miércoles, 4 de septiembre de 2013

La balada de Roca Vieja.

 
 
 
 
La Balada de Roca Vieja.
 
 
 
 
 
 
 
 
La hija del Caos.

Los truenos la despertaron, nunca antes había escuchado una tormenta tan intensa. Estaba asustada y busco con la mirada a su madre por la pequeña tienda. La vio, también ella parecía atemorizada, recogía apresuradamente todas las pieles que hallaba en el lugar. Se percató de que la pequeña la observaba.
- Ven con mama preciosa. – La niña corrió a su lado.
- No tengas miedo, solo son truenos. ¿Tú siempre haces caso a mamá verdad Kao? –La pequeña asintió con su cabecita. La mujer la agarro con suavidad de la muñeca y la dirigió de forma apresurada al centro del tipi.
- Quiero que te tumbes aquí. –La niña obedeció sin rechistar y su madre la cubrió con el montón de pieles, asomo la cara por debajo y le clavo sus enormes ojos interrogantes.
- No te muevas de aquí pase lo que pase, espera que mami regrese y por lo que más quieras, no salgas de la tienda. –El tono de su madre pretendía ser tranquilizador pero la niña noto su inquietud. - ¿Lo has entendido cariño? - Kao asintió de nuevo moviendo como pudo la cabeza entre los fardos de pieles. No entendía nada. ¿Cómo podía hacerlo? Tan solo era una niña de seis años. La mujer la cubrió por completo con una última pieza de cuero curtido. Quedo a oscuras, el calor era asfixiante, permaneció acurrucada hecha un ovillo durante largo rato. La tormenta parecía se acercaba rápidamente, los truenos sonaban más fuertes y constantes a cada minuto. No podía soportar por más tiempo el sofoco ni la incertidumbre, escapo de aquel improvisado y tosco escondrijo.
A través de la tela del tipi veía los destellos de los relámpagos, el ruido era ensordecedor y junto a los truenos escucho gritos y el inconfundible traqueteo que producían los cascos de muchos caballos. Se quedó plantada durante unos segundos frente a la abertura que daba al exterior de la tienda, unos segundos que se hicieron eternos. Por fin la curiosidad y la necesidad de reunirse con su madre fueron más poderosas que el miedo y salió fuera. La noche era oscura pero habían muchas hogueras iluminando el poblado, el olor a quemado la molesto, el humo la ahogo e hizo que se irritaran sus ojos. No comprendía lo que estaba pasando, todos corrían de un lado a otro sin que nadie pareciera saber a dónde dirigirse, era un completo caos. Vio a un grupo de guerreros armados con sus lanzas marchar hacia el lugar desde el que parecía provenían más truenos, los destellos intermitentes de los relámpagos la cegaban, estaba muy confusa, incapaz de decir nada solo quería encontrar a su madre pero el poblado estaba irreconocible. Aturdida eligió una dirección con la esperanza de que el azar la dirigiese al lugar donde se encontraba mami. No había recorrido más que unos pocos metros cuando se encontró de frente con el monstruo. Al principio le pareció un hombre, tenía brazos y piernas como los hombres pero su rostro estaba cubierto de pelo al igual que la cara de los perros, se le antojo enorme como el caballo que montaba. La miraba fijamente, la niña quedo petrificada a causa del terror, incapaz de mover un musculo. Tan solo sus ojos se movían y observaban al cara de perro, este sonrío y algo brillo entre sus dientes. Kao no podía articular sonido alguno, hubiera deseado gritar pero permanecía muda e inmóvil frente al jinete de pelo rojo como el fuego y extrañas ropas. El monstruo azuzo a su montura y empezó a cabalgar hacia ella. El enorme caballo la aplastaría y ni tan solo era capaz de cerrar los ojos, veía como se acercaba rápidamente, no podía dejar de mirar aquel extraño rostro. Intento gritar pero nada salió de su garganta, quiso llamar a su madre, mami vendría en su auxilio, mami la cogería en brazos y la haría despertar de aquella pesadilla. Ya era inevitable, mama no vino, ahora si cerro los ojos e intento proteger cabeza y cuerpo con los brazos, se agacho esperando la arrollasen. Noto sus pies abandonar el suelo y como unos fuertes brazos la rodeaban, al abrir los ojos ya estaba de de pie, un guerrero muy joven la empujó tras de sí protegiéndola con su cuerpo. El cara de perro había pasado de largo, detuvo a su montura estirando violentamente de las riendas y la hizo girar hacia ellos. La niña asomo curiosa la cabeza tras la espalda de su salvador intentando ver lo que ocurría. El monstruo permanecía quieto a una docena de metros, su cara irradiaba odio, observaba al guerrero, este empuñaba un cuchillo y le mantenía la mirada desafiante. La niña agarro con su manita la del guerrero, el monstruo empezó a sacar de una funda un extraño palo y señalo con el al muchacho. De la punta salió fuego al tiempo que sonó un trueno ensordecedor, un nuevo destello cegó a la niña. La mano del joven se soltó de la de ella, ahora estaba a sus pies, no se movía, le faltaba media cabeza y de la herida manaba un torrente de sangre. Ahora era un enorme cuchillo lo que desenfundaba lentamente el asesino, parecía que el tiempo se había detenido, alrededor de ellos. Reinaba la confusión pero era como si tan solo los dos existieran, Kao había comprendido al fin que aquello no era una tormenta, ahora sabía que es lo que producía los truenos y los relámpagos. El cara de perro empuñando el largo sable e hizo el ademan de espolear su caballo, la pequeña quería correr, escapar del monstruo todo lo aprisa que las fuerzas le permitieran pero el terror lastraba sus piernas con un peso abrumador. Por fin pudo gritar, un aullido agudo y estridente que quedo ahogado por el tumulto de la batalla. El cara de perro abrió los ojos de forma desmesurada, parecía se le saldrían de las orbitas, soltó el cuchillo y se llevó las manos al cuello, una flecha le había atravesado la garganta, se desplomo y quedo inerte en el suelo. Ahora la niña si era consciente de lo que acontecía a su alrededor, habían muchos otros monstruos, los guerreros intentaban inútilmente hacerles frente, los cara de perro les señalaban con sus palos, sonaba un trueno y hombres y mujeres dejaban de existir en un suspiro. La pequeña quiso regresar a su tienda. Mami se enfadaría mucho con ella si se enteraba de que la había desobedecido, no sabía el camino de vuelta, se había perdido. Todo ardía, los demonios de las historias habían venido a llevárselos a todos consigo, es la única explicación que podía plantearse la pequeña. ¿Pero porque? ¿Qué habían hecho ellos para enojarlos? Corrió sin rumbo buscando inútilmente a su madre, vio muchos cadáveres en su huida hacia ninguna parte, los truenos cada vez eran más espaciados, la resistencia de los suyos llegaba a su fin. Kao perdió la esperanza de reencontrarse con mami, ahora debía encontrar un escondrijo. Lejos de los tipis ardiendo en un lugar oscuro vislumbro un montón de fardos amontonados y se refugió entre ellos. Ahora prácticamente solo se escuchaban los gritos de júbilo de los monstruos, no quería saber lo que estaba pasando, solo quería despertar de aquel mal sueño. El agotamiento finalmente pudo al terror y la pequeña se durmióEl zumbido de las moscas y los rayos del sol la despertaron, noto un olor nauseabundo. Se froto los ojos y los mantuvo cerrados largo rato, tenía la esperanza de que al abrirlos se encontraría en su tienda junto a mami, que todo habría sido una pesadilla pero temía equivocarse. Sintió sobre todo su cuerpo el desagradable tacto de las patas de los insectos, tenía mucho frio no podía estar en casa. Por fin se decidió a enfrentarse con la realidad y abrió los ojos. Un auténtico enjambre de asquerosas moscas la rodeaban, se aparto de lo que por la noche confundió con fardos, eran una pila de cadáveres y sobre ellos moscas y buitres se daban un festín. Aquello era más de lo que nadie podía soportar, un adulto habría quedado traumatizado ante el dantesco espectáculo y ella tan solo era una niña pequeña. Corría hacia un lugar y se detenía en seco para virar de rumbo en un quiebro sin orden ni concierto. Gritaba, llamaba a mami pero solo los graznidos de los cuervos le respondían, de los tipis solo quedaban cenizas y lo que fue su poblado ahora era un desolado campo sembrado de cuerpos mutilados. Las lágrimas recorrían abundantes las mejillas de la pequeña y su nariz estaba llena de mocos Entonces lo vio, era un guerrero imponente el que la miraba. Desde lo lejos la miraba y con la mano alzada hacia ella la invitaba a reunirse con él. Kao se limpió las lágrimas con la manga, sorbió hacia adentro los mocos y se acercó despacio hacia el recién llegado. La pequeña sentía que de alguna forma aquel extraño la había protegido la noche anterior. Al llegar a su lado pudo contemplar toda su majestuosidad, era enorme, debía de medir más de tres metros (al menos es lo que a ella le pareció) Intento agarrar su mano pero apenas podía rodear su dedo meñique con la suya. El guerrero la miro, en sus ojos no había ternura alguna. Su voz sonó poderosa.
- No llores niña. No temas, nunca más tendrás miedo.-Ambos se adentraron en el desierto, Kaotika dejo atrás todo lo que había amado hasta ese momento.