jueves, 9 de noviembre de 2017

El nómada.

Yo, que nací sin pedigrí ni raíces que me aten a la tierra, puedo pedirle a mis pies que me lleven donde quiera. Que ninguno se atreva a llamarme desertor o cobarde, que yo no he de rendir cuentas a nadie salvo a mi conciencia. Son otros quienes me cierran las puertas, quienes se esconden tras muros de piedra cortando el camino con alambre de espino y no entiendo... no entiendo el porqué me tienen miedo, que aunque no es mio ni el aire que respiro, no he venido para pedir nada y me marcho al alba mañana, con el viento de cara, el sol a la espalda y los bolsillos vacíos.
Ladrón y mendigo me llaman sin atreverse a mirarme a la cara, más poco me importa si me difaman los que proclaman, que soy culpable por el solo hecho de no tener nada.
Tanto anhelan que los entierren debajo de una bandera, que necesitan de patrias donde caerse muertos. Mejor haber vivido primero, mejor ser un paria que prisionero dentro de sus fronteras.
Soplan vientos de guerra en sus himnos, hora de reemprender el camino.