lo que he dicho de ellas. Diles también que vigilen a la rubia, ese miserable de Zinue dijo algo sobre ella muy inquietante, creo que no es trigo limpio.
-¿Y que are yo? Te necesito.
-Olvidame. Dulce es una buena chica y creo que le gustas, rehaz tu vida.
-Mi vida eres tú.
-Adiós Zupia, adiós amor mio.-Espoleo el caballo y partió al galope sin mirar atrás. El muchacho permaneció plantado en aquel lugar mucho tiempo después de perderla de vista.




La voz del viento le susurra al hombre muerto.

Una semana mas tarde de su partida llego por fin a la capital, se apeó de su montura y camino bajo un cielo plomizo que auguraba tormenta. Las calles estaban sucias y el camino cenagoso, se encontraba aun en las afueras. Allí, edificadas sin ningún orden ni criterio, se agrupaban las desvencijadas chabolas de los jornaleros. Apenas se veía un alma, las jornadas de trabajo eran duras e interminables y aquellas gentes preferían descansar y emplear su poco dinero en adquirir comida y ropas antes que malgastarlo en las tabernas o burdeles. Se le cruzaron dos chiquillos de corta edad que jugaban despreocupados, estaban raquíticos y mugrientos, sus ropas eran harapos. El sol empezaba a ocultarse tras la silueta de lejanas montañas perdidas en el horizonte, pronto seria de noche.
Tenía sed, no le importaba dormir al raso, eso era habitual para él, pero el viaje había sido largo y no se había cruzado en días con nadie, le apetecía un poco de bullicio, algo de calor humano y una cerveza fría. Sabia que no podría disfrutar de lo primero pero nadie le privaría de una exquisita y espumosa jarra de cebada destilada así que busco una taberna. Unas prostitutas de apariencia poco saludable esperaban pacientemente posibles clientes y una mujer con un bebe en brazos imploraba limosna a la puerta de lo que pretendía ser un colmado y no era mas que un cubil atestado de verduras y fruta medio podrida. Empezó a chispear, Secon miro hacia el cielo, una gota le golpeo la mejilla, pasar la noche a la intemperie no le parecía ya una buena idea.
Dos borrachos se peleaban, intentaban inútilmente golpearse el uno al otro, estaban tan ebrios que sus puños tan solo alcanzaban a espantar las moscas y en cada intento apunto estaban ambos de caer al suelo victimas de su propia inercia y de la tremenda cogorza. Se hallaba en el camino correcto, por allí cerca debía de haber algún lugar donde echar un trago. Una edificación algo mejor construida y de mayor tamaño que el resto apareció frente a él al torcer una esquina, en un rotulo sobre la puerta unas feas letras pintadas sin gracia indicaban que se trataba de un saloon. Ató el caballo a un poste, no había visto a ningún otro equino durante todo el recorrido por aquel lugar abandonado de la mano de dios, tendría que ir con ojo y no perderlo de vista en ningún momento o posiblemente el animal acabaría estofado con patatas en la mesa de alguno de aquellos pobres miserables.
El lugar estaba mal iluminado y sucio para no desentonar con el resto del poblado. Nadie se dio cuenta cuando el hombre de negro entro y se quedo quieto en la puerta observándolos. El lugar era mas bien pequeño, el termino “saloón” no era el mas apropiado, apenas podría clasificarse como tasca venida a menos. En la barra se agolpaban los parroquianos que hablaban a gritos, la mayoría acusaban síntomas de embriaguez. Se acercó a la barra y cogió una jarra de cerveza que el barman acababa de servir a un tipo gordo y calvo. Se detuvo justo a su lado y sorbió un largo trago que le supo a gloria. El gordo buscaba su cerveza y al no encontrarla se enzarzo en una disputa con el tipo que se hallaba a su derecha, un individuo enorme de tez muy morena y que vestía con la indumentaria típica de los campesinos del sur del viejo continente. Eso llamo la atención de Secon, apenas había visto sureños en sus viajes, eran muy poco comunes, aquel además no pasaba desapercibido. Aparte de su tamaño y sus ropas (una sencilla camisa blanca y unos calzones del mismo color atados con una cuerda, unas alpargatas rotas y un sombrero de paja que parecía haber sido victima de una mula hambrienta por lo destartalado) llamaba tremendamente la atención por lo guarro que estaba, cubierto de mugre despedía un tufillo desagradable. Secon sintió algo de pena por el calvo cuando voló por los aires a causa del manotazo que le propino el sureño. Le sacudió con la mano abierta con total desprecio como si no hubiera hecho mas que espantar a una molesta mosca. El hombretón siguió bebiendo de su cerveza y el gordo calvo abandono el lugar lanzando maldiciones. Secon apuro su bebida, podría coger la de cualquier otro, como de costumbre nadie repararía en él, pero no quería ser la causa de mas disturbios así que se dirigió a la barra con la intención de pedir otra cerveza.
En ese instante cesaron los gritos, todos enmudecieron y guiaron sus miradas hacia un pequeño escenario que se encontraba al fondo de la sala, Secon  intrigado aplazo su intención de refrescar la garganta y también miro hacia allí. Sobre la tarima estaba una joven, su melena rubia le caía sobre los hombros formando algunos caprichosos tirabuzones, sus ojos eran claros casi cristalinos y su mirada, curiosa como la de un cachorro, parecía observarlo. Sus labios carnosos y rosados le sonrieron, eso no era posible, el hombre de negro miro a ambos lados y tras de si para cerciorarse de a quien miraba realmente pero al girarse de nuevo se topo con aquellos ojos clavados en él. ¿Realmente lo había visto? No era muy común que alguien se percatase de su presencia pero la muchacha lo miraba sin ningún tipo de duda. Entonces todos empezaron a aplaudir y la joven inclino su cuerpo en una reverencia a modo de agradecimiento, cogió una guitarra y sentada en una silla con ella sobre su pierna izquierda rasgo unos acordes y empezó a cantar.
“nada es seguro, todo es posible
por eso es que cada vez que llama a la puerta
tranco el pestillo asustada
y me mudo invisible
que la última vez que vino
me quitó la música
se cambió de nombre
y no me perdonó su olvido
y yo,
que siendo quien más le ha querido,
el verme así,
llorando su ausencia con cada amigo
marca del fuego que me ha consumido
nada es seguro, todo es posible
por eso es que cada vez que abro la puerta
sueño en su cara encantada
la mirada imposible
que la última vez que él quiso
me quitó la vida
la esparció con saña
y se despidió ofendido
y yo,
que siendo quien más le ha querido
el verme así
buscando sus caricias con cada amigo
marca del fuego que me ha consumido
nada es seguro, todo es posible
por eso es que cada vez que cierro la puerta
la razón queda olvidada
su amor es invencible
que la última vez me dijo:
no quiero más lilas
pisoteó mis flores
y se marchó encendido
y yo,
que siendo quien más le ha querido
el verme así
recogiendo pétalos con cada amigo
marca del fuego que me ha consumido
quiero e insisto
en que nada es seguro, en que todo es posible
por eso es que en la mirilla (de la puerta) al mirar
pongo mi vida enamorada
en su porte querible
que la última vez ya olvido
que me perdí en su nombre
y me quedé dormida
y estaba a mi lado, conmigo
y yo,
que siendo quien más le ha querido
el verme así
soñando su vuelta con cada amigo
marca del fuego que me ha consumido
y ya no volveré a ofrecerme
que por el aire al volar
le veo en la distancia gritar
que nunca más volverá a creerme
y que teniéndome aquí
vaya a dolerle mi ausencia
es lo más terrible, sí
que me pudiera pasar
más que una noche muy triste
muy triste y con pesar
porque no hay estrellas en la noche
que anuncien con su esencia
su muy añorada presencia”
La Voz de aquella muchacha era casi como un susurro pero calaba en el alma como la lluvia en la lana, Secon noto como un escalofrío le recorría la columna, aquella triste canción le había conmovido al igual que al resto de los presentes. Tardaron unos segundos en reaccionar hasta que los aplausos volvieron a resonar en la sala. Entonces se abrió la puerta y de nuevo se hizo el silencio pero esta vez no era a causa del respeto y la admiración si no por puro desasosiego, por terror.

Entraron cinco rangers empuñando sus rifles y tomaron posiciones alrededor del sureño, estaban empapados, afuera había empezado a llover a mares. Los acompañaba un tipo con el brazo en cabestrillo que lo señalo con su mano izquierda.-¡Ese!-Todos se apartaron rápidamente del sureño como si fuese portador de la peste. Secon seguía los acontecimientos con expectación, el tipo grande y sucio se giro lentamente, acabo su jarra de cerveza de un trago y forzó de forma sonora una flema que escupió con fuerza impactando en el ojo del lisiado. Los soldados lo apuntaron con sus armas, uno de ellos lo golpeo con el rifle en el estomago pero el sureño apenas se inmuto, se limito a mirar al ranger con desprecio. Era un individuo de talla imponente, anchas espaldas y brazos fornidos, el soldado retrocedió un par de pasos asustado.
-No hagas tonterías tío puerco, acompáñanos por las buenas y vivirás hasta mañana.-El que hablo era un sargento que parecía comandar el grupo. El sureño junto las muñecas sin decir una sola palabra y se las ofreció, lo maniataron rápidamente y lo sacaron de allí a empujones. Sin embargo el sargento no los acompañó, se acercó a la barra. El barman saco una botella de whisky de debajo del mostrador y se la ofreció, era buen licor, al parecer la tenia reservada para las visitas de la autoridad. El suboficial era un sujeto bastante anodino, tan solo su nariz aguileña llamaba algo la atención, eso y su mirada de rata.
-Creo que tienes algo para mi.-El camarero que por lo visto era el dueño del local saco de detrás de unas cajas un pequeño cajón metálico, lo abrió con una llavecilla y extrajo unos pocos billetes arrugados junto a algunas monedas.
-¿Me tomas por tonto?  Aun no he bebido suficiente de tu matarratas para que puedas engañarme. ¿Dónde escondes el resto?
-Le juro que eso es todo lo que tengo, últimamente muchos han perdido sus trabajos en la plantación, no corren apenas rays por el suburbio.-El sargento miro a la muchacha que recogía las pocas mesas del lugar e intentaba adecentar en la medida de lo posible el local. Se fijo en una marca que llevaba en la muñeca y sonrió satisfecho.
-Comprenderás que no me puedo presentar ante la comandante con estas migajas pero podemos llegar a un acuerdo. Tienes un hermoso animal bajo tú mugriento techo, te ofrezco dos rays por la chica.
-Ella no esta en venta.-El sargento no apartaba su lasciva mirada de la rubia, se paso la lengua por la comisura de los labios como relamiéndose por anticipado de lo que tenia pensado para la joven.
-Parece que no me has entendido, te doy un ray por ella, mi próxima oferta será un disparo en la rodilla.-Los parroquianos habían ido abandonando el lugar poco a poco y de forma discreta, nunca era buena idea estar cerca de los rangers. La rubia se metió en un cuarto trastero en un intento de protegerse de la sucia mirada del soldado, tan solo Secon  y los otros dos hombres se hallaban ya en el bar pero ni el camarero ni el sargento se fijaban en el.
-¡Un ray, pague 200 por ella en el mercado de esclavos!
-Es curioso, esa es justo tu deuda pero pagare tu asqueroso whisky. Ahí lo tienes, un ray.-Le arrojo la moneda a la cara, el barman la dejo caer al suelo.-¡Llama a la muchacha, vendrá con migo!- El barman agacho la cabeza y se dispuso a hacer lo que le ordenaban cuando alguien hablo casi en gritos.
-¡500 rays por la muchacha!-Lo miraron desconcertados, el sargento hizo una mueca de desagrado.
-¿De donde demonios has salido tú tío raro? Alguien que oculta su rostro y lleva tanto dinero en un lugar miserable como este no puede ser mas que un ladrón.-Aproximo la mano a su revolver al tiempo que se fijaba en las pequeñas alforjas que colgaban del hombro de Secon.-¿Qué llevas ahí?
-Correo, cartas de los colonos.
-No te creo, ábrelas despacio y sin hacer tonterías.-Secon se l acerco hasta ponerse frente a él mirándolo cara a cara, el soldado se asusto y perdió la compostura, el hombre de negro saco un fajo de billetes  los puso en el mostrador y se los ofreció al camarero.
-Cuéntalos si quieres, están todos.-No dejaba de observar al sargento que se había puesto blanco, en la mirada de aquel extraño había algo que helaba la sangre, estaba aterrorizado. El soldado le arrebato el dinero de las manos al barman.
-Con esto pagas también los intereses de tu deuda.-Se alejó de Secon unos pasos y sin atreverse a mirarlo directamente lo amenazo.-Esto no acaba aquí tipo extravagante, nos volveremos a ver tenlo por seguro.-Dicho esto se largo rapidamente.
-¡Malditas sanguijuelas! ¿Cómo podemos sobrevivir aquí si nos roban de esta forma lo poco que tenemos?-El hombre estaba desolado, apenas podía contener la rabia que provocaba su impotencia.
-¿Qué hizo el sureño al que se llevaron?
-Ese pobre idiota llego hace unos días y empezó a soliviantar los ánimos de los jornaleros con discursos, esta mañana un capataz intento golpearlo con una vara y el sureño le rompió el brazo con la facilidad del que parte una ramita. Es un tipo valiente pero con pocas luces, nadie puede desafiar a la comandante Analfataya y a sus asesinos.
-¿Qué aran con él?
-Lo normal es que a los prisioneros los vendan como esclavos, es por eso que hay tantos jornaleros sin trabajo, últimamente hay demasiados esclavos y aún salen mas baratos que los peones. Pero creo que a este lo consideran mas peligroso, seguramente lo colgaran mañana al atardecer  en la misma plantación para dar ejemplo y aterrorizar aun mas a los peones.-El camarero observo a Secon, no lo había hecho hasta ese momento, también él se sintió incomodo al tenerlo cerca.-Ese cerdo tenía razón, no es normal que nadie que tenga tantos rays se acerque por aquí.
-Tampoco es normal que se haya instaurado de nuevo la esclavitud, se supone que Pueblo Secreto era la nueva tierra prometida y yo tan solo veo un vertedero. -¿Vienes del viejo continente? Debe ser por eso que no sabes nada de lo que realmente ocurre por aquí. Las cosas nunca han ido demasiado bien, pero desde que invistieron gobernador a Residual esto se ha convertido en un infierno. Ese animal y su perro faldero, la comandante Analfataya, han instaurado un reino del terror. La esclavitud no es lo peor, están los asesinatos y las torturas.
-No vengo de Utherverse sino del Sur, de los antiguos territorios de los Ahorapajotes.
-Entonces tú sabrás si es cierto eso que dicen.
-¿Y que es lo que dicen?
-Que hay un lugar allí donde los colonos son libres, la tierra es fértil y en los ríos hay abundante pesca.
-Aquello es un desierto, pero gracias al trabajo de todos es un buen lugar para vivir en paz.
-¡Entonces es cierto, no es otro bulo provocado por la desesperación!-La primera expresión de jubilo en el rostro del camarero no tardo en disiparse.-Lastima que ese lugar tenga los días contados.
-¿Por qué dices eso?
-Están reclutando mercenarios, piensan borrarlos del mapa, el gobernador no puede permitir que nadie escape de su control, para él es una especie de cuestión de honor.
-¿Por qué no atacan con el ejercito?
-Después de acabar con la última resistencia de los pies sucios el estado mayor de la Corporación decidió que no valía la pena mantener un gran ejército en Pueblo Secreto. Por eso Residual campa a sus anchas sin tener que dar explicaciones a nadie, ni tan solo a su tío el general Arturo. Con sus cuarenta rangers se basta para mantenernos en vereda pero no quiere alejarlos de él, por eso recluta asesinos a sueldo, muchos son antiguos mercenarios de Rocco.

La muchacha de los cabellos dorados apareció de nuevo con una escoba en la mano e hizo como que barría pero no dejaba de mirar a Secon sin demasiado disimulo.
-¿Qué es lo que hizo ella para acabar siendo una esclava?
-Esos criminales no necesitan grandes escusas para encarcelarte, pero no lo se, nunca se lo pregunte. Cuando pase por el mercado me miro con sus ojos claros y no pude reprimirme, gaste todo lo que tenía pero yo nunca la he tratado como a una mercancía, ella es libre de marchar cuando quiera. No se porque hice algo así, abomino de la esclavitud, pero ahora supongo que te pertenece.
-Me gustaría comer algo y encontrar un lugar donde dormir, hace una noche de perros.
-No hallara nada por aquí, puedo ofrecerle el trastero pero no hay cama y tendrá que compartirlo con las ratas, con todo le aseguro que es lo mejor que le ofrecerán. Eso y la comida le saldrán por 5 rays.
-Te daré otros 30 si permites que mi caballo pase la noche bajo techo.
-Por ese precio acogería a una piara de cerdos.
El barman llamo a la muchacha.-Ayla calienta unas judías, tenemos un invitado,-El camarero miro a Secon y le hizo un guiño con el ojo derecho.-Es muy guapa pero cocina fatal.

Secon se intentaba acomodar como pudo en aquel cuartucho cuando escucho la cálida voz de Ayla tras la puerta.
-Toc, toc. ¿Se puede?-Entro sin esperar respuesta, traía consigo una manta y una esterilla.-No podría conciliar el sueño sabiendo que vos dormía en el suelo, también le traigo un candil para que le ilumine un poco el animo que lo veo mas afectado por la tristeza que por el frio.
-Gracias…Ayla es un bonito nombre. ¿Qué significa?
-Porque pensamos que las cosas deben tener un sentido.-Soltó una risita entre picara y tímida. Ahora que la tenía cerca pudo advertir lo realmente hermosa que era, con aquellos ojos que a la vez cautivaban e intimidaban, su piel blanca y sus cabellos dorados le daban la apariencia de un ángel.-Quizás, cuando llegue el momento, se lo cuente pero ahora es tiempo de que descanse, llame cuando necesite de cualquier cosa, ahora le pertenezco.
-No eres mi propiedad.-Secon se enojo.-Tan solo pretendía alejarte de las zarpas de ese gusano, puedes marchar donde quieras y cuando quieras.-Ayla le enseño la marca de su muñeca.
-Es usted adorable, gracias por todo pero no puedo ir a ningún lugar, esta marca me lo impide, mas que le pese le seguiré allá donde le guie el destino.
-¿No te doy miedo?
-¿Miedo? Nooo, usted me trajo paz cuando llego.
-La gente ve cosas cuando me mira de las que se asustan.
-Le vi entrar, se detuvo en la puerta, nadie le miraba pero yo si. En su persona se reflejo la imagen de mi abuela que es lo que mas he querido en esta vida, por eso le estoy agradecida, por regalarme su recuerdo. También vi su pena y me conmoví.-Ayla puso semblante triste.-Se que se siente solo y en eso nos parecemos.
-¿Por qué te han esclavizado? Si es que puede saberse.
-Yo vivía allá en el viejo continente junto a mi querida abuela, ella veía cosas que los demás no podían, herede su don y mi pobre madre, que no lo tenía, me dejo con ella muy apenada para que me enseñara. Pero cuando yo era aun muy joven la acusaron de bruja y la mataron a golpes, madre ya no estaba, murió de una infección y decidí cruzar el mar y venir aquí para olvidar.
-¿Olvidar a quien te inspiro esa triste canción de hace un rato?
-Bueno…También a él. El caso es que no tenía dinero y me cole en el bajel de polizón y…Pues ya ve, que me pillo la tripulación y aquí estoy.
-¿Qué cosas son esas que dices que ves?-Ayla le descubrió el rostro y lo miro fijamente, no estaba asustada.
-Veo tu dolor, el mundo ha perdido el juicio y todos te han dado la espalda, les avergüenza el camino que han escogido y por eso no quieren verte, por ello te ignoran, por eso te temen.
-No recuerdo quien soy. ¿Puedes ayudarme?
-Eso debe descubrirlo por usted mismo.
-¿Qué mas ves?
-La veo a ella.-Secon noto como se le giro el estomago. ¿Ella?
-Esta perdida, asustada, por mas que quiera ocultarlo aún se siente como aquella niña que vivió el horror por dos veces, el periodista contempla su suplicio pero no puede ayudarla. Ella es la hija del Caos y la mueve el odio, el odio es la fuerza por la que aún camina y el Caos es su mentor, del él es la paladín. Pero tampoco el Caos puede ganar solo, te necesitan. –Orcanario estuvo presente durante la masacre de los pies sucios y nunca lo menciono, Secon sintió rabia y la necesidad de encontrarse con él para sacarle información a golpes.
-¿Me necesitan a mi?
-Y al guerrero que esta luchando contra la muerte, a la pistolera que la busca desesperadamente, a las hermanas que no han conocido el amor…-Secon sabía de quienes estaba hablando pero no comprendía como podía saber todo aquello. ¿El guerrero que esta luchando contra la muerte? Eso lo inquieto enormemente.
-¿Que le ha pasado al indio? ¿Esta bien?
-No puede ayudarlo, tan solo él puede. Pero tras tanta amargura, tanto dolor, veo esperanza, la acompaña ahora a ella y vos es la causa.
-¿Dónde, donde esta ella?-El hombre de negro no podía ocultar su emoción.
-No se entretenga mas, tiene cosas que hacer esta noche. Si alguien pregunta diré que la pasó conmigo. Ahora vallase,  necesito descansar, mi don es agotador.
Secon salió a hurtadillas cogió su montura y abandono el saloon en silencio, afuera diluviaba.

Batalla de sombras.

-Una tibia brisa le acaricio todo el cuerpo, la temperatura era muy agradable, nada que ver con el sofocante sol del desierto. El cielo estaba libre de polvo y era de un azul claro y puro. Ante él se extendía una inmensa pradera de fresca yerba de un verde que nunca había visto. Los bisontes pastaban mansamente en grandes rebaños y a su alrededor discurrían enormes ríos de aguas tranquilas. Debía de hallarse en el norte, era tal como se lo habían descrito los que al contrario que él si habían estado allí. También su tierra le parecía hermosa, también el árido sur tiene su encanto pero aquello se escapaba de lo que su imaginación jamás podría concebir. ¿Pero como había llegado allí? Entonces se fijo en el muy, muy lejano horizonte y diviso una nueva maravilla, mas majestuosa si cabe. Era el mar y sobre el flotaban al tiempo que se acercaban unas enormes telas blancas, cuando llegaron a tierra pudo apreciar aquellas extrañas piraguas de dimensiones desproporcionadas. Del interior de sus tripas empezaron a salir millares de hombres blancos con sus extraños trajes y sus temibles armas, los barcos no dejaban de arribar y pronto los rostros pálidos fueron millones. El indio se encontraba a muchas millas del mar pero podía apreciarlos perfectamente. Los blancos empezaron a avanzar y como si fuesen una plaga de langosta no dejaban mas que tierra yerma tras de si. El guerreo se indigno y cerro con fuerza sus puños, noto que tenía algo en su mano derecha, la alzo y pudo verla. Sin florituras ni abalorios, tan solo afilado metal y un mango de madera noble, era el hacha de guerra. El hombre blanco era dañino, mataba a la madre tierra, había que combatirlo. De pronto se vio rodeado de los orgullosos guerreros de su pueblo, eran los temibles ahorapajotes. Se le acerco un majestuoso piel roja de ancho pecho, musculosos brazos y fiero aspecto, era su hermano, el mejor guerrero de entre los mejores.
-No te seguiremos en la batalla, tú no eres un líder y menos un guerrero. Eres débil y cobarde, mírate, ni tan solo tienes una montura en condiciones, tú no puedes ser de mi misma sangre.- Pudo comprobarlo, entre sus piernas, bajo su trasero un jamelgo escuálido, viejo y con sarna intentaba casi sin éxito no doblar las rodillas y desplomarse. Todos le dieron la espalada y regresaron al Sur sin mirarlo a la cara o mediar palabra. El último en partir fue un anciano que lo miro con desprecio.
-Fue la vergüenza que me causaste la que acabo conmigo, tú no eres mi hijo. No necesito repudiarte porque todos lo saben, solo hay que mirarte. Maldigo también a ´tu madre por traerte al mundo.-El anciano le escupió a la cara y marcho con el resto.
La marea humana seguía avanzando hacia él consumiéndolo todo a su paso. Empuño el hacha y tomo con la izquierda las riendas de su famélico caballo, lucharía solo.
-No estas solo.-Negroe giro la cabeza, junto a él Coca preparaba su arco y contaba sus flechas.-No se si serán suficientes para tantos.-Negroe rio la ocurrencia y se alegró de que su amigo cabalgara de nuevo a su lado. Entonces escucho el estruendo que proferían los gritos de guerra de miles de gargantas. Tras ellos la tribu irreductible, los que jamás se rinden, los que no conciben la vida si no son libres, 100.000 pies sucios plantarían cara a los blancos.
Cargaron al galope burlándose de la lluvia de plomo que caía sobre ellos, el aire se hizo irrespirable a causa del olor a pólvora. El atronador rugir de los cañones no los amedrentaba mientras avanzaban, en esta ocasión la montura del viejo guerrero no sucumbió al esfuerzo, también su achacoso corazón se enorgullecía de participar en la batalla, había que devolver al mar a los asesinos de la madre tierra. Por fin cayeron sobre su enemigo y se entablo una salvaje lucha cuerpo a cuerpo. Negroe perdió la noción del tiempo, el combate se hizo eterno y no podría asegurar si duró días o meses pero cuando reino el silencio de nuevo el guerrero se encontró rodeado de cadáveres, allá donde abarcaba su vista todo era muerte, nadie salvo él había sobrevivido. Alzo la vista hacia el horizonte y se derrumbo apesadumbrado, desde el mar seguían llegando rostros pálidos, de la carne de los muertos empezó a brotar la planta de la droga amarilla que parecía nutrirse de la sangre derramada. El cielo ya no era azul si no de un feo gris plomizo y los ríos se habían secado, los blanquecinos huesos de los búfalos se tostaban bajo un sol abrasador. El guerrero se irguió y grito con todas sus fuerzas en un vano esfuerzo de descargar su odio y su frustración. Agarro el hacha con ambas manos e ignorando el dolor de las heridas que marcaban todo su cuerpo se lanzo a la carrera en pos del enemigo.
-Estoy Kondenada a ver una y otra vez komo exterminan a mi pueblo.-Era la voz de ultratumba de Niña de Pus. Estaba quieta frente a él y le cortaba el paso.-Tú los has llevado a la muerte una vez mas. Tú no eres mas ke un inútil enclenque y kobarde, un payaso ke no merece portar el emblema del Kaos.-Los ojos sin parpados, las innumerables cicatrices y la carne macilenta de la pies sucios le daban un aspecto abominable. Extendió su mano en un gesto que exigía le entregasen el hacha. Negroe le sostuvo la mirada sobreponiéndose al miedo que le infundía aquel espectro.
-¡No me importa lo que pienses de mi, no me importa si todos me tildáis de lo mismo! ¡Soy un guerrero y luchare por recuperar la dignidad que nos han arrebatado!
-¿Buscas gloria, la admiración de los tuyos? ¿Vengarte de las humillaciones de tu hermano quizás? ¿O es la aprobación y el respeto de tu padre lo que quieres? Yo kreo ke solo te mueve el orgullo, la vanidad de sentirte importante por una vez en tu insignificante existencia. ¡Dame el hacha de una puta vez, me pertenece!
-No pienso entregártela, tu solo buscas venganza. Si te la doy jamás habrá paz en Tierra de Nadie.
-La habrá kuando no kede un solo blanco vivo sobre ella.
-El odio no me mueve como a ti, el ojo por ojo no es mi fin. ¡Vete, no compartimos el mismo camino!-A su espalda escucho una voz cálida y suave que le era muy familiar.
-Me alegro tanto de verte, pero aun mas de poder comprobar de tan primera mano tu renuncia a verter sangre de forma inútil. Hiciste bien al repudiar a ese monstruo, ella representa a la guerra y el horror que supone.-Era su amada Akasha, tan dulce como siempre.-Entierra el hacha, renuncia a la violencia. Podemos vivir todos en paz, ya has visto en que ha convertido el odio a esa pobre joven.- Negroe se relajo y el hacha empezó a deslizarse suavemente por la palma de su mano, el tono de la voz de Akasha era hipnótico, estuvo apunto de abandonarse a su hechizo cuando una especie de descarga sacudió su cerebro y reacciono de inmediato. Abrió bien los ojos y los vio, los chamanes manejaban a su amada como si fuese una marioneta, habían incrustado sus manos rojas de sangre en su espalda, brazos y cuello y la movían como a un pelele. Se lanzo contra ellos pero en ese instante desaparecieron. Miro al frente, los rostros pálidos estaban a pocos metros y empezaban a rodearlo. De nuevo asió con fuerza el hacha de guerra y se dispuso a entablar su último combate. -¡No soy un cobarde! ¡Soy un orgulloso guerrero ahorapajote!-Les grito, ya lo tenían en medio de un circulo, eran millones. Le llego un susurro que parecía provenir de otro mundo, de uno muy distante, le animaba a resistir, era la voz de una mujer. Su tono era duro pero dejaba entrever un gran desasosiego, un sentimiento de culpa. ¿Resistir a aquella marabunta de mercenarios sedientos de sangre? No duraría ni un segundo, los reto con la mirada cuando todos lo apuntaron con sus rifles. El tiempo se congelo en ese instante y la figura de un piel roja inmenso apareció de entre una extraña neblina.
-Cuando los tuyos se dieron por vencidos fuiste el único que abandono la reserva dispuesto a recuperar la dignidad a la que el resto habían renunciado. Por eso recae sobre tus hombros este tremendo peso. No eres el mas valiente, ni el mas fuerte, ni el mejor de entre los mejores. Tampoco eres el mas noble ni el mas virtuoso, ni realmente destacas en nada. Pero necesito a muchos como tú para que la ignorancia del hombre blanco no acabe con la Madre Tierra de la que ellos mismo, aunque no quieran darse cuenta, también forman parte. Por eso te elegí a ti, porque tu eres un vulgar hombre y es a los hombres a quienes corresponde rencontrarse con el equilibrio. Kaotika o Niña de Pus, que es como tú la conoces, no puede traer el equilibrio mediante la guerra pero hay otra manera. -El Espíritu del Caos le hablaba por segunda vez, pero ahora su pelo era cano y su espalda estaba curvada, su aspecto era el de un anciano.
-¡Me aseguraste que perdería de nuevo! ¿Si hemos de ser derrotados de que servirá todo esto? ¿Para que el sacrificio de tantos?
-No es el momento de dudar guerrero. –Necesito un poco de tiempo, solo eso. No me creas si así lo prefieres, hazlo por ti, por los tuyos y dame la espalda, pero debes hacerlo. Una cortina de llamas se propago alrededor del ahorapajote y consumió a todos los blancos a su paso llegando al mar e incinerando también los barcos. El Espíritu del Caos toco el hombro de Negroe.-Compartiremos el que nos queda, necesitamos el uno del otro, repartámonos el tiempo.
Berbuscona intentaba bajar la fiebre del ahorapajote por todos los medios a su alcance, le secaba el sudor de todo el cuerpo y lo refrescaba con hielo. Contra todo pronostico el indio seguía vivo tras cinco días de lucha contra la muerte. Con todo nadie albergaba esperanzas su estado era demasiado grave. Trajeron un medico de un pueblo cercano pero al ver que se trataba de un indio se negó a atenderlo, solo un buen fajo de rays y el cuchillo de Dulcineaxx en su entrepierna lo animaron a colaborar. Les dio morfina para el dolor, desinfecto sus heridas y entablillo las fracturas. Se despidió asegurándoles que no duraría mas de un par de días. Berbuscona no había dejado de cuidarle durante esos cinco días con sus respectivas noches.
-Debes resistir, debes vivir. No puedes imaginar como siento todo lo que ha pasado, no hablo de esta última semana. Soy culpable de muchas cosas, horrores de los que si te enteraras posiblemente acabases conmigo. No hay nada que pueda hacer para enmendarme, no hay redención para mi pero si al menos puedo ayudar a que tu loco sueño se haga realidad mi alma ardera en el infierno un poco menos negra.-Negroe soltó un prolongado quejido y abrió los ojos por unos segundos. La rubia comprobó su temperatura posando la mano en su frente, la fiebre estaba bajando, parecía un milagro.
Tan solo unas pocas lámparas continuaban encendidas y el salón permanecía en penumbra. La práctica totalidad de la clientela había regresado a sus casas, solo los congregados junto al borracho seguían en el lugar. El calvo de la barba poco poblada dormía con la cabeza echada hacia atrás colgando del respaldo de la silla profiriendo esporádicos y sonoros ronquidos que interrumpían el relato de Orcanario a cada momento. El mestizo golpeaba con el dedo corazón la madera de la mesa de forma involuntariamente rítmica en un claro gesto nervioso mientras miraba con desagrado al calvo. El tipo con aspecto de matón permanecía tranquilo, a estos tres se había unido el barman. Muchas habían sido las veces que escucho la historia del borracho, a los parroquianos les gustaba la parte en la que torturaban a la joven india pero llegados a este punto perdían el interés y preferían ensañarse con el desafortunado narrador. Cuando las burlas e insultos degeneraban en agresiones es cuando intervenía y echaba al pobre borracho mas por su seguridad que por las molestias que ocasionaba, realmente sentía lastima por aquel pobre marginado. También la mujer que acudió a limpiar los vómitos de Orcanario y el calvo se quedó allí. Era una señora de unos cincuenta años pero con mirada vivaracha y aspecto agradable. Por último el anciano que amenizaba el ambiente del salón arrancando pegadizas melodías a la vieja y desvencijada pianola cambio la banqueta frente a las teclas por una silla junto a aquel pequeño grupo que escuchaban atentos las atribuladas peripecias de aquellos personajes. Cada cual sentía predilección por alguno de ellos pero casi todos estaban de acuerdo en que era Black Vevet quien más llamaba su atención. Ciertamente alguien como la vieja pistolera no pasaba desapercibida.
La noche del contador de historias.

Tan solo unas pocas lámparas continuaban encendidas y el salón permanecía en penumbra. La práctica totalidad de la clientela había regresado a sus casas, solo los congregados junto al borracho seguían en el lugar. El calvo de la barba poco poblada dormía con la cabeza echada hacia atrás colgando del respaldo de la silla profiriendo esporádicos y sonoros ronquidos que interrumpían el relato de Orcanario a cada momento. El mestizo golpeaba con el dedo corazón la madera de la mesa de forma involuntariamente rítmica en un claro gesto nervioso mientras miraba con desagrado al calvo. El tipo con aspecto de matón permanecía tranquilo, a estos tres se había unido el barman. Muchas habían sido las veces que escucho la historia del borracho, a los parroquianos les gustaba la parte en la que torturaban a la joven india pero llegados a este punto perdían el interés y preferían ensañarse con el desafortunado narrador. Cuando las burlas e insultos degeneraban en agresiones es cuando intervenía y echaba al pobre borracho mas por su seguridad que por las molestias que ocasionaba, realmente sentía lastima por aquel pobre marginado. También la mujer que acudió a limpiar los vómitos de Orcanario y el calvo se quedó allí. Era una señora de unos cincuenta años pero con mirada vivaracha y aspecto agradable. Por último el anciano que amenizaba el ambiente del salón arrancando pegadizas melodías a la vieja y desvencijada pianola cambio la banqueta frente a las teclas por una silla junto a aquel pequeño grupo que escuchaban atentos las atribuladas peripecias de aquellos personajes. Cada cual sentía predilección por alguno de ellos pero casi todos estaban de acuerdo en que era Black Vevet quien más llamaba su atención. Ciertamente alguien como la vieja pistolera no pasaba desapercibida.
-No puedo creer que nadie pueda enfrentarse a cinco rivales en duelo y salir victorioso y mucho menos si se trata de una mujer.-Dijo el matón.
-Yo estuve allí, doy fe de ello.

-Tú no eres mas que un borracho embustero.-El calvo salió de su coma etílico y balbuceo aquellas palabras casi ininteligibles. El matón propino una fuerte patada a su silla haciéndolo caer al suelo.

-Es hora de que regreses a dormir la mona junto a tu mujer, estamos hartos de tus ronquidos. El calvo se levantó como pudo, miro con expresión bobalicona a su agresor sin atreverse a responder y comenzó su lento y ziz-zagueante camino de regreso al hogar al tiempo que lanzaba por lo bajo una retahíla de maldiciones.
-¿Es cierto que tu padre era Orcanadian? De jovenzuela yo y mis amigas leíamos todo lo que él escribía sobre la “eterna forastera”. Todas queríamos ser como ella, una pistolera sin miedo a nada capaz de enfrentarse a forajidos de renombre y acabar con ellos sin despeinarse ni romperse una uña pero nunca pensemos que existiese de verdad. –Orcanario no pudo evitar sonreír al escuchar el comentario de la mujer. También él había leído todos aquellos folletines de su padre siendo ya un licenciado en periodismo y realmente le parecieron fantasiosos y exagerados con muy poco valor literario, pero lo que más gracia le hizo realmente fue lo de que ella y sus amigas quisieran parecerse a la pistolera. Había conocido lo suficiente a Black como para darse cuenta de que “la eterna forastera” hubiera cambiado su leyenda por cualquiera de las vidas anodinas de la fregona o sus amigas.

-Ese tal…Seconfundeyonosoy.-Orcanario dirigió la mirada hacia el mestizo.- No puedo creer que fuese invisible. –Desde el principio el medio indio no pudo disimular la curiosidad que le motivaba el hombre de negro.
-Nunca dije que lo fuese solo que nos era sumamente difícil darnos cuenta de su presencia incluso teniéndolo al lado. Sé que es difícil de creer.

-Y eso que cuentas sobre los muertos…Tal como describes a ese tipo ni siquiera parece humano.-El borracho entendía perfectamente a lo que se refería su interlocutor. También él llego a pensar que no lo era y más aun después de lo acontecido en la fatídica batalla de Roca Vieja.

-Solo cuento lo que viví, vosotros haced las interpretaciones.
-¿De verdad eran vírgenes las dos hermanas? ¿Tan feas eran?-Tras la sorna de las preguntas del matón se escondía un claro interés morboso.

-Al contrario, eran preciosas, pero recordad que se criaron solas con su padre en un pequeño rancho en mitad del desierto.  Dulce aunque odiaba que la llamasen así era adorable. Se comportaba muchas veces como una niña pero su ingenio era mordaz e incisivo. Una muñequita de cabellos castaños y ojos de avellana capaz de mandarte al otro barrio con su cuchillo de cien formas diferentes antes de que pudieras darte cuenta de lo erróneo de su inocencia. Karmeta por su parte era una tiradora formidable, podía acertar con su rifle mata búfalos a un objetivo en movimiento a centenares de metros. Al contrario que su hermana era huraña y recelosa, no disimulaba su desprecio por los hombres. Siempre sospeche que escondía un terrible secreto pero cada vez que intentaba sonsacarla me daba la espalada y se alejaba lanzándome improperios.-Orcanario sintió una amarga pena al pensar en su amigo Negroe, lo había dejado agonizando, luchando por sobrevivir después de una noche de ultrajes y torturas y a ninguno parecía interesarle lo más mínimo su suerte. Retomo el relato donde lo había dejado.
-A la mañana siguiente del trágico suceso la mayoría de los colonos recogieron sus pertenencias y abandonaron el Rock and Old, unos por haber participado de forma activa en la ignominia y otros por la vergüenza que les causaba no haber hecho nada por impedirla. Zupia estaba desolado por la marcha de Black, las hermanas se hicieron cargo de las incursiones y de la caza y al estar Berbuscona al cuidado noche y día del Ahorapajote yo tuve que hacerme cargo de las tareas administrativas, aunque no quedaba nada que administrar. La cosecha no se recogió, las vacas pastaban sin control devorando  los campos de trigo y maíz. Secon tardaría semanas en regresar ajeno a todo lo ocurrido, de nuevo todo se había venido abajo. El indio luchaba contra la muerte…

-No entiendo porque le das tanta importancia a es…¿Cómo coño lo llamas?...¿Negrote?
-Negroe.

-Lo mismo da, que nos importa ese blandengue, ese alfeñique.
-Es un indio indigno.-El mestizo compartía la misma opinión sobre el ahorapajote que el matón.-No puedo entender porque el Espíritu del Caos le entrego el hacha de guerra a él en vez de a su hija.

-¿El espíritu del Caos? ¡Por favooor…no empecemos otra vez con esas supercherías místicas!-Exclamo el barman, el matón lo miro.-Comprende que nuestro amigo el gigantón es medio indio, supongo que él si cree en esas mandangas.
-¿Berbuscona?-El anciano había permanecido en silencio hasta ese momento.-Los Berbuscona fueron una de las familias más influyentes en Uterverse. Kike Berbuscona desempeño un alto cargo en la Corporación hasta que su propia hija siendo aún muy joven lo aparto de él. Cuentan de ella que era una mujer muy bella pero  extremadamente ambiciosa y carente de escrúpulos capaz de todo para alcanzar sus metas. Llego a ser directora ejecutiva en la Corporación pero cayó en desgracia y se arruino. Salió en todos los periódicos pero en ninguno se mencionaron los motivos. Desapareció de un día para otro sin dejar rastro y nunca más se supo de ella. ¿Cómo se llamaba…? Ummm, no lo recuerdo…¡Silvia, eso es, Silvia Berbuscona!

El borracho quedo perplejo por aquella historia.-No, no puede tratarse de la misma persona. La rubia nunca nos dio otro nombre que el de Berbuscona pero era una mujer generosa, eligió la vivienda más humilde de todas al llegar y se dedicó en cuerpo y alma al asentamiento de la misma forma que se entregó al cuidado del indio. No era la engreída avariciosa que has descrito.
-Cuéntanos más sobre la pistolera. –Exigió la mujer de la limpieza, todos salvo el mestizo estuvieron de acuerdo con ella.- La mesa estaba repleta de botellas de whisky vacías pero hacia largo rato que nadie probaba un trago ni siquiera Orcanario.

-Si es lo que queréis…Esto es todo lo que averigüe de ella tras hablar con Zupia y hacer mis propias investigaciones. Esta es la verdadera historia de la aventurera sin nombre, de la pistolera a la que temían los bandidos más sanguinarios, de la mujer sin pasado, de “la eterna forastera”.

La eterna forastera. "Infierno de whisky".
Acabo de liarse el pitillo con la mano izquierda mientras con la diestra escanciaba nuevamente el whisky de la botella al pequeño vaso. Esta vez lo sorbió despacio paladeando el seco y fuerte sabor a madera. Frente a ella el gran espejo de detrás de la barra del saloon reflejaba a los dos individuos que seguían plantados tras de ella, la lámpara de petróleo que se hallaba sobre sus cabezas los iluminaba con claridad. Nadie mas podía verse en toda la sala. Creyó reconocer al tipo del bigote y ojos de loco, estaba casi segura , su nombre eran 500 rays. Demasiado dinero por tan poca cosa- pensó la pistolera.-Se levanto muy despacio de su asiento y giro muy muy lentamente (No tenia ninguna intención de recibir un balazo por la espalda por un estúpido movimiento nervioso.) Ahora sus ojos se encontraron, no le preocupaba el otro individuo, se notaba demasiado que no era mas que un patán al que habían embaucado con la promesa de dinero fácil. Sin embargo en la mirada del bigotudo podía leerse la ambición de gloria. Estúpido, tendrá lo que busca, tendrá la gloria eterna. Apuro el último trago y agarro de nuevo la botella para servirse uno mas, siempre con movimientos pausados, ese no seria su último whisky. Los tipos prácticamente acariciaban las culatas de sus revólveres con la yema de los dedos, el patán sudaba abundantemente, un idiota asustado podía ser muy peligroso era cuestión de tiempo que se precipitara a hacer una tontería. El del bigote miro a su compañero de forma autoritaria, eso basto para calmarlo. La botella estaba casi llena, que desperdicio, la lanzo en un rapidísimo movimiento sobre los sicarios y una detonación rompió por fin el angustioso silencio. La botella estallo en mil pedazos y el licor tomo contacto con la llama de la lámpara, una gran bola de fuego envolvió a aquellos dos desgraciados que corrían ardiendo y gritando de un lado a otro. Descerrajarles un tiro hubiera sido un acto de piedad pero ella desconocía el significado de esa palabra. A los pocos segundos se desplomaron por fin, la mujer saco un papel de uno de sus bolsillos y lo miro detenidamente, en efecto, el tipo del bigote era el de aquel mal retrato, 500 dólares vivo o muerto rezaba la inscripción bajo su fea cara. Puso el pitillo en sus labios y acerco su rostro a la cara del chamuscado delincuente, aun sufría estertores y se convulsionaba, estaba irreconocible, había perdido una pequeña fortuna pero el espectáculo había valido la pena. Acerco el cigarro sujeto en sus labios a la cabeza del socarrado tipejo hasta que prendió, extrajo de otro de los bolsillos de su raído guardapolvos un nuevo papel, lo desdoblo con cuidado, era muy viejo. Lo contemplo durante largo rato, el hombre de pelo largo y negra barba que estaba retratado probablemente seria ahora muy diferente, si conservaba la barba estaría llena de canas y la frondosa cabellera que poblaba su cabeza posiblemente habría desaparecido. Morgan Flanagan 100 dólares vivo o muerto, el cigarro se había consumido y la quemo los labios devolviéndola nuevamente a la realidad. Doblo con mucho cuidado el papel y lo guardo en el que parecía ser un bolsillo especialmente destinado a salvaguardar dicho documento. Salió por la puerta, el abrasador viento procedente del desierto la golpeo el rostro, a su espalda quedaba un rastro de muerte, se detuvo unos minutos para liarse otro pitillo, algunas cabezas curiosas empezaban a asomar de los sitios mas inverosímiles, busco por todos sus bolsillos pero no encontró ningún encendedor,arrojo el cigarro a una escupidera y prosiguió su camino.


La eterna forastera. "La senda del odio."

-¿Por qué quieres matar a tu padre?-Formulo la pregunta con la indiferencia de quien realmente no espera respuesta. Estaba mas pendiente de que la destartalada cafetera llegase por fin a bullir que de la flacucha muchacha de cabello castaño y enormes ojos color avellana que sentada a su lado lo observaba con aire decepcionado. Aquel viejo tenia pinta de cualquier cosa menos de leyenda; Roberto Reyes, mas conocido en todos los estados del sur como Texas centella. En todas las historias que de él había oído se hacia especial hincapié en la vertiginosa rapidez con la que desenfundaba, de ahí su apodo pues aseguraban que era imposible distinguir el momento en que el arma escapaba de su funda y que parecía aparecer de la nada para con la misma velocidad disparar y abatir a su oponente. Sin embargo quien se hallaba enfrente de ella era un anciano con profundos surcos en la frente y el rostro arrugado como una pasa, su ojo izquierdo prácticamente estaba oculto por la desagradable telilla amarillenta de unas ya muy avanzadas cataratas mientras que en el derecho también se empezaba a advertir el principio de la enfermedad. El café estaba listo por fin, agarro la cafetera con cuidado protegiéndose con un trapo del hierro candente, lleno un par de sucios vasos y ofreció uno a la joven, ella observaba cada uno de sus movimientos, su pulso aun era firme, rechazo el café.-Haces bien muchacha, tan solo es asquerosa achicoria, no tomo un café en condiciones desde hace años, tantos como llevo aquí escondido olvidado por todos.-Sonrió y dejo al descubierto sus sanguinolentas encías enfermas de gingivitis, apenas le quedaban dientes.
-¿Me enseñaras entonces?-El viejo la interrogo nuevamente.-¿De verdad quieres convertirte en una asesina, dormir el resto de tus días con un ojo abierto temiendo que en cualquier momento alguien ponga fin a tu vida? Yo también fui joven, era orgulloso y no temía a nada, me regocijaba de la suerte que corrían mis enemigos, sangrando como cerdos abatidos a mis pies. Pero los años pasan y si tienes la suerte de no haberte topado con alguien mejor que tú y sigues respirando, empiezas a hacerte preguntas. Te das cuenta de que estas solo, poco a poco pierdes la confianza en ti mismo y llegan las dudas y con ellas los miedos. Sorbía despacio la achicoria, estaba demasiado caliente.-Yo no tengo miedo, me jure a mi misma que nunca mas lo tendría.-Ahora si la miraba, la observaba detenidamente buscando un atisbo de duda, una debilidad que le permitiera disuadirla de aquella locura.-Tienes determinación muchacha, lo reconozco, el hecho de que me hallas encontrado lo demuestra, pero mírame, todos nos convertimos en esto, si tu padre sigue vivo ya habrá comenzado a languidecer, su estrella habrá empezado a apagarse, sus crímenes los purgara solo….-Permaneció unos segundos en silencio girando la cabeza para evitar la mirada de ella.-…como yo.-Recupero la compostura y de nuevo dejo al descubierto sus escasos dientes al esbozar una sonrisa.-Bébete eso, te hará bien, hiciste un largo viaje. Nuevamente la joven rechazo el ofrecimiento.-Ya no se cuanto tiempo llevo ocultándome en este lugar temiendo que en cualquier momento aparezca un lechuguino con ganas de hacerse un nombre o alguien al que seguramente he olvidado buscando venganza, he desperdiciado mi vida te lo aseguro, búscate un marido, forma una familia y ten un montón de críos, vive una vida como Dios manda, el odio solo engendra mas odio, olvida tu venganza.-No olvido y lo único que poseo es mi vida, dispondré de ella como me venga en gana viejo, ahórrate los discursos, tu lo has dicho, recorrí un largo camino y me jodería irme con las manos vacías. Me contaron que eras el mejor pero desde que llegue no has hecho otra cosa que llorar y compadecerte. Creo que exageraron demasiado tus historias, no creo que nunca hayas sido ni siquiera mediocre.-El viejo no callo en la trampa.-De nada te servirá provocarme, la edad no solo me hizo cobarde, también he ganado sabiduría. Muy bien, como bien has dicho, tan solo posees tu vida. ¿Cómo piensas pagar mi tiempo?-La muchacha no vio lujuria en la mirada del anciano, eso la tranquilizo un poco pero no solucionaba el problema. No tenia nada con que pagar ni siquiera aquel apestoso vaso de falso café.-Llevo mucho tiempo solo, agradeceré algo de compañía, pero tendrás que trabajar duro. Cocinaras para mí, yo soy un desastre en eso, limpiaras todo esto, cultivaras el huerto y cuidaras de mis escuálidas reses. Si después de todo esto te sobra algo de tiempo te enseñare, pero si no cumples con mis expectativas te mandare a casa de nuevo con tu madre.- El rostro de ella se ensombreció fortuitamente y en sus ojos podía verse germinar el odio, se mordió la lengua para no echarlo todo al traste.-El viejo se dio cuenta de ello y se acarició la barbilla meditabundo, esta vez no haría preguntas.-Trato hecho.-Le estrecho la mano, él pudo darse cuenta de que aunque demasiado delgada era fuerte, un cuerpo acostumbrado al trabajo.-Muy bien empezaremos mañana temprano. Ahora limpia todo esto.

Parece mentira la cantidad de recuerdos que pueden pasar por la mente en tan solo unos segundos. Frente a ella los despojos espatarrados panza arriba, inertes sobre el barro mezclado con estiércol de la sucia calle. Se acercó para verlo mejor, había conseguido desenfundar, aquel muchacho podía haber sido bueno, muy bueno, pero las prisas, la intrepidez suicida de la juventud lo habían conducido a una muerte prematura. Era muy guapo, le hubiese gustado pegarle un polvo en vez de obsequiarlo con una onza de plomo justo en mitad del corazón. Se sintió sucia, ¿remordimientos…? No, le acababa de bajar la regla, tan solo necesitaba un baño.

Trabajar para el enemigo.
 
 Hizo detener a su montura para poder ver como los mineros salían tiznados de aquel agujero. El blanco de sus ojos resaltaba en sus negras caras dándoles un aspecto espectral, se movían despacio, en silencio, agotados por la larga jornada de trabajo. También vio a algunos niños, en un pueblo minero como aquel no habían casi mujeres por lo que imaginó que aquellos críos eran los hijos de las prostitutas del burdel. Tenían la mirada pérdida , su infancia acabo demasiado pronto, la silicosis destrozara sus pulmones antes de que lleguen a desarrollarse del todo. Se vio reflejada en ellos, en la tristeza de la expresión de sus pequeñas caras. Su mente volvió a divagar perdiéndose en viejos recuerdos, su anciano maestro se lo advirtió muchas veces: “Tu cabeza deja de reposar sobre tus hombros con demasiada frecuencia, debes mantener los pies sobre la tierra y todos tus sentidos alerta, de lo contrario tu historia no será mas que un breve relato.” Ahora veía a aquel que dijo ser su padre destruir de un disparo todo lo que fue su mundo durante diez años, recordó como estando el cuerpo de su madre aun caliente la arranco de sus brazos y la abandono en el rancho de aquella pareja antes de huir de la justicia. En unos pocos días agoto todas sus lagrimas quedando sus ojos completamente secos. Allí la trataron peor que a un negro, la hicieron trabajar duro de sol a sol y la humillaron constantemente. Acumulo odio durante 6 años, tan solo el recuerdo de su madre llamándola por su nombre permitió que no lo olvidara, nunca nadie mas lo hizo, lo guardaba en secreto como si se tratara de un preciado tesoro que no compartiría con nadie. Reunió todo su valor y escapo de allí haciéndose la promesa de que Morgan pagaría por todo lo que le había hecho; Morgan Flanagan, ni siquiera le dio su apellido, tampoco lo quería, renegó de cualquier lazo de sangre que pudiese unirla a aquel monstruo. Salió de sus ensoñaciones al percatarse de él último grupo de “hombres topo” que emergió de las profundidades de aquel negro agujero. Arrastraban por los brazos a un hombre medio muerto que escupía sangre.-¿Qué ha pasado?-Un derrumbamiento señora.-Le respondió un sujeto en el que ya se apreciaba la enfermedad de la mina.-Una piedra ha aplastado el pecho de Jhosua, otros dos compañeros no tuvieron tanta suerte.-¿Dónde esta el medico?-La miraron entre extrañados y enojados.-Ninguno de nosotros tenemos con que pagar a un medico, no vendrá.-La forastera hecho un ojo por el lugar, habían muchos hombres armados custodiando la mina.

Media hora mas tarde se encontraba sentada en un lujoso despacho frente a un tipo gordo de aspecto porcino, no pudo evitar reírse pero su interlocutor no parecía compartir su sentido del humor. -¿”El zarrapastroso”? Jajaja. Alguien con semejante apodo no debería ser un problema para un tipo importante como usted. No entiendo porque necesita de mis servicios.-El gordo permanecía serio, fumando un enorme puro que con su humo cargaba el ambiente del lugar.-Ese tipo es un agitador y un asesino. ¡UNA MALA BESTIA!-El dueño de la mina intento relajarse para poder continuar con sus explicaciones. Sudaba abundantemente, demasiada grasa. La pistolera dejo de reír, estaba allí por negocios y 500 rays eran algo muy serio. El gordo continuo.-Ese individuo intento poner a los mineros en mi contra y arrojo a mi capataz por un respiradero, aun no hemos podido sacar el cadáver de ahí dentro. Le partió la espalda al sheriff y su ayudante aun esta conmocionado por la pedrada con la que le abrió la cabeza. Los ánimos por la mina están muy cargados así que no puedo prescindir de ninguno de mis hombres. Si me lo traes vivo te daré un extra de otros 100 rays, quiero colgarlo yo mismo del extremo de una soga.-Salió del despacho y se cruzo con un tipo con la cara marcada por una gran cicatriz, la miro con indiferencia antes de entrar al despacho. El gordo ofrece mucho dinero por un jornalero con malas pulgas, sin duda había algo muy personal en todo este asunto como para contratar los servicios de tantos caza recompensas, el de la cicatriz parecía realmente peligroso. Se dirigió a la cantina a tomar un trago, el humo de aquel apestoso puro la había secado el gaznate y la presencia del gordo porcino dejado un mal sabor de boca. Era muy fácil deducir al ver a los clientes que se trataba de mineros, las uñas negras y sus caras aun tiznadas por el carbón, desde que entro en la pequeña taberna todos la vigilaban con semblante serio. Estaba sentada en una mesa , el whisky de aquel lugar era malo y caro, un autentico matarratas, comprendió en seguida que la cantina era propiedad del gordo como la mina y todo aquel pueblo miserable. Se levanto el mas grande de los tres tipos que bebían aquel veneno en la mesa de al lado, trajo su vaso consigo y se sentó frente a ella.-Sabemos a que has venido, espero que el zarrapastroso destroce tu bonita cara antes de mandarte al infierno.- Es curioso, pensó, en un lugar como este en el que no hay mujeres, aquellos hombres preferían verla muerta antes que desnuda en su cama. El tipo grande apuro de un trago su whisky y lo dejo de un golpe sobre la mesa en lo que seguramente a él le pareció un gesto amenazante. La pistolera miro el vaso y vio en el una metáfora de lo que era la vida de aquellas gentes, una existencia vacía.

Era hora de partir, tenia una cita con 500 rays, si el tipo no era demasiado terco podría conseguir un tentador suplemento de otros 100. Se encontraba perfectamente pero antes de irse sintió la imperiosa necesidad de visitar al matasanos.

La eterna forastera.

Desde que dejo su caballo en el establo aquel alfeñique no dejo de perseguirla por las calles del pueblo, con su traje barato de leguleyo y aquella expresión bobalicona. Tomaba apuntes en una libretita mientras intentaba seguir el ritmo de las largas zancadas de la pistolera.-No soy abogado, soy periodista.-La corrigió.-No me importa que tipo de chupatintas seas, tienes pinta de picapleitos y eso es suficiente para que no me caigas simpático, aparta de mi camino si aun sientes aprecio por tus pelotas.- Acelero un poco mas el paso intentando inútilmente que el tipo de los anteojos desistiera y abandonara la persecución. Era un sujeto barbilampiño lo que le daba una apariencia mas joven de lo que realmente era, debía de rondar los 35 años pero aparentaba muchos menos. Lejos de cesar en su empeño, el periodista la seguía dando traspiés , escribiendo notas e intentando no perder una dignidad de la que sin duda carecía.-Parece que no quieres comprenderlo, alguien como tu entusiasmara a los lectores, una mujer que se ha enfrentado con éxito a forajidos de renombre. Todos besaran el suelo que pisas, eres…-Pensó unos segundos la palabra apropiada.-…exótica. Tus aventuras pueden hacernos…-corrigió.-acerté famosa.-Por mas que aumentaba el ritmo de sus pasos no conseguía dejarlo atrás, el presunto periodista hacia todo lo posible por no parecer que corría tras ella. De súbito, en un movimiento brusco, la pistolera cambio de trayectoria, el lechuguino iba un par de metros a la zaga de ella. Se detuvo de pronto y el tipo la alcanzo resoplando, se planto a su derecha. La pistolera se toco su larga cabellera castaña de forma nerviosa como intentando poner cada cabello en su sitio. Sabía que su oreja mutilada estaba bien oculta pero no soportaba la idea de que alguien pudiese percatarse de su existencia.-¿Sabes en que os parecéis tu y una mosca?-La miro contrariado con sus ojillos miopes.-No…no entiendo.-En que ambos tenéis los mismos gustos.-El tipo noto algo blando bajo sus pies.-¡MIERDA!-Exclamo, en efecto de eso se trataba literalmente, la pistolera lo había dirigido hasta una enorme plasta de caballo que rebosaba sobre sus zapatos de saldo. El tipejo se alejó maldiciendo, por fin respiro aliviada libre de su presencia. Se dirigió al salón, alquilaría una habitación para pasar la noche pero antes le apetecía un trago.

Media botella de whisky mas tarde reapareció la mosca cojonera con los mismos zapatos pero relativamente limpios. -¿Puedo sentarme con usted?-Formulo la pregunta después de haber tomado asiento, la pistolera lo miraba con los ojillos entrecerrados, el alcohol ya le había hecho efecto. –Permita que me presente como dios manda, fue muy descortés por mi parte no haberlo hecho desde un principio, no quisiera que una bella señorita como usted se formara un concepto equivocado de mi persona, mi nombre es Orcanadian, Orcanadian O´Tull. Aquí tiene mi tarjeta.-Patético adulador, se sirvió otra copa, sin ninguna duda necesitaría estar muy borracha para no pegarle un tiro a ese tipo.-¿Y su nombre es...?-Apuro de un trago el whisky, lleno el vaso de nuevo, lo empezaba a encontrar gracioso. –Comprendo, alguien con un “oficio” como el suyo es normal que quiera mantener el anonimato, pero necesitaremos un alias, algo grandilocuente, impactante, un nombre que se grave con facilidad en la mente de los lectores…-Lo interrumpió.-Acércate.-O´Tull se inclino hacia ella, para acto seguido volar por los aires y acabar en el suelo con la nariz rota.-¡HIJA DE PUTA!- La pistolera rio a carcajadas,-Ja ja ja, querías un nombre, ese me parece perfecto. –Jamás llegaría a saber el periodista lo cerca que estuvo de que le volaran la tapa de los sesos.-¿Por qué hiciste eso?- Llorisqueaba mientras intentaba detener el goteo de sangre con un pañuelo.-Porque me apetecía.-Continuo riendo al tiempo que lo veía alejarse corriendo en busca de un medico. Los presentes tan solo se habían percatado de la última parte de la escena y pensaron que el pobre Orcanadian debía de haberse propasado con aquella mujer de cara de tener poca paciencia. Se canso de la presencia de aquellos curiosos que ahora no dejaban de observarla, compro otra botella y subió a su habitación.

Se lio un cigarro, como de costumbre no tenia una sola cerilla así que lo acerco a la llama de la pequeña lámpara de aceite que mal iluminaba el lugar. Cuando quiso darse cuenta no quedaba ni una gota del brebaje. Estaba completamente beoda, todo empezaba a darle vueltas, era el momento de entrar en la fase depresiva. –“Todos acabamos solos, languideciendo al tiempo que anhelamos la compañía de otras personas, pero no podemos permitirnos semejante lujo, no podemos permitirnos confiar en nadie.”- ¡Mierda!- Intentaba borrar de su cabeza las palabras de su maestro.-Maldito viejo, siempre auto-compadeciéndose. Pero yo no soy como él, la soledad no me asusta. –Miro la botella vacía entre cerrando al máximo los ojos en un inútil intento de centrar su visión doble.-Necesito mas whisky.-Casi se cayó por las escaleras antes de llegar a la barra, ya habían cerrado el bar, en algún sitio habrá whisky.-Pensó. Ya en la calle se dio cuenta de que era de noche, lio un pitillo y busco una cerilla, en lugar de ello encontró una tarjeta. Se acercó tambaleándose al pequeño periódico local, en el interior se apreciaba luz. Estaba abierto así que entro en un despacho y se encontró con Orcanadian que se sobresalto al verla. La pistolera casi vomita por culpa del ataque de risa que le produjo verlo con aquella venda rodeándole la cabeza cubriéndole su maltrecha nariz. Orcanadian estaba sentado tras un escritorio (de manufacturación barata, claro esta.) Ella se subió encima de la mesa y gateando se aproximó lentamente a O´Tull. –Pobrecito, deja que vea que es lo que te hice.-El olor a alcohol que desprendía su aliento le hizo girar la cara en busca de una bocanada de aire fresco.-¡No te acerques a mi loca, déjame tranquilo, ya no me interesas!-Acerco mucho su rostro al de él, ya no le molesto el hedor del whisky, al verla tan cerca se sintió fascinado.-Es preciosa,-Penso. Fue desliando la venda poco a poco hasta que quedo al descubierto su amoratado rostro y la gran costra de sangre que marcaba el lugar exacto por el que su nariz se partió. Ella beso la herida y él se dejo hacer, cerro los ojos, de pronto vio todas las estrellas del firmamento acompañadas por un dolor punzante.-¡MALDITA SEA! ¿Por qué has hecho eso?-Ella reía como una posesa, no pudo reprimir la tentación de presionar fuertemente la herida con su pulgar. –Lo…lo siento. Jajajaja.-¡Maldita borracha!-SHHHH, calla. ¿No querías una historia? Tendrás una que no olvidaras en tu vida.

Se despertó en una de las habitaciones del saloon, la nariz aún le dolía horrores pero no le importaba. La pistolera ya no estaba, no la escucho marchar. Fue una noche realmente inolvidable, aquella mujer merecía una historia y él se encargaría de que el mundo la conociera, pero aún quedaba el escollo del nombre. Le dio muchas vueltas pero todo lo que se le ocurría era estúpido, trillado o pretencioso, por fin lo vio claro. Aquella mujer sin nombre, sin hogar, sin pasado era una extraña haya donde llegaba, una forastera. Si eso es justo lo que buscaba, era perfecto. Corrió a su despacho y empezó a escribir de inmediato. “La forastera llego sin llamar la atención, sin hacer ruido, pero al partir del lugar, al igual que el Holandés errante, se llevo consigo el alma de un montón de náufragos….” (Bueno, quizás él si era algo pretencioso pero aquello le encantaría a sus lectores.)

La forastera hacia horas que había abandonado el pueblo, tenia una resaca tan terrible que apenas podían mantenerse derecha sobre su montura. La cabeza le iba a estallar pero lo que mas le preocupaba era no recordar el motivo por el que había amanecido desnuda al lado de aquel cretino.


El pistolero.

Se dirigió hacia la salida del local, con pasos cortos, pausados. La antigua herida del costado le empezó a molestar, como queriendo evocar tiempos pasados. Hacía mucho tiempo que no disparaba contra nadie, que no mataba, pero la náusea que le había invadido al contemplar el rostro de su última víctima no le había abandonado nunca.
Un pasado muy lejano, que pensaba ya olvidado en el fondo de alguna botella, lo habia alcanzado para ajustar cuentas. El forastero era un pistolero. No tenía ninguna duda. Y había llegado hasta aquel apestoso pueblo sólo para enfrentarse a él.
Fuera del bar, un cielo ceniciento cubría los tejados y no permitía ver el sol. ¿Que hora sería? Desde allí no podía ver el reloj del campanario. Daba igual. Cualquier hora es buena para matar o morir. Sentía que había vivido más de lo que le correspondía y que los muertos que atormetaban sus sueños habían decidido cobrarse su deuda.
Nadie le echaría de menos. Había malgastado sus últimos años apurando vasos de whiskey, intentando olvidar, y lo habia conseguido, ya no recordaba ningún rostro, ningún nombre, ningún amigo, ninguna cuenta pendiente.La muerte le había acompañado siempre y se había acostumbrado a dormir a su lado.
¿Quien era el forastero? Parecia joven, ni siquiera le había preguntado el nombre. Se había dirigido directamente a él y le había indicado la salida del saloon. Sus manos se acercaron al revolver. El dolor en el costado le servía para mentenerse alerta y sereno pese a la cantidad de licor que había bebido. Sus ojos escrutaban al jovén tratando de vislumbrar un atisbo de duda, una señal de miedo, pero el rostro que le contemplaba estaba oculto por el sombrero, dejando solo adivinar dos pupilas que atravesaban la oscuridad con el brillo de un odio frío y ciego.
Sus miradas se cruzaron, y el viejo pistolero vio en los ojos del forastero los suyos propios impregnados de muerte y una punzada del pasado le atravesó el alma. La vieja herida empezo a arder. No hubo tiempo para dudar. Las manos de ambos se movieron rápidamente. Un disparó atronó. Solo uno. De pronto el viejo pistolero sintió que sus piernas se quebraban. Su cuerpo cayó al suelo, roto, mientras un estallido de sangre y fuego le desgarraba el pecho.
Vencido, tendido en el suelo, contempló el rostro del pistolero que se acercaba. Al quitarse el sombrero, dejó al descubierto una larga cabellera castaña, de mujer, y vio que eran sus propios ojos los que le miraban. Y el rostro que había olvidado después de tantos años, después de tantas botellas vacías, después de tantas noches en vela se le volvió a aparecer, pero esta vez no era un sueño. Esta vez no habría tiempo para olvidar.
El viejo pistolero cerró los ojos. Recordó el rostro de la única mujer que había amado, el rostro muerto que había tratado de olvidar durante tanto tiempo y que luchaba por aparecer cada noche. Era el mismo rostro que le miraba en ese mismo momento, con la mortal serenidad de quien está acostumbrado a matar. Un nuevo disparo y una lágrima brotó. Una lágrima que llevaba demasiado tiempo luchando por salir de los ojos del viejo pistolero.
La forastera se dirigió a la cantina. Necesitaba beber. Necesitaba olvidar.
(*Capitulo gentileza de 0rcanario.)


El tabernero dejo una botella frente a la mujer, la pistolera lleno un vaso con el licor y lo apuro de un trago, repitio la operacion hasta que se le empezo a nublar la vista. Todos la miraban con miedo, en el exterior una turba de curiosos se habian arremolinado alrededor del cadaver del viejo asesino. Esos eran todos los sentimientos que la forastera era capaz de infundir, miedo y odio. Sentado a su lado un joven jornalero la obserbava.-Tu no me miras como los otros. ¿No me temes?-No mas de lo que te temes tu misma.-Fue su respuesta.-Debes estar aterrorizado entonces.-Lo agarro del brazo.-Necesito empezar de nuevo, quiero que mi primer recuerdo sea algo bello.-Subieron juntos a una habitación.

Errar el camino.
Al despertar se encontró con la atenta mirada del jornalero, era un muchacho joven, no demasiado fornido, con unas manos delicadas poco acostumbradas al duro trabajo de un rancho.
-¿Qué mierdas estas mirando?
-Eres una mujer muy hermosa.
No estaba acostumbrada a aquel tipo de cumplidos y se sintio incomoda, busco por la habitacion su viejisimo guardapolvos, lo encontro tirado sobre una silla, alargo el brazo y busco en sus bolsillos.
-Soy una maldita vieja que ha malgastado su vida persiguiendo fantasmas.
Saco la bolsita del tabaco y unos papelillos, lio un cigarro con su proverbial precisión.
-¿Quién era ese hombre? ¿Por qué acabaste con él?
-No era mas que un anciano al que la hora de expirar sus pecados le ha llegado demasiado tarde. ¿Qué te importan mis motivos? Solo puedo asegurarte que se lo merecía.
-¿Que puede hacer un hombre para merecer la muerte?
La pistolera solto una carcajada. -¿Realmente eres tan estupido o es que me tomas el pelo? Haces demasiadas preguntas, deberias haberte dado cuenta que no es conveniente ponerme nerviosa.-Acaricio las manos de él.-Tu tambien ocultas cosas, no eres un peon, tus manos son suaves y tu piel no esta quemada por el sol.
-Llegue hace unos pocos días y encontré trabajo en un rancho, mi cuerpo se acostumbrara, y mis manos también. Pero es cierto, no lo soy, prometeme que no te reiras.
-Solo me hago promesas a mi misma y ayer cumpli la última, lo siento pero no puedo prometerte nada.-Busco por todos los bolsillos pero no encontro una sola cerilla. Se giro hacia el muchacho.-¿Tienes lumbre?
-Lo siento, no fumo.
-Ahora me diras que tampoco bebes- El joven asintio, la pistolera hizo un mohin de desagrado y busco con la mirada por toda la habitación.-La verdad muchacho...-Se percato de la lampara de petroleo de la mesita justo al lado del jornalero, con el cigarrillo en los labios estiro su cuerpo en busca de la llama rozandolo con el de él.-...que si no fuese por lo de anoche pensaria que eres un afeminado.- Por fin el cigarro se encendio, se incorporo un poco sobre el respaldo del lecho y aspiro satisfecha una profunda calada, la habitacion se lleno de humo.
-Soy poeta.-El joven espero las burlas de la mujer pero estas no llegaron.-Me alegro de que no te hayas reido.
- No puedo reirme de algo que no se lo que es.-Saboreaba el pitillo como si aquel pesimo y apestoso tabaco fuese un autentico festin de aromas y sabores.-Ufff, ahora solo falta un buen trago para sentirme como en el cielo.
-Un poeta es como una especie de escritor, por explicarlo de forma sencilla.
-Una vez conoci a un tipo que decia querer escribir sobre mi.-Sonrio.-Le rompi la nariz y despues me acoste con él.
-¿Lo hizo?
-¿Que si hizo que?
-Pues eso, escribir tus aventuras, tu vida debe haber sido apasionante.
-No tengo ni idea, despues de aquella noche nunca mas supe de él.
-¿No te hubiese gustado poder leer tus propias gestas y que otros las conocieran?
-No me interesa que nadie sepa de mis andanzas, creeme, eso solo me traeria mas problemas. Ademas...-Aparto la cara intentando escapar de la mirada de él para que no se percatase de su sonrojo.-...apenas se leer ni escribir, solo se contar hasta seis, es conveniente saber cuando tu oponente debe recargar su arma.-Aquello ultimo no era mas que un mal chascarrillo, un vano intento de ocultar su vergüenza desviando la atención de la triste realidad.
El joven la acaricio el pelo y la miro con ternura. -Si me aseguras que no me romperas la nariz yo podria enseñarte.- No entendia el porque, pero ella que había apagado tantas vidas se sentia vulnerable ante aquel muchacho. -Hay muchas historias hermosas que te estan vedadas, deja que sea tu maestro.
De nuevo la invadio la tristeza, de nuevo los recuerdos modiendole el corazon, desgarrandole las entrañas.
-Tuve un mentor, despues de una dura jornada y una frugal cena nos sentabamos junto a la chimenea y me contaba innumerables historias, era el mejor momento del día, lo esperaba con impaciencia, me embebia cada una de sus palabras. Me encantaban sus relatos pero nunca se lo dije.- Agacho la cabeza intentando ocultar los sentimientos que afloraban en su interior.
-Parece que por fin descubro a alguien en tu vida por el que sientes aprecio.
-Lo adoraba.
- Hablas en pasado. ¿Lo sigues viendo, que ha sido de él?
-Lo mate.
-Estar a tu lado es realmente peligroso.- El joven estaba confuso, horrorizado por semejante revelación.-No se si salir corriendo en este mismo instante y alejarme al otro extremo del mundo, lo mas lejos posible de tí, sin embargo te miro y no puedo creer que seas tan horrible, no me pareces el monstruo que describes. Solo veo a una mujer que necesita que la escuchen.
Se levanto del lecho dejando que el joven pudiese disfrutar de toda la voluptuosidad de su anatomía. Si, era cierto, ya era una mujer madura de mas de 40 años pero conservaba gran parte del atractivo de antaño.
No me hagas mas preguntas te lo ruego, convenimos en que empezaría de nuevo, quiero olvidar mi pasado, ahora escribire una historia diferente en la que la muerte no este presente en cada palabra, en cada letra. Solo pretendo eso, una vida normal hasta que el destino me alcance, como alcanzo a mi padre.
El jornalero se sobresalto, no pudo reprimirse.
-¿Ese a quien mataste ayer era tu padre?
-Lo he pasado bien contigo, no lo estropees.-La pistolera acabo de vestirse, cogió la canana con el revolver y cuando estaba a punto de ajustárselo a la cintura se detuvo, se lo quito de nuevo y lo miro fijamente.-No, esto es el pasado.-Pensó. Lo arrojo sobre la cama al lado del muchacho.
-Toma, un recuerdo. Si no lo quieres siempre puedes venderlo, te darán un buen dinero por el.
El jornalero miro el arma.
-No sabría disparar con el, ni tan solo empuñarlo. No quiero un dinero que no provenga de mi trabajo y mucho menos uno manchado con tanta sangre. Lo agarro de las muñecas y acerco las palmas de sus manos a sus mejillas.
-A mi me gustan así de suaves, es una pena que las eches a perder.
-No me has dicho tu nombre. –Dijo el muchacho.
-Tampoco tu a mi el tuyo, pero no quiero saberlo. No he de verte nunca mas.
-Yo no soy ningún misterio, mi nombre es Zupia.
-Que nombre mas extraño.
-Significa de lo malo lo peor, supongo que mis padres tenían un sentido del humor un tanto peculiar, pero yo lo acepto, me gusta mi nombre aunque modestamente no soy lo peor de estos lugares.
-Eres un buen chico Zupia, hazme caso y olvídame.
Salió de la habitación en dirección a la calle pero no se dio cuenta de los gritos de la muchedumbre ni los vio correr freneticamente buscando refugio en cualquier agujero. Habia sacado de un bolsillo un viejisimo papel, lo desdoblo con sumo cuidado para que no se deshiciera entre sus dedos, aun podia apreciarse un mal dibujo y unas ya casi borradas palabras. "Morgan Flanagan. 100 dolares vivo o muerto." Cuando se dio cuenta lo tenía enfrente, tambaleándose con la boca llena de espuma y una mirada asesina. Un perro rabioso estaba apunto de abalanzarse sobre ella. Hecho mano al cinto de forma instintiva pero esta vez no encontró su revolver, estaba desarmada a merced del maldito chucho. Un relámpago atravesó su cerebro y de lo mas recóndito de su mente emergieron los recuerdos perdidos. Su madre enfrente suyo, ella tan solo una niña pequeña de diez años y Flanagan disparando. Un par de semanas atrás mama llego corriendo con la mano sangrando, la había mordido una comadreja.
-No es nada, no te preocupes Black preciosa.
-Sangra mucho mami.
La mujer se hecho un poco de whisky en la herida y se vendo con un trozo de tela. A los pocos días empezaron las fiebres, fue entonces cuando apareció Flanagan en una de sus esporádicas visitas. Estuvo pendiente de la enferma día y noche sin despegarse de ella en un solo instante. Despues de casi dos semanas de vigilia casi sin dormir, agotado se retiro a descansar en una cama unas pocas horas.
-No te acerques a mama Black, yo dormiré un par de horas y regresare con ella, no te preocupes, se pondrá bien.
Cuando su padre se durmió la niña entro a la habitación para ver a su madre, la encontró erguida con la mirada perdida y la boca llena de espuma, cuando la mujer reparo en la presencia de la pequeña se abalanzo sobre ella. La niña no pudo soportar una vision como aquella, su madre era todo su mundo y no reconocia a la mujer que la miraba con ojos desencajados y un horrible rictus que le deformaba el rostro, no, aquella no era su madre, desterro la imagen a lo mas profundo de las catacumbas de su sique. Fue en ese momento cuando sonó el disparo y mama cayo muerta sobre un charco de sangre. La escena se vio cercenada adquiriendo un significado totalmente distinto.
El perro la miraba con los mismos ojos con los que tantos años atrás la miro mama, y como aquella vez estaba indefensa, pero ahora su padre no la salvaría, porque su padre estaba muerto, lo asesino ella.
Sonaron varias detonaciones, los impactos distaban mucho de alcanzar su objetivo, el sexto diparo dio en el blanco y el animal cayo abatido. La pistolera se giro y vio a Zupia jadeando, semidesnudo,intentando sostener su revolver. Había corrido hasta el limite de sus fuerzas cuando desde la ventana de la habitación se percato de lo que pasaba en la calle.
Con lagrimas en los ojos lo miro. En el suelo, destrozado y cubierto de barro, un viejo cartel de busca y captura.
-Mi nombre es Black Velvet y toda mi vida ha sido un error.

La mujer de la limpieza intento secar sus pupilas con disimulo sin conseguirlo, el viejo músico le ofreció su pañuelo. El barman se sirvió un trago, también él se había emocionado.
-Es una historia terrible ahora comprendo porque es una mujer amargada.-Orcanario no contesto al camarero, también el lleno su vaso con whisky pero no se lo trago como si se acabase el mundo en unos segundos si no que se quedó mirando el pequeño vaso a rebosar de licor.
-Se cepillo a tu padre.-El matón sonreía divertido.-Con razón se sentía fascinado por ella, daría cualquier cosa por acostarme con una mujer así. Estoy asqueado de falsas mojigatas estúpidas y lloronas que solo piensan en cazar un marido para amargarle la existencia y cargarlo de hijos. Entre esas y las furcias de un burdel me quedo con las últimas. ¿Es por ella por lo que abandono tu madre a Orcanadian?-El borracho no apartaba la mirada del vaso lleno.
-Ella nunca lo supo, yo lo averigüe después de que la pistolera dejara el Rock and Old, cuando paso aquello yo debía tener al menos diez u doce años, pero la obsesión por la eterna forastera los distancio hasta que ella decidió abandonarlo y llevarme consigo. Supe que después de eso mi padre intento encontrar a la caza recompensas durante años. Lo asesinaron unos salteadores de caminos, cuando lo supimos llevaba meses enterrado. En cierto modo Black también fue responsable de su muerte.-Orcanario cogió el vaso de whisky y lo alzo como alza un sacerdote el cáliz para consagrar el vino.-Esto es lo único que llenaba la vida de la eterna forastera, esto es lo único que ocupa ahora la mía. La verdad es que es una mala medicina.
-Ya habéis escuchado la historia de vuestra pistolera borracha.-Dijo el mestizo.-Ahora yo quiero saber el resto de tu relato. Cuéntame más sobre el hombre sin pasado.
-¿Por qué te interesa tanto el tipo de negro?-Indago el matón.
-Quiero saber como acabo todo y nunca me gusto la versión oficial de todo aquello.
-Lo que ocurrió ya consta en los libros de historia, fue una gesta de la que se enorgullecen los viejos y motiva a los más jóvenes y tú prefieres creer a un borracho.-Orcanario apuro por fin el vaso de whisky de un trago.
-La historia la escriben los vencedores. Yo quiero conocer la enterrada en el campo de batalla junto a los vencidos.-El mestizo adquirió un tono solemne.
-Que así sea, esta es la historia de los perdedores, la que yo he escrito con su sangre.

Angeles y demonios.
 
 Había tenido una noche muy ajetreada recorriendo la ciudad recopilando todo lo necesario, por fin ceso la lluvia y al regresar a los suburbios le costaba avanzar por el cenagal en que se habían convertido las callejuelas. En varias ocasiones las ruedas del carro que había robado estuvieron a punto de atrancarse en el barro pero de momento parece que la suerte seguía de su lado. Amanecía y se cruzó con los jornaleros de camino a sus trabajos en la plantación, un amplio grupo iban custodiados por guardias y unidos entre sí por cadenas sujetas a sus tobillos, eran los esclavos. Al norte, en mitad de los campos de droga amarilla se elevaba un enorme granero visible a un par de millas, la cosecha estaba muy avanzada y sin lugar a dudas estaría a rebosar de la funesta planta. En un descampado a la salida de la plantación y entrada de los suburbios también se erguía el macabro patíbulo. Secon paso por su lado y lo observo detenidamente largo rato, sobre una tarima a dos metros y medio del suelo estaban los postes con sus respectivas sogas, conto siete, y a los pies de cada una de ellos una trampilla que se habría al accionar una palanca. Si el reo era afortunado se rompería el cuello en la caída y moriría al instante, de lo contrario le esperaba una larga agonía. No vio al sureño entre los presos. Dejo el carromato oculto a los ojos curiosos en un rincón donde se acumulaba basura de todo tipo y continuó su periplo hasta llegar al penal. Prisión, plantación y cadalso estaban cerca entre sí y nada de ello, incluidos los suburbios, existía hacia tan solo un año. Pueblo Secreto se había convertido en un estercolero aún mayor desde que Residual fue nombrado gobernador. Los muros del penal eran de unos cinco metros de altura, era cuadrado y ocuparía tres o cuatro hectáreas. Una única y robusta puerta custodiada por dos soldados regulares bien armados, imagino que estaría cerrada por dentro y no se abriría más que para el cambio de guardia y la salida de los esclavos camino del trabajo. Cada cincuenta metros se elevaban torres de vigilancia de unos diez metros de altura y en cada una de ellas un celador empuñaba un rifle. Desde el exterior no podía verse donde encerraban a los presos. Aun con su habilidad para no ser visto le resultaría muy difícil entrar ahí y mucho más salir acompañado por lo que desistió enseguida de la idea, ya había trazado otro plan pero no podría realizarlo solo. Un par de individuos le llamaron la atención, por su indumentaria no cabía duda de que se trataba de sureños, vigilaban la puerta del penal sin esconderse demasiado. Al contrario que el mastodonte apresado en el saloon estos eran mas bien de poca estatura y complexión delgada, uno de ellos era de tez pálida tirando a amarillenta. Los sureños eran morenos y de pelo negro con rasgos que podían recordar a los nativos de tierra de nadie por lo que Secon deduzco que aquel individuo padecía del hígado, lo más probable es que fuese a causa de una avanzada cirrosis. Su compañero si era el típico habitante del sur de Utherverse, moreno de piel y cabellos negros, amplio mostacho y pómulos prominentes, ninguno de los dos iba armado tan solo el del bigote llevaba un machete de cortar caña en su cintura. Estaba muy claro lo que hacían allí, Secon se les acerco de frente y señalo el enorme cuchillo.
-¿Es con eso con lo que pretendéis liberar a vuestro amigo?-Los sureños se sobresaltaron al verlo, el del bigote desenfundo el machete e intento asestar un golpe al desconocido. El hombre de negro lo paro en seco agarrando la muñeca que sostenía el arma, no necesito retorcérsela , cuando aquel tipo lo miro a los ojos soltó el cuchillo asustado. –No seáis estúpidos, estoy de vuestro lado. Si fuese un guardia ya os habría volado la tapa de los sesos a ambos sin mediar palabra. Pretendo liberar al gigante, no me preguntéis el motivo, pero necesito de vuestra ayuda.
Aporreaban la puerta del destartalado saloon al tiempo que amenazaban con prenderle fuego si no la habrían, el barman acudió a toda prisa intentando no perder el equilibrio mientras se ponía los pantalones. Se encontró con el sargento de la noche anterior y otros diez rangers. Lo apartaron a un lado de un fuerte empujón. -¿Dónde está el tipo raro?-Grito el suboficial, el asustado camarero señalo con el dedo hacia el cuarto trastero. Los soldados irrumpieron violentamente en el cuartucho pero tan solo encontraron a Ayla sentada con las piernas cruzadas sobre una esterilla dándole de comer migas de pan a unos pequeños ratones.
-¿Dónde está?-Insistió el sargento arropado por sus subordinados. La muchacha miro a su alrededor escrutando el pequeño cuarto. Se levantó y alzó la esterilla mirando bajo ella en un gesto bastante cómico. Los roedores habían huido a su madriguera pero uno de ellos asomaba curioso el hocico por el agujero de la pared. La chica de los rubios tirabuzones se lo quedo mirando y le pregunto con una sonrisa y voz suave.-¿Lo vio? ¿Esta con vos?-Se rio, una risa dulce e infantil. Fue entonces cuando el sargento le cruzo la cara con una violenta bofetada. Ayla frunció el ceño y lo observo como mira un niño que no comprende el motivo su castigo.
-Otra burla más y te aseguro desearas no haber nacido. ¡Ahora contesta zorra! ¿Dónde está el tipejo de negro, donde fue?
-Se fue, marcho y no regreso. ¿Tenía cita con vos? No, no lo creo. Le veo acompañado por muchos soldados armados, sudando miedo y no lo entiendo, él es un hombre bueno que nada ha hecho.- La agarro por el brazo con fuerza, la muchacha sintió un agudo dolor pero no se resistió cuando la saco arrastras del cuarto.-¡Vendrás con nosotros niñata estúpida! Una esclava debe estar donde le corresponde, ya veremos si te quedan ganas de hacer gracietas después de las jornadas de trabajo en la plantación. El camarero se interpuso en el camino de los rangers al ver que se llevaban con ellos a la joven.-¿Qué hacéis, porque os la lleváis?-Pregunto sin atreverse a alzar la voz, como única respuesta un fuerte culatazo de un fusil en la cara, el hombre calló al suelo cubriéndose el ensangrentado rostro con las manos, llorando por el dolor y la impotencia.
Una vez fuera el suboficial ato las muñecas de la joven con una soga y sujeto el otro extremo a su silla de montar. Subieron a sus caballos, el sargento azuzo a su montura pero el equino no se movió. Lo espoleo con violencia sin ningún resultado.-¿Qué cojones le ocurre a este animal?-Siguió espoleándolo cada vez de forma más brutal, de los costados del caballo se deslizaba la sangre. El animal relinchaba pero continuaba sin mover un musculo, el soldado estaba histérico, los otros lo miraban intentando reprimir su risa. Empezó a golpearlo con su revolver en la cabeza, las espuelas seguían llagando los costados la montura sin resultado alguno, continuaba inmóvil. Finalmente descabalgo y lo encañono entre los ojos. –Vas a convertirte en carne para los sabuesos bicho estúpido.-Ayla acaricio tiernamente su lomo y el caballo giro el cuello y la miro con sus enormes ojos, entonces empezó a andar despacio cuidando de no tirar de las cuerdas. El sargento enfundo su arma y monto de nuevo.-Te daré tu merecido cuando lleguemos al penal.-Le grito al oído al animal.
-A este paso no llegaremos nunca mi sargento.-Espoleo nuevamente al equino pero este no acelero el paso. Aquel soldado tenía razón, se les echaría encima la hora de las ejecuciones y seguirían a medio camino.-Id vosotros en busca de ese tipo, es inconfundible ya os lo he descrito y si no os aseguro que lo reconoceréis en cuanto lo veáis, ya me encargo yo de la esclava.- El suboficial los vio alejarse rápidamente y sonrió complacido, después miro a la muchacha,-Por fin solos rubia.
El sargento descabalgo, se acercó a la muchacha, corto las ligaduras de sus muñecas y puso su cuchillo en la garganta de Ayla.-Ahora vas a ser cariñosa conmigo.- Se encontraban en un callejón solitario, ni un alma en los alrededores, aunque de poco le habría servido a la joven pedir auxilio, nadie habría acudido en su ayuda, nadie se habría atrevido a enfrentarse a un ranger. Deslizo el puñal por su cuello descendiendo poco a poco hasta llegar al pecho, el soldado se deleitaba en cada movimiento y su sucia mirada se clavó en el escote de la joven. Empezó a cortar uno a uno de forma pausada los cordeles que fijaban el vestido de la muchacha a su cuerpo, fue en ese momento cuando ella intento inútilmente alejarlo de un empujón pero el soldado era fuerte, la sujeto con su izquierda, su mano rodeo el cuello de Ayla asfixiándola, sin soltar el mango del cuchillo la golpeo con el puño en la cara con violencia.-¡Resístete ramera! Eso aún me excita mas.-La rubia soporto el dolor sin un quejido, cerró los ojos sabiéndose perdida. No se resistiría por el momento, aguardaría pacientemente el instante en que el destino le brindase una oportunidad para intentar huir. El suboficial hundió su cara entre los senos de la muchacha el cuchillo presionaba su vientre, cualquier movimiento brusco podría provocar que se clavase. No le pareció una mala idea, acabaría por las bravas con aquello sin darle el placer a aquel miserable de concluir su vil acto. Pero no, no quería morir, aún tenía muchas cosas que hacer en la vida. La pudo la repugnancia cuando el soldado metió la mano entre sus faldas buscando su sexo e ignorando la amenaza del puñal lo empujo de nuevo. Esta vez consiguió apartarlo un metro, aquel malnacido levanto el puño con la intención de propinarle un nuevo golpe tomando suficiente impulso como para que Ayla imaginando la violencia de la futura descarga se cubriese el rostro con los brazos a la vez que cerraba los ojos y soltaba un grito. Pero no sintió ningún dolor cuando escucho el golpe acompañado de un gemido, abrió los ojos y encontró tendido en el fango al dolorido soldado que palpándose el costado soltaba maldiciones. La coz que le había propinado en la espalda el caballo no bastó para dejarlo fuera de combate.-¡Maldito animal!- El ranger apunto con su arma a la montura pero Ayla sujeto su muñeca forzando un escarceo momento que aprovechó el jamelgo para propinar una nueva coz al soldado. Esta vez lo alcanzo en el rostro, el tipo salió despedido, voló varios metros antes de caer al suelo y romperse el cuello. La muchacha quedo tan inmóvil como el cuerpo inerte del frustrado violador, lo miro largo rato y se sorprendió al sentir pena por él. Lo pudo ver de niño nutriéndose del pecho de su madre, jugando ya de más mayor con su padre y reconoció la inocencia en sus mirada. ¿En qué momento se torció su camino? Nadie nace malvado. No le gustaba la idea de abandonarlo en aquel callejón semienterrado en el fango a merced de las fauces de los famélicos chuchos que deambulaban por el suburbio pero no tenía tiempo que perder, debía huir. Cuando encontraran el cadáver sin duda la culparían y nada la libraría de una soga. ¿Pero dónde podía ir? El saloón es el primer lugar donde la buscarían y no conocía otra cosa. Debía de encontrar al hombre de negro, no tenía a nadie más y a fin de cuentas él era su dueño. ¿Pero dónde podría estar? Pensó que sin duda alguna lo encontraría allá donde hubieran problemas.
Se acercó al caballo de soldado que la miraba relajado, acaricio su cuello en un gesto de agradecimiento y no sin antes pedirle disculpas subió a su grupa.
-Bien querido amigo, llévame lejos.
El barman no se había equivocado ni un ápice en sus conjeturas, tal como pronosticó justo al caer la tarde cuando regresaban los jornaleros de la plantación arrastraron a los reos hasta el patíbulo. Los soldados obligaron a asistir a todos los del suburbio, incluidos los niños y los congregaron en el descampado, el barro del suelo aún estaba húmedo. Desapercibido entre la multitud Secon se fue acercando despacio hasta los pies del cadalso, nadie lo miraba. Por los peldaños de madera subían los condenados custodiados por la tropa.-¡Mierda!- Exclamo para sus adentros el hombre de negro. Eran cinco y si se ajustaba a su plan inicial tan solo podría salvar a uno y eso con mucha suerte. La encrucijada era terrible pero debía elegir uno de los dos caminos. Intentar rescatar a uno o arriesgarse a perderlos a todos.

Situado al costado del primer condenado leía su nombre, el delito que se le atribuía y la consiguiente pena, era un individuo delgaducho de nariz aguileña sobre la que se sostenían a duras penas unos gruesos anteojos que cada dos por tres izaba con el dedo para volver a deslizarse irremisiblemente al momento sobre la punta de su apéndice nasal . Se le marcaban los pómulos de forma exagerada y vestía un caro traje oscuro, Secon sabía de quien se trataba, era el juez.
-Viktor_Reys, procesado y condenado por robo. La pena por sus delitos es la muerte, será colgado de una soga hasta que expire su último aliento. Que Dios se apiade de su alma.-El juez lo invito a decir unas últimas palabras, el reo miro a la muchedumbre con lágrimas en los ojos y tartamudeo.
-Tan solo fue un poco de trigo y unas libras de carne, mi familia pasa hambre, mis hijos…-Un tipo fornido rodeo en ese instante el cuello del desdichado con una gruesa soga, el pobre hombre se derrumbó y se hecho a llorar, el verdugo ajusto el nudo alrededor de su garganta.
Secon escudriñaba a su alrededor sin perder detalle, a los pies del patíbulo montaban guardia quince soldados regulares armados con rifles. Otros treinta rodeaban a la multitud allí reunida. La mayoría de los presentes permanecían con la cabeza gacha sin atreverse a mirar directamente el fúnebre espectáculo pero algunos otros soldados circulaban entre ellos y los obligaban a alzar la vista bajo amenazas. –Son demasiados-Pensó el hombre de negro, pero tenía que confiar en que su plan funcionase, un plan extremadamente sencillo. Previamente había pasado por los postes en los que estaban sujetas las monturas de la tropa y las había desligado con disimulo. Entonces los vio, caminaban entre el gentío buscando a alguien. Diez rangers con las insignias de la compañía de Analfataya, la mayor escoria del ejército de Utherverse. Comprobaban uno a uno a los asistentes. Los tenía a pocos metros, debía alejarse, por mucha que fuese su rara habilidad de pasar desapercibido no era invisible y por alguna razón imagino que era a él a quien buscaban. No podía abandonar el lugar ni permanecer lejos del patíbulo. Su plan era una sencilla maniobra de distracción y en el peor de los casos, si el verdugo accionaba la palanca de la trampilla debía estar situado debajo para sujetar al sureño, cortar sus cuerdas y pies para que os quiero. ¿Pero qué pasaría con los otros cuatro desdichados? No quería abandonarlos a una muerte segura. Cuando los tenía casi encima apareció uno de los ayudantes del sheriff y le dijo algo al cabo que dirigía a los rangers. Salieron del lugar a toda prisa, el hombre de negro no podía imaginar el motivo de aquel cambio brusco en la actitud de los soldados pero se alegró de que la suerte siguiera de su lado. El juez ya había acabado con el segundo condenado, era el turno del sureño que ocupaba justo la posición de en medio.
-De nombre desconocido responde al alias de “el zarrapastroso”-¿El zarrapastroso? ¿De qué le sonaba ese nombre a Seconfunde?-Imputado de los delitos de incitación a la rebelión, incitación a la violencia, lesiones y resistencia a la autoridad, la pena de sus delitos es la muerte por asfixia colgado de una soga. Que Dios se apiade de su alma. ¿Deseas decir algo?-El sureño lo miro desafiante sin articular palabra, el verdugo se dispuso a colocarle la soga. Los acontecimientos se precipitaron, el hombre de negro no contaba con aquello. El sureño propino una patada en los testículos al hombrecillo de los pómulos prominentes al tiempo que de un terrible cabezazo rompía la nariz del verdugo, Secon creyó oír el crujido del tabique. Se escucharon algunos gritos de júbilo, pocos, y pronto los más osados fueron reducidos por los soldados. El zarrapastroso se revolvía como una fiera acorralada dando empujones y puntapiés a diestro y siniestro a los soldados que habían subido a reducirlo. Aun con las manos atadas a la espalda era un enemigo formidable, con todo no podría aguantar mucho. Secon empuño con fuerza el machete que le había prestado el sureño de bigote y que ocultaba bajo sus ropas. Miro con desesperación en dirección a la prisión.-¡Maldita sea! ¿A que esta esperando?-Una tremenda explosión destrozo el flanco derecho del penal, las piedras saltaron por los aires y los cascotes de sus restos cayeron sobre las cabezas de la asustada muchedumbre. La mayoría de los caballos se desbocaron y al estar libres de ataduras escaparon al galope. Los regulares que se encontraban entre la multitud tras unos primeros momentos de incertidumbre corrieron hacia el lugar de la explosión. Entonces llego el hedor junto al humo, todos miraron hacia el granero que se hallaba a un centenar de metros, ardía por los cuatro costados, casi toda la cosecha de droga amarilla se estaba convirtiendo en ceniza. Todos corrieron obligados por los soldados hacia los pozos a llenar cubos de agua. Secon sonrió, los sureños habían cumplido su cometido, habían esperanzas y quizás pudiesen escapar todos. Subió al cadalso armado con el machete vapuleando a los soldados pero sin herirlos con la cuchilla, los dejaba magullados o con algún hueso roto retorciéndose de dolor sobre la tarima. Todos estaban demasiado confundidos y ocupados con el fuego y el penal para prestar atención a la pelea. Una vez se habían desembarazado de los soldados Secon corto las ataduras de los cautivos cuando fue l turno de Viktor escucho un grito de advertencia, dirigió la mirada hacia donde le señalaba el zarrapastroso. E l verdugo con la cara ensangrentada estaba a punto de accionar la palanca de la fatídica trampilla. El mango del machete le acertó de lleno en la cara pero llego tarde. Vicktor se sostenía de puntillas sobre el borde de la abertura a punto de perder el equilibrio, el pánico se dibujaba en su rostro. Secon corrió hacia el pero un par de regulares le cortaron el paso. Una enorme figura agarro a ambos por la cabeza y las entrechoco con violencia para acto seguido lanzar los dos cuerpos aturdidos a los pies del patíbulo. Secon no tenía tiempo de agradecer la ayuda al sureño, dio un gran salto justo cuando Viktor caía por la trampilla, no llego a tiempo, quedo con un trozo de su camisa en la mano. Los amigos del sureño aparecieron entonces sobre sus caballos, traían consigo dos monturas más. No eran suficientes para todos. Los soldados ya se habían dado cuenta de la jugada y corrían hacia ellos.
-¡Esta vivo!-Grito uno de los liberados, sujetaba por los pies al caído intentando que la cuerda no lo asfixiara. Lo liberaron de soga y ligaduras, estaba inconsciente. El tiempo apremiaba, los regulares empezaron a dispararles. Era una suerte que no tuviesen caballos para perseguirlos. Dos por montura los fugitivos escaparon al galope, Secon subió con cuidado al herido al último caballo. El sureño de mal aspecto llevaba las riendas.
-¡Sube!-Le imploro.
-Demasiado peso, poneos a salvo, no os preocupéis por mí. Nos veremos en el lugar convenido.-Espoleo su montura y se alejó tras el resto sin dejar de girar la cabeza hacia el hombre de negro. Los soldados estaban casi encima suyo. Giro bruscamente para regresar en su ayuda.
-¡Lárgate estúpido, cuida de ese pobre hombre!-El sureño acomodo como pudo el cuerpo del herido y dio media vuelta no sin antes dirigir un saludo al rezagado.
-¡Suerte compadre!-Le grito.
Secon miro a su alrededor, no había donde esconderse y no podría escapar corriendo, varios soldados rodilla en tierra lo apuntaban con sus rifles. Agarro con fuerza las pequeñas alforjas que colgaban sobre su hombro, sintió profundamente no poder repartir el correo esta vez. Un proyectil le acertó de lleno en el hombro, fue un impacto limpio con orificio de entrada y salida, noto como una terrible quemadura lo atravesaba. Las balas silbaban cerca de su cabeza, los soldados estaban ya muy cerca no fallarían más disparos. Agarro la mano que le ofrecían sin pensarlo y de un salto subió a la grupa del caballo, el dolor que le provocaba la herida se mitigo al sentir el limpio perfume de aquellos cabellos del color del oro. Se aferró a la fina cintura del inesperado jinete y pudo notar los latidos de su pecho al apoyar la cabeza en su espalda, la transpiración de ella tenía aroma a yerba fresca.
-Estás loca muchacha. ¿Sabes el lio en el que te estas metiendo?
Ayla soltó su peculiar risita y animo a su caballo a galopar acariciando sus crines.

 
Hora de ajustar cuentas.
 
Analfataya aguantaba estoicamente el aluvión de improperios intentando mantener la distancia suficiente entre ella y Residual como para que las perdigonadas que salían disparadas de la boca de este no la alcanzaran de lleno en la cara. Estaba histérico y gritaba como un energúmeno. La comandante de los rangers intentaba abstraerse de la gran bronca observando sin demasiado disimulo el lujoso despacho en el que se encontraba. Ella es la que debería estar al otro lado del suntuoso escritorio rigiendo el destino de Pueblo Secreto y no aquel cretino negligente, engreído y cobarde, pero claro, ella no tenía ningún alto mando de la jerarquía militar en la familia y el tío de Residual era ni más ni menos que el glorioso general Arturo, héroe de las guerras indias y pacificador de las ultimas tribus rebeldes del Sur. Ahora fijo la atención en su interlocutor, desde que fue nombrado gobernador Residual no había dejado de engordar hasta alcanzar en pocos meses la envergadura de una morsa ártica, el mostacho poco poblado cuidadosamente repeinado con la fallida intención de darle un aspecto más denso contribuía a consolidar esa imagen. Vestía un elegante chaleco hecho a medida hacia unas pocas semanas pero que ya empezaba a ceñírsele demasiado al cuerpo al igual que la levita. Una cadenita de oro desaparecía dentro del bolsillo del pecho, Analfataya estuvo tentada de preguntarle la hora solo para poder ver qué tipo de reloj luciría aquel megalómano egocéntrico y lo habría hecho de no ser porque justo a unos pocos metros a su derecha se encontraba un magnifico reloj de péndulo en el que podía apreciarse claramente como las agujas marcaban las nueve y veinte de la noche. Los puños de la camisa de seda asomaban bajo las mangas de la levita donde lucian los gemelos con borlas de diamante que los sujetaban. También se fijó con detenimiento en los anillos de platino con joyas incrustadas que adornaban casi todos los rollizos dedos de ambas manos. A la pequeña y rechoncha soldado se la llevaban los demonios al observar el lujo del que se rodeaba aquel imbécil, Residual nadaba en oro mientras ella le cubría el culo recluida en un asqueroso cuartel. Cierto que tampoco le faltaba ninguna comodidad además podía disfrutar de las ventajas de ser la única mujer de una compañía de cincuenta hombres y por si fuera poco ella estaba al mando de tollos ellos, pero consideraba injusto el nombramiento de Residual, fue ella la que se desembarazo del molesto sargento Anal_Ogiko Dick que podría haberles puesto en un serio aprieto de haber conseguido llevar su informe a Arturo. Fue ella la que con torturas le arranco la información a aquel indio que permitió dar caza a los pies sucios renegados. Fue ella la que asesino al cabo aquejado de demasiados escrúpulos. Fue ella la que compro con promesas el silencio de toda la compañía, testigos incomodos de sus desmanes e ineptitudes y ahora era ella la que mantenía a Residual en su cargo sometiendo a Pueblo secreto a una férrea y cruel dictadura. Sin embargo se encontraba allí plantada, firme ante aquel títere, obligada a cumplir sus ordenes.
-¡En mis propias narices! ¡Me han dejado en ridículo en mi propia casa! ¿Y dónde estabas tú…?-Analfataya intento responder pero Residual continuaba gritando, la comandante comprendió que era preferible guardar silencio y no enfurecerlo más, no veía el momento de que acabase con su colérica regañina y la permitiera salir de allí, asentía o negaba con la cabeza según los gestos del gobernador le indicaban debía hacerlo pero en realidad no le prestaba la menor atención.-¡Estabas persiguiendo a una esclava, a una niñata, sacaste a tus hombres de la plaza para ir tras una maldita mocosa! -La voz de Residual pretendía como de costumbre parecer enérgica pero tartamudeaba demasiado a menudo y su timbre afeminado le restaba autoridad, era por ello que para intentar disimular su inseguridad gritaba demasiado siempre.
-Asesino a uno de mis suboficiales.-Aprovecho que Residual tragaba saliva e intentaba recuperar el fuelle tras aquella precipitada avalancha de reproches para exponer sus argumentos.
-¿Tus todopoderosos rangers se dejan matar ahora por niñas? ¿Y dónde está ahora tan peligrosa homicida?- El gobernador se asomó a una enorme cristalera desde la que se podía distinguir a lo lejos el patíbulo´.-No la veo balanceándose con la lengua fuera y los pies a medio metro del suelo. –Se giro y en un rápido movimiento regreso al escritorio y golpeo con el puño en la mesa, contuvo malamente el gesto que el dolor le provoco, Analfataya lo noto y reprimió una sonrisa malévola.
-¿Quiénes son los evadidos? –Miro de forma inquisitiva a la soldado y bajando la voz pero adquiriendo un siniestro tono que esta vez si intimido a la mujer.
-¿Quién es ese tipo de negro?
-Es uno de los renegados de ese lugar en el sur, el Rock and Old. Un tipo realmente escurridizo, nos está dando muchos problemas últimamente.
-¿Problemas? ¡Maldita sea, el Sur está a muchos días de aquí! ¿Cómo se atreven esos pelacañas a llegar aquí y dejarme en evidencia delante de todos? ¿Un individuo al que seguís la pista desde hace meses se pasea tranquilamente por mi ciudad y no eres capaz de apresarlo? Me lo estas poniendo muy difícil si quieres que no te destituya del cargo.
-Se ha hecho muy popular entre la chusma, lo tienen por una especie de espíritu con extraños poderes, creemos que lo protegen y le dan cobijo. Como ya he dicho es un auténtico portento para camuflarse, será muy difícil dar con él.
-¡Entro en un almacén del ejercito...!
-No podemos asegurar que fuese él.-Residual le lanzo una mirada asesina, Analfataya comprendió que sería más prudente no interrumpirlo mas.
-Robo suficiente dinamita para volar por los aires mi penal. Sustrajo 10 barriles de petróleo con los que quemo uno de nuestros mayores almacenes en todo el continente. Cumplir con los pedidos que nos exigen desde Utherverse es lo único que mantiene adheridas nuestras cabezas sobre los hombros y un solo muerto de hambre socaba mi autoridad, me deja en ridículo y huye delante de tus narices.-Estaba rojo, la vena del cuello se le hinchaba dando la sensación de que podría explotar en cualquier momento, tenía la frente empapada en sudor y la comandante creía poder escuchar los desbocados latidos de su corazón.-Ojala revientes maldito cerdo mugriento.-Pensó.
-Quiero que cuelgues a todos los que estaban de guardia esta noche en el almacén.
-No creo que sea una buena idea poner en nuestra contra al ejército regular.
-Deberías saber hace tiempo que me importa una mierda lo que tú puedas creer. Tan solo debes obedecer, sé un buen perro y tendrás tu hueso. ¡Ahora sal de aquí y no regreses hasta que no encuentres a los fugitivos. Y recuerda…-La señalo con el índice de forma acusadora.-No tolerare mas fracasos.
Analfataya dio media vuelta y se dirigió a la salida cuando un nuevo berrido del gobernador la detuvo.
-¿Como va el reclutamiento de mercenarios?
-A esos perros solo les motiva el oro.
-Promételes lo que haga falta, quiero a los renegados del Rock and Old muertos en un mes, estoy harto de esos piojosos.
-Son indisciplinados, no aceptaran ordenes de nadie.
-Son asesinos, veteranos que combatieron junto a Rocco y Hector, justo lo que necesito para librarme de esas moscas cojoneras.
-Permite que te refresque la memoria, la corporación los traiciono y los diezmo. No confío en ellos ni ellos en nosotros.
-Tu no confías en nadie maldita gorda.-Analfataya se mordió la lengua hasta hacerse sangre, era vanidosa, se creía hermosa y no soportaba que la llamasen gorda.-En cuanto a los mercenarios…Tú lo has dicho, el oro es lo único que los someterá. Promételes montañas de rays, dales un suculento anticipo. Harán bien en no fiarse de nosotros porque no pienso cumplir mis promesas. Tú y tus rangers los acompañareis, cuando acaben el trabajo ocúpate de ellos. Lo quiero todo listo para que partas en una semana.
-No es suficiente tiempo.-Protesto la comandante.
-Eso es todo. ¡Ahora desaparece de mi vista.
Analfataya abandono la enorme sala todo lo aprisa que le permitían las zancadas de sus cortas piernas. No pensaba poner a los regulares en su contra, prefería tenerlos contentos, le serian útiles si llegaba el momento de suplantar al estúpido de Residual en el poder, ya pensaría la forma de engañarlo. No le gustaba la idea de acompañar a los mercenarios tampoco. Desterró de su cabeza todos esos problemas, ahora debía centrarse en encontrar a Seconfundeyonosoy pero sobre todo en dar con la zorra que se había atrevido a acabar con su sargento preferido, uno con el que había compartido muchas noches de alcoba. Aquello era una cuestión personal y ya empezaba a experimentar una sensación de gozo entre las piernas, la excitaba sobremanera tan solo imaginar lo que la haría cuando cayese en sus manos.

Ataba su caballo a un poste justo a otras cinco monturas al tiempo que observaba con curiosidad al perro que le ladraba histéricamente, nunca había visto un can de ese tipo y si no fuera por los agudos ladridos habría tenido serias dudas para identificarlo como tal. Era poco más grande que un gato, de pelo blanco y lanudo como el de una oveja , orejas grandes redondeadas y caídas a los lados de la pequeña cabeza, su expresión era estúpida, parecía una broma de la naturaleza. ¿Qué haría ese extraño chucho en la puerta de la parada de la diligencia? Se encontraba a medio camino de ninguna parte pero conocía el lugar, había un pozo de agua motivo suficiente para montar un alto en el camino del largo viaje desde el árido Sur al verde Norte. Ante la insistencia del animal por incordiarla no vacilo en apartarlo de su camino con una ligero puntapié, salió corriendo asustado, aullando con la apenas visible cola entre las piernas. El refugio no era más que una cabaña mal construida, la madera mostraba claros síntomas de estar enferma de carcoma. El lugar era lo suficientemente grande para albergar una pequeña tienda en la que encontrar algunas provisiones y algo de whisky. La diligencia estaba aparcada a unos metros de la entrada, no había nadie en el interior y el vigilante no montaba guardia en su puesto junto al conductor. Con aquel clima seco y polvoriento más el calor sofocante era normal que nadie permaneciera ahí fuera. En el interior de la cabaña se escuchaba mucho alboroto, cuando estaba cerca de la puerta un individuo salió volando a través de ella, se escucharon risas y el hombre corrió a refugiarse en el interior del carromato. Entro y pudo ver la escena, un tipo estaba sentado maniatado a una silla, el olor a whisky de alta graduación no dejaba lugar a dudas de lo que lo habían empapado. A su lado un hombre de mediana edad lucía una autentica armería sobre sus ropas, sujetaba un enorme puro en sus labios y fingía que intentaba inútilmente encender un chisquero, otros tres tipos reían desde la barra del colmado bebiendo a morro de las botellas de licor. En una mesa más al fondo se encontraba una mujer de edad avanzada vestida elegantemente a la manera de las finas señoras acaudaladas del norte, un cuarto individuo la apuntaba a la cabeza con un colt sin prestarle demasiada atención, estaba entretenido con una muchacha, una adolescente también finamente ataviada. El nauseabundo tipejo sacaba la lengua lascivamente acercándosela al rostro de la asustada chiquilla. El encargado del refugio permanecía en una esquina tras el mostrador apoyado en la pared sin atreverse a mover un musculo. Cuando repararon en la presencia de la recién llegada se hizo el silencio. El tipo de la lengua perdió súbitamente el interés por la muchacha, el del puro sonrío ampliamente dejando ver sus dientes amarillos, encendió su cigarro y paseo la llama del chisquero muy cerca del prisionero que intentaba en vano liberarse y gritaba horrorizado. Los tres de la barra también sonrieron. Los tacones de las botas sonaron acompasados y la madera crujía a cada paso bajo sus pies, el tintineo de las espuelas se escuchaba claramente. La mujer se acercó al mostrador y apoyo su espalda en el, los codos quedaron sobre la barra, doblo sus muñecas y aparto con los dedos en un hábil gesto su raído guardapolvos hacia los lados de las caderas dejando al descubierto sus credenciales, dos colt peacemakers de seis tiros. Los tres de la barra no se dejaron intimidar y pronto hicieron el ademan de acercárse pero basto un gesto de el del cigarro para detenerlos. La extraña saco una bolsita de cuero destinada al tabaco, saco unas hebras y las deposito en un papelillo, se lio un cigarro con una sola mano mientras con la otra aproximaba hacia si una botella de wiski. El del puro se plantó ante ella y le ofreció el chisquero humeante. Sus miradas coincidieron muy próximas, él se fijó en los ojos entornados color avellana de ella y en las arrugas que se formaron en la comisura de sus labios al succionar el cigarrillo para que prendiese del chisquero. Sonrió de nuevo sin dejar de sostener el puro con los dientes y ella comprobó la fea dentadura del tipo, amarilleada por el tabaco y desprovista de algunas piezas. Tenía el pelo grasiento, un cabello largo pero el cuero cabelludo podía verse claramente en las entradas de su cabeza, se estaba quedando calvo. La mujer lo escudriño de arriba a abajo, la llamo la atención algo que colgaba de su cinto, él reparo en ello.
-Son mis trofeos, mis “medallas”, recuerdos de la guerra contra los salvajes.-A la mujer se le revolvieron las tripas ante la visión de aquellas cabelleras. El cuarto individuo dejo atrás a las dos mujeres que respiraron aliviadas, se detuvo a la derecha de la forastera.
-Nos dirigimos a Pueblo Secreto.-Continuo el del puro.-Es un largo trayecto por el desierto, muchos días de soledad con la única compañía de serpientes y coyotes, tu mirada es de reproche. ¿Acaso no tenemos derecho a divertirnos un poco? El humo del puro la molestaba pero la mujer no dejaba entre ver ningún signo de debilidad, se pasó en un acto reflejo la mano por su pelo castaño que cubría su oreja izquierda como queriendo comprobar que cada cabello estaba en su sitio.
-¿Para qué vais allí?-El de los dientes amarillos quedo sorprendido por la voz fría y dura de la mujer, intento detectar en ella algo que delatara miedo pero si estaba asustada realmente lo ocultaba muy bien.
-Están reclutando gente. Realmente es una jodienda hacer un trayecto tan largo desde el Sur para tener que regresar de nuevo desde el Norte.
-¿Sois mercenarios?
-Somos la ley.-Los otros cuatro tipejos rieron a carcajadas al escuchar aquello, en la silla maniatado un hombre lloraba angustiado, la adolescente se acercó despacio a él y empezó a desatarlo. No se lo impidieron, atormentar a aquellas pobres gentes ya no les divertía, ahora tenían otro objetivo.
-Ofrecen un buen dinero por poner orden en el Sur, dicen que en ese lugar los renegados han acumulado una autentica fortuna.
-¿Renegados?
-¿No has escuchado hablar del Rock and Old? El gobernador busca hombres curtidos para acabar con los forajidos que se esconden en ese lugar y nosotros somos los mejores en estos quehaceres.
La mujer miro de nuevo las cabelleras que colgaban del cinto de aquel tipejo.-¿Sois veteranos del ejercito?-Ella sabia de sobras lo que realmente eran pero se hizo la estúpida.
-¿El ejército?-De nuevo rieron todos a carcajadas.-Combatimos junto a Rocco hace una década, el ejército nos atacó a traición, muy pocos sobrevivimos, solo espero una ocasión para resarcirme de esos hijos de perra.
-Pero vais a trabajar para el gobernador…
El mercenario sabía por dónde iban los tiros y se adelantó en su respuesta.-Para la venganza siempre hay tiempo pero para llenar el estómago hace falta oro y aseguran que en ese lugar hay un auténtico tesoro.
-Sois unos verdaderos imbéciles.-No levanto demasiado la voz en aquella afirmación, no la convenía enfurecerlos.-¿Por qué iba el gobernado a compartir un tesoro como ese con unos perdedores como vosotros? Él tiene un ejército a sus órdenes, no os necesita.
-Las cosas no le van demasiado bien al “ilustrísimo” gobernador, necesita de todas sus tropas para meter en vereda a los colonos, los ánimos están muy caldeados últimamente por el Norte. En todo caso, con o sin tesoro nos ira bien un poco de ejercicio, estamos entumecidos, demasiado tiempo de inactividad.
El que acosaba a la adolescente empezó a olisquear a la forastera.-Bajo el polvo y esas sucias ropas puedo oler tu coño.-Le susurro al oído e inspiro por la nariz fuertemente, sonó una especie de silbido al pasar el aire por sus fosas nasales.
Notaba cada vez mas cerca de su cuello el cálido y fétido aliento del mercenario, ni siquiera el fuerte olor del puro del otro tipo disimulaba aquella desagradable peste. Sin embargo la pistolera no mostraba en su rostro signo alguno de repugnancia, ni cuando sintió como la viscosa y húmeda lengua se deslizaba por su garganta. Intentaba apartar la mirada de aquellas cabelleras sin conseguirlo, le vino la imagen de Negroe tambaleándose colgado de una soga intentando desesperadamente respirar y aferrarse a la vida. Podía verlo perfectamente, su cuerpo maltrecho, destrozado a golpes y a sus pies Zinue y sus sabandijas riendo a carcajadas. Los tipos que ahora la rodeaban eran de la misma calaña, de la misma ralea que Zinue y los suyos, muchos otros como ellos se estaban reuniéndo ahora mismo en Pueblo Secreto, un ejercito de asesinos contratados por el gobernador con la intención de atacar el Rock and Old y exterminar a sus amigos. El cigarrillo la quemo los labios y lo escupió, hacia unos minutos que había dejado de prestar atención a lo que le decía el tipo de los dientes amarillos, tenia toda la información que necesitaba.
La anciana y la muchacha habían desatado por fin al hombre de la silla y creyendo despistados a sus captores se acercaban con sigilo hacia la salida. Se equivocaban, los tres tipos restantes les cortaron enseguida el paso. Era el error que estaba esperando la pistolera, le acababan de dar la espalda. El del puro abandono el mundo de los vivos sin ni tan solo ser consciente de ello, el revolver le presiono el pecho y el balazo a quemarropa le destrozo el corazón, voló un metro y medio por los aires. El de los lametones no tuvo tanta suerte, con un segundo revolver en la mano izquierda la mujer le volatirizo la entrepierna, se desplomo en el suelo gritando como un cerdo y retorciéndose de dolor. La pistolera dejo caer sobre el mostrador el arma y desplazo rápidamente la palma por el percutor de la de su diestra en tres rapidísimos movimiento. Los tres mercenarios que quedaban apenas tuvieron tiempo de girarse antes de caer inertes con un balazo en la cabeza. El reciente eunuco seguía gritando y maldiciendo, intentaba inútilmente detener la hemorragia que fluía abundantemente del lugar donde antes se encontraban sus pelotas. Black lo miro con desprecio y le descerrajo un disparo entre los ojos, se hizo el silencio mas absoluto hasta que a las espaldas de la pistolera sonó un "clic". Enfundo el revolver y se giro muy lentamente. Frente a ella el encargado de la parada sudaba, empuñaba con ambas manos el arma que la mujer dejo sobre la barra y la apuntaba tembloroso.
-Los mataste a sangre fría, no eres mejor que ellos.
Con un rápido movimiento agarro el cañón del revolver y lo desplazo donde la trayectoria de un proyectil no la alcanzara.
-El hecho de que sigáis vivos demuestra que te equivocas.-No era mas que un tendero asustado, soltó el arma y se alejo unos pasos hacia atrás hasta que la pared a su espalda le impidió seguir retrocediendo.
Black hizo girar el revolver en una especie de cabriola circense y lo enfundo elegantemente. Metió la mano en uno de los bolsillos de su desgastado guardapolvos y deposito una nota arrugada sobre el mostrador, con su índice derecho lo presiono contra la madera y lo desplazo hacia el tendero, era una lista con las cosas que necesitaba. Escucho a la anciana llorar, se giro. El hombre empapado en alcohol se había quitado la camisa y buscaba algo con lo que secarse. La mujer mayor horrorizada intentaba proteger la mirada de la muchacha de la visión de todos aquellos cadáveres tapándole los ojos con su mano al tiempo que con la otra la abrazaba. La jovencita rechazo el gesto de la anciana y la aparto con suavidad. Inspecciono el lugar, el suelo estaba encharcado en sangre que se colaba entre las rendijas de los tablones del piso, miro a la pistolera y sonrió en un gesto de aprobación. El chucho lanudo apareció ladrando y corriendo y salto a los brazos de la niña que lo estrujo con ternura contra su pecho.

Ayla sentía como la cálida y viscosa sangre empapaba su espalda a través de la blusa, llevaban cabalgando mas de una hora, miro hacia atrás y no advirtió rastro en la lejanía de posibles perseguidores por lo que decidió hacer un alto en el camino.
-¿Por que te detienes? Debemos continuar.
-Esta herido, deje que lo vea.
Secon no se hizo el tozudo y accedió. Desmontaron y fue entonces cuando vio la brecha en el pómulo de la joven de los tirabuzones de oro. Al rededor la piel había tomado un tono morado, el hematoma era muy escandaloso.
-¿Quien te ha hecho esto?
-No es nada, apenas ni me duele.-Ayla pensó en el cuerpo tendido en el barro del sargento de los rangers.-Deje que lo mire.-Desabrocho los botones de la camisa y la desplazo a un lado dejando al descubierto el hombro, quedo asombrada, perpleja, lo miro a la cara pero solo pudo ver sus ojos, su rostro estaba oculto como siempre bajo una capucha y tras un pañuelo negro.
-Lo vi.-Exclamo.-Vi como lo alcanzaban. Su sangre me ha empapado, no ha dejado de manar durante todo el camino y sin embargo...-Miro de nuevo el torso del hombre de negro, apenas una señal tanto por donde había entrado la bala como por donde salió. Donde debía haber un agujero, de donde debía brotar la sangre tan solo había una cicatriz. De nuevo lo miro a los ojos.
-¿Quien es usted?
Si hubiera podido ver el gesto de Secon se habría dado cuenta de la desilusión que se dibujo en su rostro.
-Por algún motivo tenía la esperanza de que tú me lo dijeras.

El caballo pacía tranquilo buscando brotes de yerba, lo dejarían descansar unos minutos aún quedaban varias horas para llegar al lugar donde Secon había convenido reunirse con los fugados y ninguna evidencia delataba la proximidad de posibles perseguidores. Sentado sobre una enorme piedra dejo que Ayla le descubriera el rostro nuevamente. Sus ojos cristalinos intentaron introducirse en su mente para escudriñar sus recuerdos. Una vez más apareció el rostro del sargento, tenía la esperanza de que la imagen de su abuela regresara, que el hombre de negro la trajera de vuelta por unos segundos a su memoria como cuando lo vio por primera vez pero no fue así. Dejo de buscarla y se concentró en lo que Secon le rogo, su don le permitía ver el pasado de la gente y su gran empatía sentir sus emociones y anhelos. Raramente vislumbraba el futuro y cuando así era no pasaba de adelantarse unos pocos días en el tiempo y las imágenes que recibía siempre eran confusas y poco esclarecedoras. Pero ahora buscaba la memoria del hombre de negro. Insistió mucho y ella se lo debía, cuando alguien borra de su mente sus recuerdos siempre es por algún motivo y reencontrarse súbitamente con ellos puede ser una experiencia traumática. Ayla tenía miedo de tener que revelarle algo terrible pero por más que se concentraba, por más que se esforzaba en entrar siempre se topaba con un muro infranqueable. Empezaba a agotarse, la cabeza le dolía, parecía le estallaría en cualquier momento. Secon la observaba, era escéptico con aquel tipo de cosas pero en la anterior ocasión la muchacha de los rubios tirabuzones acertó en todo así que dejo de lado sus recelos y se aferró a aquella tenue esperanza. Noto que la joven tiritaba y vio como aparecían pequeñas gotas de sudor en su frente, ella seguía con sus ojos clavados en los de él concentrada sin mover un musculo de su rostro. Secon se inquietó y la agarro de las muñecas, ella tenía puestas las manos en su cara, algo no iba bien e intento apartarla de si, la notó tensa, rígida como un palo, sus ojos le imploraban que la dejase seguir.
-Déjalo, es inútil. Queda mucho camino y no debes malgastar fuerzas.
-Vos merece que lo intente, pero debe ayudarme. Se resiste a dejarme entrar, me cierra el paso. Relájese, si de verdad quiere saber su pasado tendrá que aceptarlo sea cual sea, no lo tema. Créame, le he sentido, usted no es malo y sus actos lo corroboran. Se preocupó por mí, arriesgo la vida por unos desconocidos a los que nada le unía.
-Quizás solo este buscando equilibrar la balanza, compensar mis acciones.
-Calle por favor, déjeme entrar en su cabeza. -Ayla le clavo la mirada y pareció caer en una especie de estado catatónico. Secon cerró los ojos e intento no pensar en nada, su mente quedo en blanco de forma repentina. Fue como perder la conciencia, no sería capaz de decir por cuanto tiempo pero cuando abrió los ojos vio a Ayla inerte en el suelo. Se asustó muchísimo, la cogió en brazos y la incorporo sentándola en sus rodillas. La respiración de la muchacha apenas era un leve suspiro, la dejo con cuidado sobre el suelo con la espalda apoyada en la piedra y corrió hacia el caballo en busca de una cantimplora con agua regreso en dos zancadas y vertió el líquido en los labios de ella obligándola a beber después refresco su cabeza. El pecho de la joven empezó a subir y bajar recuperando el ritmo normal, su respiración se estabilizaba. Por fin abrió los ojos que se toparon con los de Secon en ellos una gran tristeza. De forma súbita lo abrazo con fuerza y empezó a llorar, hundió el rostro en el pecho del hombre de negro que la abrazaba con ternura. Ayla se apartó lo suficiente para mirarlo de nuevo a los ojos, por sus mejillas se deslizaban abundantes lágrimas. Con voz titubeante le suplico.
-¡No quiero que muera!
Secon la estrecho con fuerza entre sus brazos.-No te preocupes pequeña, no tengo ninguna intención de morir aún. ¿Qué es lo que has visto? ¿Qué te ha asustado tanto?
-No lo entiendo, todo era confuso. Al principio era muy bello, una sensación de paz me inundó y se adentró en mí por los poros de la piel. El mundo estaba en equilibrio, la yerba brotaba verde, los ríos discurrían en calma y el murmullo de las aguas parecía cantarme una nana. El cielo era claro, azul y en lo alto el sol, luego la lluvia hacía germinar las semillas. Un halcón se abalanzaba sobre un pichón, la muerte para que la vida siga. Pero luego todo cambió, el verde se tornó amarillo, todo se secó y empezó a pudrirse. En las praderas solo quedan los huesos calcinados de los animales, el sol ya no da la vida, lo quema todo y donde antes habían pastos ahora solo crece la ponzoña que envenena la tierra y sentí…Sentí que te mueres.
-Es la primera vez que no me tratas de usted. – Secon le sonrió.- Tampoco yo entiendo nada de eso que dices que has visto, no es que me sirva de gran ayuda pero gracias por intentarlo de todas formas. Recupera fuerzas cuando estés listas reemprenderemos el camino ya casi es de noche y la oscuridad podría desorientarnos.
-Estoy bien, continuemos.
Antes de que Secon pudiese decir nada mas Ayla ya había montado en el caballo y lo invitaba a situarse a su grupa. Se tocó el hombro, apenas le dolía y no sangraba. Era verdad, la herida había cicatrizado por completo.

La hija del Caos,

Los truenos la despertaron, nunca antes había escuchado una tormenta tan intensa. Estaba asustada y busco con la mirada a su madre por la pequeña tienda. La vio, también ella parecía atemorizada, recogía apresuradamente todas las pieles que hallaba en el lugar. Se percató de que la pequeña la observaba.
-Ven con mama preciosa. –La niña corrió a su lado.
-No tengas miedo, solo son truenos. ¿Tú siempre haces caso a mamá verdad Kao? –La pequeña asintió con su cabecita. La mujer la agarro con suavidad de la muñeca y la dirigió de forma apresurada al centro del tipi.
-Quiero que te tumbes aquí. –La niña obedeció sin rechistar y su madre la cubrió con el montón de pieles, asomo la cara por debajo y le clavo sus enormes ojos interrogantes.
-No te muevas de aquí pase lo que pase, espera que mami regrese y por lo que más quieras, no salgas de la tienda. –El tono de su madre pretendía ser tranquilizador pero la niña noto su inquietud. -¿Lo has entendido cariño?- Kao asintió de nuevo moviendo como pudo la cabeza entre los fardos de pieles. No entendía nada. ¿Cómo podía hacerlo? Tan solo era una niña de seis años. La mujer la cubrió por completo con una última pieza de cuero curtido. Quedo a oscuras, el calor era asfixiante, permaneció acurrucada hecha un ovillo durante largo rato. La tormenta parecía se acercaba rápidamente, los truenos sonaban más fuertes y constantes a cada minuto. No podía soportar por más tiempo el sofoco ni la incertidumbre, escapo de aquel improvisado y tosco escondrijo.
A través de la tela del tipi veía los destellos de los relámpagos, el ruido era ensordecedor y junto a los truenos escucho gritos y el inconfundible traqueteo que producían los cascos de muchos caballos. Se quedó plantada durante unos segundos frente a la abertura que daba al exterior de la tienda, unos segundos que se hicieron eternos. Por fin la curiosidad y la necesidad de reunirse con su madre fueron más poderosas que el miedo y salió fuera. La noche era oscura pero habían muchas hogueras iluminando el poblado, el olor a quemado la molesto, el humo la ahogo e hizo que se irritaran sus ojos. No comprendía lo que estaba pasando, todos corrían de un lado a otro sin que nadie pareciera saber a dónde dirigirse, era un completo caos. Vio a un grupo de guerreros armados con sus lanzas marchar hacia el lugar desde el que parecía provenían más truenos, los destellos intermitentes de los relámpagos la cegaban, estaba muy confusa, incapaz de decir nada solo quería encontrar a su madre pero el poblado estaba irreconocible. Aturdida eligió una dirección con la esperanza de que el azar la dirigiese al lugar donde se encontraba mami. No había recorrido más que unos pocos metros cuando se encontró de frente con el monstruo. Al principio le pareció un hombre, tenía brazos y piernas como los hombres pero su rostro estaba cubierto de pelo al igual que la cara de los perros, se le antojo enorme como el caballo que montaba. La miraba fijamente, la niña quedo petrificada a causa del terror, incapaz de mover un musculo. Tan solo sus ojos se movían y observaban al cara de perro, este sonrío y algo brillo entre sus dientes. Kao no podía articular sonido alguno, hubiera deseado gritar pero permanecía muda e inmóvil frente al jinete de pelo rojo como el fuego y extrañas ropas. El monstruo azuzo a su montura y empezó a cabalgar hacia ella. El enorme caballo la aplastaría y ni tan solo era capaz de cerrar los ojos, veía como se acercaba rápidamente, no podía dejar de mirar aquel extraño rostro. Intento gritar pero nada salió de su garganta, quiso llamar a su madre, mami vendría en su auxilio, mami la cogería en brazos y la haría despertar de aquella pesadilla. Ya era inevitable, mama no vino, ahora si cerro los ojos e intento proteger cabeza y cuerpo con los brazos, se agacho esperando la arrollasen. Noto sus pies abandonar el suelo y como unos fuertes brazos la rodeaban, al abrir los ojos ya estaba de nuevo de pie, un guerrero muy joven la empujó tras de sí protegiéndola con su cuerpo. El cara de perro había pasado de largo, detuvo a su montura estirando violentamente de las riendas y la hizo girar hacia ellos. La niña asomo curiosa la cabeza tras la espalda de su salvador intentando ver lo que ocurría. El monstruo permanecía quieto a una docena de metros, su cara irradiaba odio, observaba al guerrero, este empuñaba un cuchillo y le mantenía la mirada desafiante. La niña agarro con su manita la del guerrero, el monstruo empezó a sacar de una funda un extraño palo y señalo con el al muchacho. De la punta salió fuego al tiempo que sonó un trueno ensordecedor, un nuevo destello cegó a la niña. La mano del joven se soltó de la de ella, ahora estaba a sus pies, no se movía, le faltaba media cabeza y de la herida manaba un torrente de sangre. Ahora era un enorme cuchillo lo que desenfundaba lentamente el asesino, parecía que el tiempo se había detenido, alrededor de ellos. Reinaba la confusión pero era como si tan solo los dos existieran, Kao había comprendido al fin que aquello no era una tormenta, ahora sabía que es lo que producía los truenos y los relámpagos. El cara de perro empuñando el largo sable e hizo el ademan de espolear su caballo, la pequeña quería correr, escapar del monstruo todo lo aprisa que las fuerzas le permitieran pero el terror lastraba sus piernas con un peso abrumador. Por fin pudo gritar, un aullido agudo y estridente que quedo ahogado por el tumulto de la batalla. El cara de perro abrió los ojos de forma desmesurada, parecía se le saldrían de las orbitas, soltó el cuchillo y se llevó las manos al cuello, una flecha le había atravesado la garganta, se desplomo y quedo inerte en el suelo. Ahora la niña si era consciente de lo que acontecía a su alrededor, habían muchos otros monstruos, los guerreros intentaban inútilmente hacerles frente, los cara de perro les señalaban con sus palos, sonaba un trueno y hombres y mujeres dejaban de existir en un suspiro. La pequeña quiso regresar a su tienda. Mami se enfadaría mucho con ella si se enteraba de que la había desobedecido, no sabía el camino de vuelta, se había perdido. Todo ardía, los demonios de las historias habían venido a llevárselos a todos consigo, es la única explicación que podía plantearse la pequeña. ¿Pero porque? ¿Qué habían hecho ellos para enojarlos? Corrió sin rumbo buscando inútilmente a su madre, vio muchos cadáveres en su huida hacia ninguna parte, los truenos cada vez eran más espaciados, la resistencia de los suyos llegaba a su fin. Kao perdió la esperanza de reencontrarse con mami, ahora debía encontrar un escondrijo. Lejos de los tipis ardiendo en un lugar oscuro vislumbro un montón de fardos amontonados y se refugió entre ellos. Ahora prácticamente solo se escuchaban los gritos de júbilo de los monstruos, no quería saber lo que estaba pasando, solo quería despertar de aquel mal sueño. El agotamiento finalmente pudo al terror y la pequeña se durmióEl zumbido de las moscas y los rayos del sol la despertaron, noto un olor nauseabundo. Se froto los ojos y los mantuvo cerrados largo rato, tenía la esperanza de que al abrirlos se encontraría en su tienda junto a mami, que todo habría sido una pesadilla pero temía equivocarse. Sintió sobre todo su cuerpo el desagradable tacto de las patas de los insectos, tenía mucho frio no podía estar en casa. Por fin se decidió a enfrentarse con la realidad y abrió los ojos. Un auténtico enjambre de asquerosas moscas la rodeaban, se aparto de lo que por la noche confundió con fardos, eran una pila de cadáveres y sobre ellos moscas y buitres se daban un festín. Aquello era más de lo que nadie podía soportar, un adulto habría quedado traumatizado ante el dantesco espectáculo y ella tan solo era una niña pequeña. Corría hacia un lugar y se detenía en seco para virar de rumbo en un quiebro sin orden ni concierto. Gritaba, llamaba a mami pero solo los graznidos de los cuervos le respondían, de los tipis solo quedaban cenizas y lo que fue su poblado ahora era un desolado campo sembrado de cuerpos mutilados. Las lágrimas recorrían abundantes las mejillas de la pequeña y su nariz estaba llena de mocos Entonces lo vio, era un guerrero imponente el que la miraba. Desde lo lejos la miraba y con la mano alzada hacia ella la invitaba a reunirse con él. Kao se limpió las lágrimas con la manga, sorbió hacia adentro los mocos y se acercó despacio hacia el recién llegado. La pequeña sentía que de alguna forma aquel extraño la había protegido la noche anterior. Al llegar a su lado pudo contemplar toda su majestuosidad, era enorme, debía de medir más de tres metros (al menos es lo que a ella le pareció) Intento agarrar su mano pero apenas podía rodear su dedo meñique con la suya. El guerrero la miro, en sus ojos no había ternura alguna. Su voz sonó poderosa.
-No llores niña. No temas, nunca más tendrás miedo.-Ambos se adentraron en el desierto, Kaotika dejo atrás todo lo que había amado hasta ese momento.

Han pasado dieciséis años de aquello, diez desde que acabaron las guerras indias. El espíritu del Caos le mintió, no ha pasado una sola noche desde entonces que no sintiera terror al recordar aquello, toda su tribu pereció a manos de los mercenarios de Rocco y como la suya, una a una el resto de las naciones indias. Pero su pueblo corrió la peor suerte de todas, los pies sucios fueron exterminados casi por completo, tardo años en reunir a los últimos capaces de luchar y también ellos estaban ahora muertos. Todo lo que queda de los suyos cabalga ahora tras ella cargados con sus pocos enseres. Dos docenas de hombres y mujeres que ya eran muy viejos al acabar la guerra.
Un grupo de cinco jinetes salió a su encuentro, la que parecía mandar era una mujer de cabellos castaños que empuñaba un enorme rifle mata búfalos. Sabía que alrededor de ellos habían más blancos emboscados pero no estaban allí para luchar contra ellos.
-¿Qué es lo que queréis? – La mujer del rifle no parecía asustada ante la espeluznante figura de Niña de Pus pero estaba claro que los que la acompañaban se sentían horrorizados.
-Venimos a unirnos al ahorapajote.
-He oído hablar de ti, tú eres “la muerta”, pensaba que eran exageraciones del puto indio y del tipo raro. Tu aspecto es realmente horrible, se quedaron cortos al describirte.- La india quedo en silencio con sus ojos desprovistos de parpados fijos en los de Karmeta.
-¿Dónde está el indio estúpido?
-Negroe no puede recibirte, supongo soy yo quien ahora está al mando.-Karmeta miro la comitiva de ancianos. -¿De qué pueden servirnos estos viejos? Apenas se tienen derechos sobre sus monturas. ¡Bah! De todas formas todo ha acabado, no habrá guerra, podéis regresar allá donde quiera que vengáis.
-Si habrá guerra.-La voz del espectro sonó convincente.
-El indio se muere, es un milagro que respire todavía. ¡Largaros!
Niña de Pus quedo perpleja. Había discutido mucho sobre aquello con el espíritu del Caos. Finalmente accedió a continuar la lucha junto al ahorapajote, pero si este muere no combatiría junto a blancos, si Negroe perecía el hacha le pertenecería por derecho.
-Llévame ante él.
-Como quieras, hoy es el día de reunir cadáveres.
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